Mishpatim -”El Toro, la Fosa, el Hombre y el Fuego…”

Los mandamientos de la Torá se dividen usualmente en dos categorías…

Los mandamientos de la Torá se dividen usualmente en dos categorías: leyes que rigen la relación “entre el hombre y Di-s”, y aquellas que legislan la conducta apropiada “entre el hombre y su semejante”.
Incluso los “Diez Mandamientos”, que son una encapsulación de toda la Torá, fueron inscriptos sobre dos tablas separadas: una conteniendo mandamientos tales como “Yo soy Di-s, tu Di-s” y “Recuerda el día de Shabat”, y la otra proclamando leyes como “no matarás” y “no robarás”.
Pero ambas categorías están hondamente correlacionadas. El Zohar declara que la instrucción Divina de “Yo soy Di-s, tu Di-s… no tendrás otros dioses delante de Mí”, es la esencia de todos los 613 mandamientos y prohibiciones de la Torá[1].
Por el otro lado, el Talmud cuenta la famosa historia del gran sabio Hilel, quien dijo a un hombre que pidió que se le enseñara toda la Torá mientras permanecía apoyado sobre un solo pie: “Lo que te resulta odioso a ti, no hagas a tu semejante. Esto es toda la Torá; el resto es comentario”[2].
En última instancia, no hay una diferencia esencial entre las leyes “civiles” de la Torá y sus así llamadas leyes “religiosas”. Un crimen contra el hombre es también un crimen contra Di-s, y un crimen contra Di-s es un crimen contra todas Sus creaciones. Un acto de bondad al semejante humano es un acto de bondad hacia Aquel que lo creó todo y desea que vivamos en paz y armonía uno con el otro; y una relación “personal” positiva con Di-s tiene un efecto positivo sobre Su relación con la creación como un entero y con cada ciudadano individual de Su mundo[3].
La enseñanza jasídica lleva esta idea un paso más lejos, mostrando cómo el significado más profundo de una mitzvá se extiende más allá de su clasificación básica, también a la otra categoría: una mitzvá cuya aplicación más inmediata es de una naturaleza “ritualista”, es también una instrucción acerca de cómo comportarse hacia el semejante humano; y una mitzvá cuyo significado literal la pone firmemente dentro del “código civil” de la Torá, se dirige también al mundo interior del alma humana y su misión y propósito en la vida.

El Toro, la Fosa, el Hombre y el Fuego
Muchas de las leyes civiles de la Torá se enumeran en la Sección Semanal de Mishpatím (Exodo 21-24), que sigue a inmediata continuación de la descripción de la Torá acerca de la revelación que tuvo lugar en el Monte Sinaí. Esto, dicen nuestros Sabios, es para enfatizar que “Tal como las primeras son de Sinaí, también éstas, las segundas, son de Sinaí”[4]; que en la Torá, incluso las leyes sociales más utilitarias son una “mitzvá”, un mandamiento Divino, una revelación de la voluntad Divina.
El Talmud, que analiza los versículos bíblicos e infiere las leyes codificadas dentro de ellos, dedica su Tratado más grande, Nezikín, a las leyes civiles de Mishpatím. En razón de su tamaño, Nezikín es subdividido en tres partes, cada una de las cuales ha llegado a ser considerada como un Tratado por derecho propio: Bavá Kamá (“Primera Puerta”), Bavá Metziá (“Puerta Intermedia”), y Bavá Batrá (“Puerta Final”).
Cada una de las tres “Puertas” trata una categoría diferente de la ley civil; en su conjunto, describen el progreso de la humanidad hacia una existencia más pacífica y armoniosa. Lo mismo es cierto de la dimensión espiritual de estos Tratados legales: cada “Puerta” representa una etapa diferente en nuestro desarrollo interior, a medida de que nuestra alma madura hacia la concreción máxima de su potencial.
Una lectura de las líneas de apertura de cada una de las “Puertas” servirá para ilustrar los tipos de casos que tratan. Bavá Kamá, la “Primera Puerta”, comienza así:
Hay cuatro clases primarias de daño: el toro, la fosa, el hombre y el fuego.
La “Primera Puerta” prosigue analizando la responsabilidad de la persona en estas cuatro categorías de daño:
1) Los daños infligidos por la propiedad personal de uno (por ejemplo, el toro de una persona que cornea al de su vecino);
2) La responsabilidad por peligros colocados en la propiedad pública (por ejemplo, excavar un pozo en medio de la calle);
3) El daño infligido directamente por la persona misma;
4) La negligencia en prevenir daños que pudieran provenir de acciones potencialmente peligrosas (por ejemplo, la persona que en su propia propiedad enciende un fuego que se extiende a la de sus vecinos).
Además de definir las cuatro categorías de daño y las numerosas subcategorías y leyes particulares que cada uno de ellas comprende, Bavá Kamá legisla también las indemnizaciones y multas para el hurto y el robo. En otras palabras, la “Primera Puerta” de la ley civil de la Torá trata principalmente los ataques delictivos, incluso violentos, a la propiedad y persona de un semejante, enfocando la mira en la forma más burda de desarmonía entre los hombres.

