Tazría – “Así es como nace la redención”

“Una mujer cuando engendre y da a luz un varón” (Vaikrá 12:2)

En el comienzo de nuestra Parshá la Torá dice1: “Una mujer cuando engendre y de a luz un varón”. Este versículo es interpretado por el Or Hajaim Hakadosh como una alusión al pueblo judío y a la redención mesiánica. “Una mujer” se refiere a la congregación de Israel; “cuando engendre” – es la labor del pueblo de Israel en la acción de los preceptos y las buenas acciones; y entonces como consecuencia, “dará a luz un varón”- nace la redención.
La redención final a manos del Mashíaj se denomina ‘varón’, algo que refleja fortaleza y poderío, puesto que esta redención perdurará para la eternidad y no le seguirá otro exilio. Así está escrito en el Midrash2: “todos los cánticos se denominan en género femenino (‘canción’ –shirá- puesto que a ellas les siguieron otros exilios), con excepción del Cántico del Mundo Futuro, que se expresa en masculino- “Cantad para Hashem un nuevo cántico (shir)”3 puesto que esta redención perdurará para la eternidad.

EL PUEBLO JUDÍO COMO “UNA MUJER”
¿Por qué es denominado el pueblo judío ‘mujer’? Esto se comprenderá de la fuente hebrea del sustantivo ‘mujer’. Adam, el primer hombre llamó a Javá su esposa ‘ishá’ (=mujer) puesto que4: “De un Ish- un hombre- fue tomada ella”. Es decir, el término ishá –mujer- expresa el vínculo y el deseo hacia el hombre- ish. Así ocurre en el sentido espiritual: el Altísimo es llamado ‘hombre’ (“Hashem es un ish- hombre- de guerra”5), mientras que la congregación de Israel, que deriva de Hashem, al ser “una parte de Di-s de Lo Alto, tal cual”6 se llama mujer- ishá.
Este apodo refleja el deseo del pueblo judío hacia Di-s. El judío, en el fuero interior de su alma, desea y anhela al Altísimo. Los ámbitos terrenales y de la materia no le alcanzan en absoluto. Incluso lo espiritual no logra saciar este deseo. El alma ansía y desea unirse con Hashem, de Quien fue tomada.

SEMBRAR EN LA TIERRA
Ese deseo debe reflejarse en ‘Tazría’, (“una mujer cuando engendre”). Esto proviene del término ‘zera’ que significa semilla. La siembra de la semilla debe realizarse específicamente en la tierra. Si se siembra una semilla en el aire, no crecerá nada. Para que florezca debe sembrarse específicamente en la tierra. Así también con la siembra espiritual, que se logra sólo a través de la acción material, la terrenal- el cumplir los preceptos en la acción concreta7.
Puede venir un judío y argumentar: “El Misericordioso quiere el corazón”8, el Altísimo pretende la intención del corazón. ¿Cuál es entonces la gran importancia de cumplir los preceptos en la práctica?
La respuesta es, que es verdad que la intención y los sentimientos poseen gran valor, pero todo esto en adición a la acción. Un hombre cuyo corazón está colmado de sentimientos de compasión para con el pobre, pero no le hace entrega concreta del dinero de tzedaká- no hizo nada!. Sólo cuando el judío se dedica a la Torá y a los preceptos en la acción concreta se genera la siembra, el engendro, del cual vendrá el florecimiento.

EL ALMA DEL MASHIAJ
Este florecimiento se refiere a la redención mesiánica- “y dará a luz a un varón”. Al poner énfasis específicamente sobre el cumplimiento en la práctica de los preceptos de acción, sin bastarse con las intenciones y sus sentimientos elevados, sino llevando todas estas intenciones y sentimientos a la acción concreta, es como se trae el nacimiento y la revelación de la verdadera y completa redención.
Siendo más específico: a través de los numerosos actos de bondad y cumplimiento de los preceptos se trae “el nacimiento del alma del Mashíaj, que es el nivel más elevado… del mundo del Varón”9, como está en los escritos jasídicos. Que esto tenga lugar con nosotros realmente pronto.
(Likutei Sijot, Tomo I, Pág. 236)
NOTAS: 1.Vaikrá 21:2 2.Mejilta Parshat Beshalaj 15,a y así también en el Midrash Tehilim 3.Tehilim 96:1 4.Bereshit 2:23 5.Shemot 15:3, ver Sotá 42,b 6.Tania Cáp. 2 7.Ver Torá Or Parshat Shemot, y también Or HaTorá allí 8.Sanhedrín 106,b y la explicación de Rashi allí 9.Torat Shmuel, Sefer HaMaamarim 5626 Pág. 74

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