Sheminí – “La originalidad del octavo día”

Respecto de la frase inicial de esta Parshá1: “En el octavo día…”, el Kli lakar pregunta: El término “octavo día” implica una conexión con los Siete [anteriores] Días de Inauguración (miluíni), preparatorios para la erección final del Santuario. Sin embargo, sólo hubo siete días de milutm — como está escrito2: “Tu inauguración durará siete días” — , durante los cuales se inauguró el altar. El octavo día, en contraste, sirvió un propósito diferente; representó la iniciación de Aliaron y sus hijos, y no la del altar. ¿Por qué, entonces, recibió un nombre que denota continuación con los anteriores siete? El Kli lakar explica que este nombre le fue dado para identificar la singularidad del día, aquel en el que “Di-s se revelará a vosotros”. Como octavo día, es distinguido con una cualidad peculiar de santidad, como continúa el Kli lakar. “El número siete siempre se refiere a lo mundano, mientras que el número ocho alude a la santidad”. Esto se refleja también en el hecho de que el cumplimiento del precepto de circuncisión prevalece sobre las prohibiciones de trabajo en Shabat. La circuncisión está asociada al número ocho (se hace al octavo día del nacimiento), y el Shabat al siete, y “lo espiritual tiene prioridad a lo material”.

Dos Niveles de santidad

La mencionada expresión “siete… se refiere a lo mundano” no debe tomarse en un sentido literal estricto, pues el Shabat, el séptimo día, también es santo. No obstante, como es uno de los siete días de la Creación, comparte un vínculo con la Creación que es mundana. El número ocho, en cambio, está conceptualmente por encima del orden natural de la Creación, “apartado para El, bendito sea”. Comparado con este nivel, hasta el Shabat se considera “mundano”. Un concepto similar al citado por el Kli lakar — el peculiar nivel de santidad asociado al número ocho — se aplica para ilustrar el hecho de que el arpa a usarse en el Beit HaMikdash en la Era de la Redención tendrá ocho cuerdas3. El arpa empleada en el Beit HaMikdash en épocas anteriores, de siete cuerdas, era ciertamente sagrada. No obstante, comparándola con la santidad trascendente que se expresará con el de la Era de la Redención, las anteriores pueden considerarse “mundanas”. Un modelo similar puede observarse respecto de la Tora: la Tora (incluso tal como es estudiada en este mundo) es santa. No obstante, nuestros Sabios afirman4: “La Tora de la era actual es cual vapor de ser comparada con la Tora [a estudiarse] en la Era de la Redención”.

