Tzav – La Conexión Jevrón

Los primeros siete capítulos del libro de Levítico están dedicados a las leyes de los korbanot (“ofrendas”)

Cuando el Beit HaMikdash (el Gran Templo) estaba en pie en Jerusalén, el modo primario de veneración del hombre a Di-s era el korbán, un animal y/u ofrenda cerealera traídos en cumplimiento de un voto, para enmendar una trasgresión, para expresar gratitud, o simplemente como un regalo a Di-s.?También había ofrendas cotidianas y especiales de Shabat y Festividades traídas por la comunidad como un entero. Cada ocasión importante del calendario comunal, cada suceso y experiencia en la vida del individuo, tenía su expresión en un korbán, una ofrenda a Di-s.?Los korbanot caen bajo tres categorías generales: 1) shlamim (“ofrendas de paz”), jatat (“ofrendas por pecado”) y olá (“holocaus­to” )2?La ofrenda shlamím era traída como presente a Di-s o para celebrar tina ocasión feliz3. Partes de la misma eran incineradas sobre el altar4 y porciones específicas dadas a los kohanírn (sacerdotes)5, pero la mayor parte del korbán era comida -bajo condiciones especiales de pureza ritual- por la o las, personas que traían la ofrenda.?De hecho, una dc las razones de su nombre, shlamim -”ofrenda de paz”-, es que en ella había algo para todos: Di-s recibía Su parte, los cohanim la suya, y el propietario lograba disfrutar del obsequio mismo que consagró a Di-s.?La ofrenda jatat (que también incluye una categoría conexa, la ofrenda asham o “de culpa”6) era traída a fin de expiar una transgresión a un mandato Divino por parte de la persona7, o para lograr la 8 enmienda de ciertos estados negativos?Esta era comida por los kohaním9 luego de que las partes prescrip­tas habían sido incineradas sobre el altar.?La olá, sin embargo, era una ofrenda pura, sin cumplir ninguna otra función fuera de la de expresar el compromiso de su oferente a Di-s. Era consumida totalmente por el fuego que ardía sobre el altar.

El precedente
Avraham, el primer judío, vivió ciento setenta y cinco años’10. Un registro fiel de todo lo que dijo e hizo llenaría muchos volúmenes. La Torá, sin embargo, escoge relatarnos los detalles de sucesos selectos, dedicando un par de miles de palabras a la historia de su vida.?Lo mismo es cierto de Sará, Itzjak, Rivká, Iaacov, Rajel, Nioshé, David y otros “héroes” dc la narrativa de la Torá: lo que se nos da es, en el mejor de los casos, una muestra de sus historias personales. Ciertas ocurrencias aparentemente menores se describen en detalle, mientras que hay años, y hasta décadas, “en blanco” en la narración de sus vidas’11.?Porque la Torá no es un libro dc biografías, o siquiera historia; es, como su nombre lo implicat2, un libro de leyes, un libro de instrucción. Muchos de sus capítulos (particularmente en los libros de Levítico y Números) son de hecho llanas recitaciones de las leyes de la vida.?Pero también las “historias” de la Torá son estrictamente instructivas, constituyendo cada uno de sus detalles una lección eterna en cuanto a cómo vivir nuestras vidas. Como escribe Najmanides en su comentario a Génesis 12:6: “Comprende esta regla con respecto a todos los capítulos siguientes [de la Torá]… Todo lo que sucedió a los Patriarcas es una señal para sus hijos. A ello se debe que la Torá se explaye tanto en la narración de sus viajes, su excavado de pozos y demás sucesos que uno podría considerar superfluos e insignifican­tes: todos estos vienen a Instruir acerca del futuro. Cuando algo sucede a uno de los tres Patriarcas, tino comprende de ello qué se ha decretado que ocurrirá a sus descendientes”.?Una de las primeras cosas que la Torá describe que hacía Avraham es la construcción de una serie dc altares para Di-s en diversas localidades de la Tierra Santa. El primer altar erigido por Avraham estuvo en “la vecindad de Shejem”, donde Di-s se le había aparecido”13 y le había informado que “A tus descendientes Yo daré esta tierra”.?El altar, explica Rashi14, tenía por objeto expresar la gratitud de Abraham – a Di-s por “la promesa de hijos (Avraham era infecundo en esa época) y la promesa de la tierra”15.?(Respecto de cada uno de los tres altares, la Torá enfatiza que “él construyó un altar allí”, implicando que la razón de la construcción del altar se relaciona con un suceso que tuvo lugar en esa localidad).?Avraham construyó un segundo altar “entre Bet-El al poniente y Ai al este”16. Este fue el sitio en que, siglos después, el pueblo de Israel sufrió una derrota en la batalla como resultado de la trasgresión de Aján del mandato Divino de no tomar nada del botín de la conquistada ciudad de Ierijó17.?Avraham, dice Rashi, “profetizó que sus descendientes estaban destinados a tropezar allí como resultado del pecado de Aján, y rezó por ellos”18?El tercero de los altares de Avraham fue construido a su llegada a “la Sabana de Mamré, que está en Jevrón”19, donde Avraham habría dc vivir por muchos años.?Con respecto a este altar, sin embargo, Rashi no da ninguna razón para su construcción, aunque no escasean sucesos de gran importan­cia en la historia judía conectados con la ciudad de Jevrón.?El versículo declara, simplemente, que “construyó allí un altar a Dí-s” y, a diferencia de los primeros dos altares, Rashi no siente necesidad de ofrecer explicación adicional alguna 20

