Shelaj Lejá – “Agentes Libres”

Y Di-s habló a Moshé, diciendo: “Envía para ti hombres que puedan espiar la tierra de Canaán, que Yo doy a los Hijos de Israel. Un hombre, un hombre por tribu enviarás, cada uno un príncipe entre ellos… — Números 13:1-2 Di-s había impartido directivas específicas a Moshé y al pueblo de Israel virtualmente en cada paso de su travesía. El caso de los espías fue la primera vez que Di-s dijo: “No te digo qué hacer — haz como creas adecuado”…

Los comentaristas reconcilian este registro del envío de los espías explicando que la iniciativa vino efectivamente del pueblo de Israel. Moshé lo consultó entonces con Di-s, quien le dijo: “Envía para ti hombres…”, para implicar: “Envíalos como dicta tu comprensión. No te estoy diciendo qué hacer. Haz como creas adecuado”. Así, la misión de los espías, al tiempo que recibía la anuencia de Di-s, fue un empeño puramente humano, nacido del deseo del pueblo y despachado porque “la cosa halló favor” en los ojos de Moshé.

El resultado fue un trágico retroceso en el curso de la historia judía. Los espías trajeron de regreso un informe en extremo desmoralizador e hicieron que el pueblo perdiera su fe en la promesa de Di-s de la Tierra de Israel como su patrimonio eterno. Toda la generación fue considerada entonces indigna para heredar la tierra, y se decretó que concluirían sus vidas en el desierto. Sólo 40 años después el sucesor de Moshé, Iehoshúa, condujo a una nueva generación a través del Río Jordán a la Tierra Prometida. (Iehoshúa y Calev fueron los únicos dos espías que hablaron en favor de la conquista de la tierra, y los únicos dos de aquella generación que entraron a la tierra).

Hasta ese momento, Di-s había impartido directivas específicas a Moshé y al pueblo de Israel virtualmente en cada paso de su travesía. El caso de los espías fue la primera vez que Di-s dijo: “No te digo qué hacer — haz como creas adecuado”. ¿No debería esto haber encendido una luz de alarma en la mente de Moshé?

De hecho lo hizo. Nuestros Sabios nos cuentan que Moshé despidió a Iehoshúa con una bendición: “Quiera Di-s salvarte de la conspiración de los espías”. Pues entonces, ¿por qué los envió? Y si, por cualquier razón, consideró necesario hacerlo, ¿Por qué no bendijo al menos a todos, como lo hizo con Iehoshúa? Aún más asombroso es el hecho de que una generación más tarde, cuando el pueblo judío finalmente estuvo listo (por segunda vez) para entrar a la tierra, Iehoshúa mismo despachó espías (!) Esta vez, no hubo resultados adversos; pero, ¿por qué inició él nuevamente un proceso que tan trágicamente había terminado en el pasado?
Obviamente, Moshé era plenamente consciente de los riesgos involucrados en embarcarse en un curso de “Haz como te parezca adecuado”. Pues que el hombre intente algo por sí mismo, sin instrucciones precisas desde lo Alto y con sólo su criterio subjetivo y finito como brújula, es entrar a un campo minado sembrado de posibilidades de error y fracaso. Con todo, Moshé también sabía que Di-s abría un nuevo escenario de potencial humano.