Aprendiendo que significa contar

La cuestión aún requiere clarificación: La explicación del Kli lakar no parece responder la pregunta poi él mismo propuesta. Por el contrario, la refuerza. Dado que el número ocho está asociado con un nivel tan excelso un plano “apartado para El, bendito sea”, enteramente por encima de orden natural, parecería no tener en absoluto conexión con la Crea ción que ha sido estructurada bajo un patrón de siete. ¿Por qué se llama entonces al día con el nombre de “octavo”, lo que implica conexión con los siete anteriores? La pregunta puede resolverse así: Todas las revelaciones de la Era de la Redención dependen de nuestro servicio Divino en la era actual5. Las revelaciones de esa Era están vinculadas al plano de “ocho’ —como se mencionara antes respecto del arpa—, de modo qui trascienden por entero el orden de la Creación. Este plano es tai elevado que no puede ser alcanzado con el servicio Divino del se mortal. En cambio, depende de la iniciativa de Di-s6. No obstante, nuestro servicio a Di-s en la era actual es necesari para hacer descender al mundo aquellos niveles de manifestado Divina que sí pueden atraerse mediante los esfuerzos del hombre. Luego, una vez que hemos alcanzado un nivel perfecto de servici Divino, las revelaciones que lo trascienden se revelan, de motu propio, desde lo Alto. Citemos un ejemplo: En el Shabat encontramos dos niveles de espiritualidad: Uno está asociado a los siete días de la Creación. En comparación con los anteriores seis, es santo. No obstante, su santidad comparte, de hecho, un vínculo con la Creación; está dentro del orden natural y por lo tanto es atraída a través del servicio Divino del pueblo judío, a quien se ordenó “hacer el Shabat”7. El segundo nivel es aquella dimensión del Shabat que constituye un microcosmos8 de la Era de la Redención, descripta9 como “el día que es todo Shabat y descanso para la eternidad” — un nivel que trasciende el orden natural. Como se mencionara antes, este nivel no puede atraerse mediante nuestro servicio Divino sino que depende de la iniciativa de Di-s. De ahí que nuestros Sabios citen10 a Di-s como diciendo: “Tengo un obsequio soberbio en Mi tesoro. Se llama Shabat”. Pues este nivel de Shabat es un regalo cedido al hombre desde lo Alto y, como tal, no es ganado con nuestros esfuerzos sino que depende de la generosidad del dador. (Pues si el obsequio responde a los esfuerzos de la persona, se ha ganado; el término “regalo” no es apropiado). Sin embargo, incluso este nivel superior del Shabat es concedido como regalo a Israel porque IMQprecedido por su servicio Divino, como lo implica la declaración de nuestros Sabios”: “Quienquiera trabaja antes de Shabat, come en Shabat”. Esto no quiere decir que el nivel de Shabat descripto como “obsequio” fuera atraído por el servicio Divino del hombre. Más bien, obedece al motivo reflejado en la declaración de nuestros Sabios12: “Si la persona no le hubiera generado placer, aquel no le habría hecho un regalo”. No obstante, aunque el dador da al receptor un obsequio porque éste le generó placer, lo que da vale mucho más que el placer generado por aquél y, por lo tanto, se considera un regalo. Respecto de las revelaciones Divinas del octavo día de la inauguración del Santuario se aplican ideas similares. Aunque éstas tienen su fuente en un nivel tan elevado que no puede atraerse mediante el servicio Divino del hombre, fueron otorgadas, no obstante, tras los Siete Días de Inauguración, despiús de que el servicio Divino del hombre se hubiera perfeccionado. Ello creó las condiciones para el nivel que, para revelarse, depende exclusivamente de la iniciativa de Di-s. Por eso se habla del día como “el octavo día”. Pues la revelación Divina producida en éste sobreviene tras el servicio Divino de los siete precedentes.

Un paralelo con la cuenta del omer

Parshat Sheminí se lee frecuentemente en el primer Shabat posterior a Pesaj, casi al comienzo de la Cuenta del Omer. Lo anterior nos permite explicar la conexión entre Sheminí y este período13. La Tora, al ordenarnos contar el Omer, dice: “Contaréis 50 días” H. Y con todo —como preguntan nuestros Sabios15— nuestra práctica es contar sólo 49 días. ¡El quincuagésimo es Shavuot, que no se cuenta como uno de los días del Omer! Esta dificultad se resuelve así: El servicio a Di-s por parte del judío sigue el siguiente modelo: “Contarás siete semanas”16. Estas se corresponden con los siete días de las Creación, y atraen Divinidad de los niveles espirituales llamados cabalísticamente “49 (7 x 7) Portales de Binó”. El quincuagésimo nivel está por encima de la captación del ser mortal. No obstante, después de atraer con nuestro servicio Divino estos 49 niveles, se nos concede el quincuagésimo desde lo Alto (al estilo de como el nivel de “ocho” viene después del de “siete”). Esto explica también por qué el quincuagésimo nivel es atraído en la Festividad de Shavuot que conmemora la Entrega de la Tora. Pues durante ésta hubo un grado de captación de Divinidad que constituyó un degustar anticipado de la revelación Divina que tendrá lugar durante la Era de la Redención. Por eso el versículo afirma “Contaréis 50 días”. Pues incluso el quincuagésimo nivel es otorgado al pueblo judío como resultado de su servicio Divino.

