Trumá – “¿Quién puede construir una casa para Di-s?”

“De todo hombre cuyo su corazón lo

haga donar tomad Mi ofrenda”… (Shemot 25:2)

El mandato de construir y erigir el Santuario para Di-s fue encomendado al pueblo de Israel en su totalidad a los hombres y a las mujeres (y de acuerdo al Midrash también a los infantes) independientemente de que éstos sean grandes y sabios o de lo más sencillos. De la misma manera legisla Maimónides como ley halájica: “todos están obligados a construir y ayudar personalmente y con su dinero, hombres y mujeres, tal como fue en el Santuario del desierto”
Esto es extraordinario si tomamos en cuenta qué es en esencia el Santuario. Con erigir el Santuario se generó una extraordinaria innovación, algo que no había antes- se construyó una casa material en este mundo, en la que mora y se enviste Hashem mismo, en Su Gloria y Esencia.
Sobre ello se asombra el profeta diciendo: ¡¿Los Cielos y los Cielos de los Cielos no han de contenerte y es posible que esta casa?! Es incomprensible entonces, cómo algo de semejantes proporciones pueda lograrse a través de cada judío, incluso el más simple.

LAS PERSONAS SIMPLES
En realidad, vemos que la construcción del Santuario fue encomendada a la responsabilidad de los hombres virtuosos y selectos, como ser Betzalel, a quien el Altísimo llenó de ‘espíritu Divino’. Y sin embargo, la Torá establece que el erigir del Santuario depende del corazón caritativo y de la acción de cada judío. ¿De dónde deriva la fuerza de un simple hombre o mujer para hacer morar a Hashem- a Quien los Cielos y los Cielos no están en condiciones de contener- en una casa material de este mundo?.
El interrogante se hace más fuerte a la luz del mandato ‘Tomad para Mí una ofrenda’- para Mí significa dedicado a ‘Mi nombre’. Es decir, la entrega de las contribuciones al Santuario debía realizarse en aras de Di-s, con una intención pura y absolutamente sincera, totalmente limpia de otros intereses. Servir a Di-s como objetivo en sí mismo (Lishmá), hace la verdad porque ella es ‘verdad’ es un nivel al que no todo sabio se hace meritorio de alcanzar ¿cómo ordenó Di-s una conducta a cada judío?

EL PUNTO JUDÍO
Es aquí donde llegamos a la innovación que tiene lugar en la misma esencia del pueblo judío a partir de la entrega de la Torá. Frente al Monte Sinai el Altísimo eligió al pueblo de Israel de entre todas las naciones e hizo de él un nuevo tipo de entidad. El Altísimo tomó a seres humanos terrenales y los convirtió en un ‘reino de sacerdotes y una nación santa’.
Desde la entrega de la Torá, el pueblo judío está ligado a Di-s en su misma esencia. Por ello, a pesar de que pecó es un ‘Israel’. En su fuero interior se encuentra el ‘punto judío’ que no le permite cortar con Di-s. La voluntad intrínseca de todo judío es cumplir con la voluntad Divina. Y si pareciera que la realidad es diferente a ello, es tan solo debido a que “es su instinto quien lo coerce”.

VERDADERA VOLUNTAD
Más aún, incluso el judío que no alcanzó aún el nivel de servir a Di-s con sinceridad pura, y sirve a Hashem motivado por intereses ajenos (‘Lo Lishmá’), sin embargo enseñaron nuestros Sabios que debe cumplir la Torá y sus preceptos, aunque no sea con total sinceridad, puesto que “del seno (en hebreo, mito) del (cumplir) no per-sé (por la Mitzvá misma), llega a (hacerlo) per-sé”. El concepto más profundo de esta afirmación es que en el judío, del ‘seno’ o sea, del toj- el fuero interior del acto de Mitzvá no realizado por el acto en sí- se llega a hacerlo con sinceridad, porque el ‘seno’ (el toj)de ese acto es en realidad sincero, con el sólo objetivo de servir al Altísimo, lishmá, puesto que esa es siempre la verdadera voluntad del judío.
En base a esto entendemos el motivo de por qué todo judío, incluso el más simple, está en condiciones de hacer un Santuario para el Altísimo, es que su esencia se encuentra en un muy elevado nivel espiritual, hasta el punto de tener fuerza de erigir una casa sobre la que el Altísimo declare ‘Y moraré dentro de ellos’
(Sijot 5752, tomo 2 Pág. 381)
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