Nasó – “Recipiente de Barro”

La vida, corno la describen los Cabalistas, es un matrimonio entre cuerpo y alma. El alma —la fuerza vital activa en la relación— es su componente “masculino”. El cuerpo —el recipiente que recibe al alma y canaliza y concentra sus energías—es el elemento “femenino” en la relación…

Y Di-s habló a Moshé, diciendo: Un hombre cuya esposa incurra en desliz y cormeta una traición en su contra… ese hombre traerá a su esposa ante el Kohén… Y el Kohén tomará agua santa en un recipiente de barro…?— Números 5:11-23??

La sabiduría común considera que el espíritu es más excelso que la materia y que el alma es superior al cuerpo. De hecho, el alma del hombre mantiene una conciencia perpetua de su Creador y Fuente, mientras que el cuerpo, susceptible a las tentaciones de lo material, es frecuentemente el culpable de la tendencia del hombre a olvidar, cometer deslices y traiciones.?Pero ésta es una visión “masculina” de la vida. También hay otra perspectiva de la realidad, una en la que pasividad es superior a actividad, ser es más que hacer, y la terrenalidad más verdadera que la abstracción. Una perspectiva en la que el cuerpo no es apenas nada más que un sirviente del alma, en el mejor de los casos, sino que es por sí mismo una matriz conductora de lo Divino.?Nuestros Sabios nos cuentan que llegará un tiempo en el que la supremacía de lo femenino saldrá a luz. Un tiempo en el que la voluntad física igualará y superará lo espiritual como vehículo de conexión con Di-s. Un tiempo en el que el alma obtendrá su nutrición del cuerpo.??

Agua y Aceite
?En ello radica el significado más profundo de las leyes de sotá (“la esposa díscola”), legisladas en el quinto capítulo de Números:?Un hombre que sospechó a su esposa de infidelidad (y tuvo evidencias que sustentaban sus sospechas*) debía traerla al Gran Templo de Jerusalén. Allí, el Kohén (sacerdote) llenaría un recipiente de barro con agua de un pozo del Templo y mezclaría en ella tierra del suelo del Templo. Luego escribiría el juramento de fidelidad (Números 5:19-22) sobre un rollo de pergamino, que pondría dentro de las “aguas amargas” hasta que las palabras estuvieran disueltas en ésta. La “esposa díscola” debía beber del agua.?Si efectivamente era culpable de adulterio, las “aguas amargas” significarían su fin. En el caso de que las sospechas de su esposo fueran injustificadas, éstas no solamente la exoneraban, sino que mejoraban realmente su relación con su esposo y la productividad de su matrimonio.?Es significativo que la “esposa díscola” era reivindicada por medio de agua santa colocada en un recipiente de barro.

Esto contrasta con una ley en cuanto al encendido de las luces de Janucá, que instruye que se debe evitar encenderlas en una lámpara de arcilla u otro recipiente de barro, pues la colocación de aceite en utensilios tales produce resultados para nada estéticos. De hecho, las luces en el Gran Templo, tras las cuales fueron modeladas las de Janucá, se encendían con el aceite de oliva más fino en un candelabro de oro puro. Pese a que con las luces de Janucá no se exigen tan altas normas de pureza y refinamiento, sí se requiere el uso de un combustible que arda pulcramente (aceite o cera) y un utensilio de metal u otro material “limpio”.?Las luces de Janucá proclaman la supremacía del espíritu por sobre la materia. Resulta sólo natural, por lo tanto, que algo de un carácter tan “espiritual” y “masculino” excluya al recipiente de barro. La espiritualidad de Janucá se expresa también en su aceite, cuya naturaleza no es sólo la de no mezclarse con otros líquidos sino también la de alzarse por encima de ellos, tal como el espíritu se mantiene elevadamente distante de lo físico y terrenal.

?Pero también hay un fluido de otro tipo. “La Torá ha sido comparada al agua”, escribe Rabí Shneur Zalman en su Tania, “porque tal como el agua tiende a descender de un lugar superior a uno inferior, así ha descendido la Torá de su lugar de gloria, que es la voluntad y sabiduría de Di-s… hasta investirse en cosas físicas y cuestiones de este mundo??Cuando un alma contempla a su cuerpo y lo encuentra una “esposa díscola” contenciosa con sus metas espirituales, su deseo puede ser echar las culpas a su feminidad, su condición física y terrenal. Pero si verdaderamente desea lograr armonía entre ellos, el alma debe aprender a incorporar la visión femenina del cuerpo, su “esposa”, en su matrimonio. Debe aprender que la vida es más que aceite espiritual danzando en recipientes del oro más puro. Debe aprender que también es agua, agua que gravita hacia la tierra para llenar los recipientes más materiales de su esencia Divina.??

Basado en una Sijá de Shabat Nasó 5720, y otras ocasiones??

* Por ejemplo testigos de que ella se quedó a solas con el hombre con el que su esposo la sospecha de serle infiel (las leyes de sotá no se aplican en caso de que haya testigos de su acto de traición). ??

Extraído de “El Rebe enseña” Editorial Kehot Sudamericana?

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