Noaj-”Ver lo bueno que hay en el prójimo”

“Estos son los hijos de Noaj, Noaj era un hombre piadoso”... (Bereshit 6:9)

Cuando la Torá describe a Noaj dice: “Estos son los hijos de Noaj, Noaj era un hombre piadoso”. Normalmente, siguiendo a la introducción de “estos son los hijos” prosigue una lista con los nombres de los hijos de la persona de referencia, pero aquí la Torá continúa con la descripción de las virtudes de Noaj – “Noaj era un hombre piadoso, íntegro en sus generaciones”. Recién en el versículo siguiente se enumeran sus tres hijos.

Rashi responde a esto con dos respuestas: La primera dice, que en realidad la descripción de la calidad espiritual de Noaj es sólo un comentario de paso: siendo que el texto lo mencionó, contó su elogio, como está escrito el recuerdo del piadoso es para bendecirlos. La segunda respuesta es, que el término “hijos” se refiere también a las buenas acciones -”los hijos (la progenie) principal de los piadosos son las buenas acciones”. Por lo tanto, siguiendo a “estos son los hijos de Noaj” la Torá enumera sus actos de bien (Rashi trae esto como segunda explicación, ya que esta no concuerda con la traducción literal de hijos y progenie).

LA FUERZA DE LA PALABRA

La primera explicación requiere mayor elaboración: El nombre de Noaj ya fue mencionado antes, en Parshat Bereshit. De acuerdo a la regla que “el recuerdo del piadoso es para bendecirlo”, la Torá debería haber elogiado a Noaj ya en Parshat Bereshit cuando se lo menciona por primera vez. ¿Por qué se lo alaba recién en Parshat Noaj?

Lo entenderemos en base al dicho de nuestros Sabios que dice “la mala lengua mata a tres: al que habla, al que escucha y a quien de él se habla”. En lo que respecta al que habla y al que escucha, se entiende su vínculo con el efecto del pecado, ya que ambos transgreden con la mala lengua. Pero ¿Por qué ha de sufrir la víctima de quien se habló?

Vemos aquí la fuerza que posee la palabra maliciosa, que golpea también a la persona de cual se habla.

REVELA LO OCULTO

La esencia del habla consiste en que revela lo que estaba oculto en el pensamiento. La palabra posee la fuerza especial de llevar las cosas desde lo oculto hacia lo manifiesto. Es una fuerza concreta y real, que influye también sobre el otro (lo vemos también del dicho “no abras tu boca para el Satán”). Cuando se habla de la maldad que está en el semejante, se provoca que dicha maldad se revele y actúe en mayor medida. Por eso la lengua maliciosa daña concretamente a la persona de referencia.

Si así ocurre en el lado de lo negativo, cuánto más en el de lo positivo, puesto que “es mayor la medida de la bondad que la del castigo”. Cuando se pronuncian elogios sobre el compañero y se destacan sus virtudes, se causa que su bondad se reafirme e imponga, trayendo un provecho real a esa persona.

Si esto es así tratándose de la palabra del hombre de carne y hueso, cuánto más lo es cuando Hashem escribe en Su Torá alabanzas sobre alguien. Sin lugar a dudas, esto tiene un efecto positivo sobre aquella persona, y el elogio le proporciona fuerzas especiales para vigorizar el bien que posee.

UNA BENDICIÓN INDIRECTA

En base a esto, se entenderá por qué se menciona la alabanza de Noaj recién en nuestra Parshá y no en Parshat Bereshit. La función concreta de Noaj comienza en esta Parshá. Esta es la etapa en la que requiere de un fortalecimiento especial, para poder mantenerse firme frente a la gente de su generación. Por eso, específicamente aquí, aparecen los elogios de Noaj, para brindarle una energía especial para poder llevar a cabo su trabajo.

De todo esto aprendemos la importancia de ver lo bueno de otro judío y de hablar sólo de sus virtudes. Hablando positivamente, revelamos en el prójimo más aún la bondad que posee, e indirectamente nos hacemos merecedores, nosotros también, de la bendición.

Likutéi Sijot Tomo 5, pág. 36

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