La comida santa
Con sus tres altares, Avraham sentó los precedentes para tres elementos básicos de nuestra relación con Di-s. Su primer altar expresó la verdad de que nos volvemos a Di-s porque Lo necesita­mos. Nuestros pedidos y expectativas de Di-s son tan variados como la vida misma, pero ya sea si procuramos apoyo material o satisfacción espiritual, la premisa subyacente es la misma: nos involucramos con Di-s en razón de lo que nosotros obtenemos de la relación.??Este es el elemento representado por la categoría shlamim de los korbanot. Shlarnim era una ofrenda a Di~s, y no obstante ello su efecto primario era la nutrición del que hacía la ofrenda. A excepción de las relativamente pequeñas contribuciones hechas al altar, la ofrenda era “devuelta” -”de la ~4esa Suprema”, en palabras del Tamid- a sus propietarios originales (y a los kohanim)21.??Al individuo espiritualmente maduro, ésta podría parecerle una concepción egoísta y hueca de nuestra relación con Di-s. Pero el reconocimiento de que todo lo que somos y todo lo que tenemos es un regalo desde lo Alto es elemental en cada nivel de sensibilidad espiritual, incluyendo el más sofisticado y altruista. La persona que se dedica absolutamente al servicio de Di-s pero no considera su pan cotidiano como algo que pide de Di-s, carece de la más básica comprensión de su relación con su Creador22.??Tras construir el altar en Shejem como muestra de gratitud por la bendición de Di-s a él, Avraham construyó el altar cerca de Ai para que sirviera como “señal” y prototipo del segundo aspecto de nuestro nexo con Di-s: nuestro reconocimiento de nuestra propia deficiencia frente a Su perfección. Nuestro reconocimiento de que todos somos “culpables” en nuestra relación con El, ya sea por la transgresión manifiesta a Su voluntad o por el significado más sutil de jatat, que es “carencia” y “falta”. En este nivel el representado por el korbán jatat – el propósito de nuestro servicio a Di-s es expiar nuestras deficiencias, elevarnos al nivel dc ser meritorios de conexión con El.

El tercer Altar
El común denominador entre las ofrendas shlamím y jatat es que ambas son medios para lograr algo para el hombre, sea la obtención de un presente material o espintual de Di-s, o la eliminación de una deficiencia. A esto se alude con el hecho de que ambos, el shlamím y jatat, fueron entregados al consumo humano: cl primero por el judío lego, implicando su relación con la procura de (incluso) necesidades materiales, y el segundo por el kohén consagrado, indicando que su objetivo es una “ganancia” más excelsa y sutil.??La olá, sin embargo, era una ofrenda en el sentido más absoluto de la palabra: algo que el hombre da a Di-s por ninguna otra razón fuera de la de dar a Di-s.?

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