Halladores, Cuidadores y Socios
Las leyes analizadas en Bavá Metziá, la “Puerta Intermedia”, incluyen: las leyes que atañen a la devolución de objetos perdidos; las disputas que surgen de préstamos, ventas, y empleo; y las responsabilidades de los “Cuatro Cuidadores” -los depositarios ad honorem y asalariados, el prestatario y los que rentan- por los objetos encomendados a su cuidado.
Al igual que la primera Bavá, la “Puerta Intermedia” también trata las disputas entre la gente. Pero estos son, en su mayoría, conflictos más benignos, proviniendo de desacuerdos honestos, más que de un comportamiento malicioso o descaradamente irresponsable. La primera ley analizada en este Tratado es un caso de estos:
Dos personas se aferran a una prenda. Una dice: “yo la encontré”, y la otra dice: “yo la encontré”…
Ciertamente, las leyes de Bavá Metziá a duras penas reflejan el ideal en las relaciones interhumanas. El veredicto de la corte inevitablemente satisface sólo a uno, y a veces a ninguno, de los reclamantes. Pero a diferencia de los casos analizados en la “Primera Puerta”, no hay involucrados actos abiertamente anticívicos. Más bien, en el curso de su trato normal, cotidiano, dos personas se encuentran a sí mismas en desacuerdo una con la otra. En muchos casos, cada parte cree honestamente tener pleno derecho.
Por otra parte, la “Puerta Final”, Bavá Batrá, incluye un género enteramente diferente de ley civil: leyes que no vienen a solucionar disputas sino a establecer el plan de trabajo para una existencia socialmente justa y armoniosa entre el hombre y su semejante. Este tratado analiza las leyes que delinean los derechos de propiedad, las responsabilidades y relaciones entre vecinos, las sociedades, el comercio, las herencias y la caridad. Un caso ilustrativo es el primer escenario de Bavá Batrá:
Los socios [de un patio] que desean dividirse, deben construir una pared en el medio… En todo siguen la costumbre local. [Cuando se construye] con piedras rústicas, uno cede tres ‘codos’ y el otro cede tres ‘codos’ [de espacio para la pared]… Con ladrillos, uno cede un ‘codo’ y medio y el otro cede un ‘codo’ y medio… Así… el área y las piedras pertenecen igualmente a ambos.
Esta ley es típica de las leyes que forman la columna vertebral de la “Puerta Final”: su función puede ser la de definir y dividir, pero ésta es una división deseada por ambas partes y beneficiosa a ambos. De hecho, la pared misma que los divide se convierte en un emprendimiento conjunto, vinculándolos y dando testimonio de su deseo mutuo de vivir como vecinos que respetan cada uno los derechos y privilegios del otro.

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