Los primeros pasos hacia la redención

La Cuenta del Omer hace más que prepararnos para la Entrega de la Tora, la que proveyó de un saboreo previo de la revelación de la Era de la Redención. La Cuenta del Omer misma es una preparación para la Era de la Redención. Esto puede explicarse conforme la interpretación del versículo que habla de la Redención Futura18 en términos de: “Como en los días de tu salida de la tierra de Egipto… [he de mostraros maravillas]“. El uso del término “días” (en plural) presenta una dificultad, pues los judíos abandonaron Egipto en un día, el 15 de Nisán. Como respuesta, el Rebe Anterior explica19 que recién en la Redención Futura el éxodo de Egipto será completo. Pues Egipto (Mitzráim, en hebreo) alude a las fronteras y limitaciones (meitzarim, en hebreo) que nos restringen espiritualmente. Por lo tanto, desde el 15 de Nisán del año del éxodo hasta la época actual, los judíos estamos en medio del éxodo de Egipto, esforzándonos cada vez más hasta alcanzar, en un futuro muy cercano, la Redención Futura, cuando nuestro éxodo será completo. El primer empeño de los judíos en su servicio Divino después del éxodo fue contar los días hasta la Entrega de la Tora, un conteo que es paralelo de la Cuenta del Omer hoy en día20. Así, esta Cuenta representa sus primeros pasos hacia la Era de la Redención, el nivel identificado con el número ocho.

Dos impulsos constantes

Este concepto nos permite comprender también por qué la Cuenta del Omer se realiza de noche, y el día sigue a la noche. Esto es atípico, pues el Omer era considerado una ofrenda21, y en las ofrendas la norma es que la noche sigue al día22. Además, la Cuenta del Omer involucra contar el número de días transcurridos desde la ofrenda del Omer23. Dado que ésta es ofrecida durante el día, ¿por qué comenzar la cuenta de noche?24 Estas preguntas se resuelven mediante una comparación entre la Era de la Redención —la meta de nuestro serviciu Divino— por un lado, y el éxodo de Egipto y la Entrega de la Tora, por el otro. El éxodo de Egipto, e incluso la Entrega de la Tora, se vio caracterizado por una revelación Divina “de arriba”, y no por el servicio Divino del pueblo judío. Si bien contaron 49 días hasta la Entrega de la Tora, les era imposible alzarse a sí mismos de los 49 Portales de la Impureza en un tiempo tan breve y volverse aptos para la Tora. Por lo tanto, cuando la Presencia Divina se retiró luego de la Entrega de la Tora, el mundo mantuvo su estado material25. Esta falta de desarrollo espiritual se reflejó en el Pecado del Becerro de Oro, fuente de todos los pecados subsiguientes26. La Redención Futura, en contraste, se producirá merced al servició Divino del pueblo judío iniciado con el éxodo de Egipto. Este servicio Divino tiene por objeto que cada persona refine, no solamente a sí misma, sino a su porción del mundo en general27, haciendo posible que el mundo absorba como propia la revelación Divina, como está escrito28: “Y la gloria de Di-sse revelará, y toda carne verá”; hasta la carne física percibirá “la gloria de Di-s”. Como se dijera antes, los seres creados no son aptos para recibir la revelación de la Era de la Redención. No obstante, como también se mencionara, luego de que nuestro servicio Divino ha alcanzado un plano de perfección, Di-s concederá revelaciones más elevadas por Su propia iniciativa, y estas revelaciones sí serán internalizadas por sus receptores. Así, resulta que en las revelaciones de la Era de la Redención hay dos elementos aparentemente contradictorios: 1) La revelación será incomparablemente más elevada que nuestras facultades mundanas de concepción. De hecho, es imposible palpar esta “luz” siquiera mediante el servicio Divino. 2) Esta “luz”, no obstante, será internalizada dentro del mundo. Como se dijera arriba, la Cuenta del Omer fue el primer elemento de servicio Divino emprendido por la humanidad para alcanzar la Era de la Redención. Nuestros Sabios enseñan29: “De la gratificación dada [por el servicio Divino], es posible determinar la naturaleza [de ese servicio]“. Similarmente, la recompensa (que se otorgará como “regalo”) en la Era de la Redención demuestra que nuestro servicio Divino debe seguir también los dos mencionados impulsos. Estos se reflejan en la Cuenta del Omer de la siguiente manera: 1)Por un lado, cuenta los días después de que el Omer hubiera sido ofrendado, reflejando así una conexión con el servicio realizado en el Beit HaMikdash; 2)Su intención es refinar el mundo y prepararlo para la revelación. Por lo tanto, sigue el orden de la Creación30: “Primero oscuridad, y luego luz”31, y los días siguen a las noches.