Elección
Un elemento por demás crucial en nuestra misión en la vida es el de elección.
Si Di-s hubiera creado al hombre como una criatura que no puede equivocarse, podría igualmente haber creado un mundo perfecto desde un comienzo, o ningún mundo del todo. Toda la idea del deseo de Di-s con la creación es que haya un mundo no-perfecto, y que nosotros escojamos perfeccionarlo. Es precisamente la posibilidad de error de nuestra parte lo que asigna significado a nuestros logros.
El concepto de elección existe en dos niveles. Cuando Di-s nos transmite una instrucción explícita, seguimos teniendo la elección de desafiar Su ordenanza. Esto, sin embargo, es una elección en un sentido más limitado. Pues, en esencia, nuestra alma es “una parte de Di-s en lo Alto, tal cual” y, en lo más profundo, sólo tiene un único deseo: cumplir la voluntad Divina. En palabras de Rabí Shneur Zalman de Liadí: “Un judío no desea, ni es capaz, de arrancarse a sí mismo de Di-s”. En última instancia, todos y cada uno de nosotros sólo desea hacer el bien, tal como éste es definido por la voluntad de Di-s. La única “elección” que tenemos es si suprimir nuestra voluntad innata o expresarla en nuestra vida diaria.
Hasta el momento del episodio de los espías, ésta era la única elección ofrecida al pueblo judío. Di-s proporcionó directivas inequívocas para cada tema que tuvo que enfrentar en su vida. Los judíos tenían la alternativa de elegir desobedecer, pero hacerlo correría en contradicción con sus instintos más profundos.
El segundo de nivel de elección fue introducido con la respuesta de Di-s a Moshé respecto de los espías. Cuando Moshé oyó a Di-s diciendo “Haz como creas apropiado”, entendió que Di-s estaba abriendo otra dimensión de elección, incluso más profunda y genuina, en la vida del hombre. Al crear un área en la que Él, el creador y amo absoluto del mundo, declara: “No te digo qué hacer”, Di-s estaba impartiendo una importancia todavía mayor a las acciones humanas. Aquí, y sólo aquí, la elección es auténticamente genuina; aquí, y sólo aquí, no hay nada que nos obligue a ir en una dirección u otra.
Cuando entramos a estas arenas, los riesgos son mayores: la posibilidad de errar es mayor, y las consecuencias de nuestro error más devastadoras. Pero cuando triunfamos en descubrir, sin instrucciones y concesiones desde lo Alto, la manera óptima con la cual “entrar a la Tierra Santa” y concretar la voluntad Divina, nuestro acto es infinitamente más valioso e importante.

El Ser de Iehoshúa

A ello se debe que Moshé despachara a los espías, pese a ser plenamente consciente de los peligros de su misión, sin siquiera al menos una bendición de que fueran salvaguardados de los defectos del empeño humano: Si los hubiera bendecido —si les hubiera impartido de su propia grandeza espiritual para que triunfaran en su misión— habría socavado la singularidad de la oportunidad que Di-s había otorgado consintiendo que su misión fuera “como dicta tu comprensión”. Todo el objetivo era que tanto Moshé (al decidir si enviarlos o no) y los espías (al ejecutar su misión) lo hicieran enteramente por sí mismos, solos, orientados y facultados únicamente por su propia comprensión y humanidad.
El único que recibió la bendición de Moshé fue Iehoshúa, el fiel “sirviente.., que nunca se apartó de la tienda [de Moshél”.
La relación única entre Moshé y Iehoshúa se describe en el Talmud con la siguiente metáfora: “El rostro de Moshé era como la cara del sol; el rostro de Iehoshúa, como la faz de la luna”. En el nivel más básico, esto expresa la superioridad de Moshé sobre Iehoshúa, siendo el segundo apenas un pálido reflejo de la luz del primero; en un nivel más profundo, alude a la profundidad del nexo entre el más grande de los maestros y el más dedicado de los discípulos. Tal como la luna que no tiene luminosidad propia sino que recibe toda su luz del sol, Iehoshúa había renunciado tan íntegramente a su propio ser y se había entregado a su maestro, de modo que todo lo que era y tenía derivaba de Moshé.
Que Moshé bendijera a Iehoshúa no era facultar a Iehoshúa con algo que no era él mismo: todo el ser de Iehoshúa, por entero, era Moshé. Armado con la bendición de Moshé, Iehoshúa estaba verdadera y totalmente “solo”; ésta era su esencia y ser, en lugar de algo que le fuera impuesto desde afuera.
Así, era Iehoshúa, quien había negociado exitosamente las arenas de la auténtica e independiente elección, el que condujo al pueblo de Israel hacia la tierra de Canaán. Pues la conquista de Canaán y su transformación en “Tierra Santa” representa la entrada del hombre a un sitio donde no hay directivas Divinas tajantes para distinguir el bien del mal y lo correcto de lo incorrecto, y su descubrimiento independiente de cómo santificar ese entorno como un hogar para Di-s.

Basado en Sefer HaSijot 5749, Vol. II, págs. 536-540

Extraído y adaptado de “El Rebe Enseña” Editorial Lubavitch Sudamericana

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