Truma – “Cedros prehistóricos”

Cuando nuestro sometimiento a lo temporal y mundano amenaza con abrumarnos, sólo necesitamos volver la mirada hacia “los cedros implantados en nuestro medio”. En estas eternas estacas de fe encontramos orientación y fortaleza, consuelo y aliento.

Cedros Prehistoricos
¿Cómo obtuvieron los judíos madera de cedro para la construcción dcl Santuario en el desierto? Rabí Tanjumá explicó: Nuestro padre Iaacov vio con su Inspiración Divina que Israel estaba destinado a construir un Santuario en el desierto; por eso trajo cedros a Egipto y los plantó allí, e instruyó a sus hijos que los llevaran consigo cuando abandonaran Egipto.
- Rashí, Exodo 25:6

En ese momento los hijos de Iaacov podrían haberse preguntado:
¿para qué llevar árboles desde Tierra Santa para plantarlos en Egipto, para su uso en un edificio a ser construido siglos más tarde? Indudablemente, no falta madera en el adinerado Egipto y, de todos modos, siempre podría obtenerse, por un precio, dondequiera sus descendientes pudieran encontrarse’.
Pero sus nietos y bisnietos lo entendieron.
A lo largo de su amargo y prolongado exilio, habían visto crecer estos cedros. Albergaron el conocimiento de que mucho antes de su esclavización por los egipcios, estos árboles habían crecido en el suelo de Tierra Santa – la tierra prometida a ellos como herencia eterna.
Ellos portaron, y transmitieron a sus hijos, las instrucciones de Iaacov de llevar consigo estos árboles cuando salieran de Egipto, para ser convertidos en un Santuario para Di-s.
A lo largo de su amargo y extenso exilio, estos cedros habían susurrado: “Este no es tu hogar. Tú perteneces a un lugar más santo y excelso. Pronto dejarás esta depravada tierra atrás, para ser reclamado por Di-s como Su pueblo. Pronto Él nos arrancará de esta tierra extranjera y nos llevará triunfantes a Sinaí, donde tú construirás con nosotros una morada para la Presencia Divina, que se manifestará una vez más en medio de ti”.

Estacas de fe
“El tzadik florecerá como una palmera”, canta el salmista, “como un cedro del Líbano, se alzará”2
En nuestro presente galut -exilio diaspórico-, también nosotros, tenemos cedros que abarcan la historia, trasplantados por nuestro padre Iaacov, cedros que nos proveen de un nexo con el pasado y una esperanza para el futuro.
El tzadik es un alma que descuella por encima de la transitoriedad y turbulencia del galul; un alma arraigada en los sacros inicios de Israel, y apuntando hacia la Redención definitiva.
Cuando nuestro sometimiento a lo temporal y mundano amenaza con abrumarnos, sólo necesitamos volver la mirada hacia los cedros implantados en nuestro medio. En estas eternas estacas de fe encontramos orientación y fortaleza, consuelo y aliento.

Basado en Likutei Sijot’, Vol. XXXI, pags. 142-148

Notas:
1. Véase Divréi David (Taz), Ibn Ezra, Baaléi Tosfot y Jizkuni sobre el versículo (Éxodo 25:6).
2. Salmos 92:13.3. La palabra hebrea nasí (“1íder”) es a su vez sigla de la frase “nitzotzó shel Iaacov avinu”, una chispa de nuestro padre Iaacov. El alma de cada líder de Israel es una rama del alma de Iaacov, el padre del pueblo de Israel (Megalé Amukot, sección 84).

Extraído de El Rebe Enseña.Editorial Kehot Sudamericana

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