El orden natural y el orden de revelación

La explicación es la siguiente: En el servicio de las ofrendas, el orden es que la noche sigue al día, al contrario del orden de la Creación, de la cual está escrito32: “Y fue la noche, y fue la mañana…”. El motivo es que nuestro servicio Divino funciona en dirección ascendente. Comenzamos con oscuridad, y con nuestros esfuerzos el mundo se refina y se hace apto para recibir la luz Divina. El servicio en el Beit HaMikdash, en cambio, tenía una intención diferente: revelar la luz Divina desde lo Alto. Este modelo comienza con el día, la luz, e incluso la noche, la oscuridad, sigue al día. Y esto produce un enfoque en cuanto a la tarea de refinar las entidades materiales asociadas a la luz, pues la revelación faculta a la persona para descender dentro de la oscuridad y refinarla33. La Cuenta del Omer pretende refinar el mundo y hacerlo apto para las revelaciones de la Era de la Redención. Como tal, sigue el modelo de “primero oscuridad, y luego luz”, refinándolo siguiendo un modelo ascendente. No obstante, la cuenta depende de la ofrenda del Omer. Esto implica que la mitzvá tiene el poder de las ofrendas, una revelación desde lo Alto. Finalmente, esta mitzvá llevará al tiempo en que estas revelaciones serán internalizadas con la venida de la definitiva y perfecta Redención, de la mano del Mashíaj.

Notas: 1. Levítico 9:1. 2. Ibíd. 8:33. 3. Arajín 13b. 4. Kohelet Raba 11:9. 5. Tañía, cap. 37. 6. Esto se refleja también en la norma (basada en Shemot Raba 15:11) de que la Redención Futura sucederá en el mes de Nisán. Pues Nisán está ligado a una revelación de Divinidad de Su iniciativa. Véase el maamar HaJodesh Halé 5654, y Likutéi Sijot, Vol. I, pág. 235. 7. Éxodo 31:16. Más particularmente, este nivel mismo se subdivide en dos planos: 1) La dimensión del Shabat que es sagrada en mérito propio. Esta es una iniciativa desde lo Alto. [Esta iniciativa desde lo Alto precede al servicio Divino del hombre. Por eso, sólo atrae la dimensión externa de la luz. En contraste, el aspecto del Shabat que es “un regalo” viene después del servicio Divino por parte del hombre, y por eso revela la dimensión interior de la luz. (Véase el análisis de este concepto en Likutéi Tora, Shir HaShirim 24:1-2, y en el maamar Et Shabtotái 5700)}. Respecto de este plano se dijo (Éxodo, loe. cit.): “Y los hijos de Israel guardarán el Shabat”, es decir, este nivel de santidad se revela desde arriba, pero, sin embargo, es necesario que el pueblo judío “lo guarde”, o sea, lo proteja y haga por sí mismo. 2) Un nivel que se atrae mediante el servicio Divino de los judíos.

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