Miketz – “La redención florece del exilio”

“Pues Di-s me Ha hecho fructífero en la tierra de mi aflicción”
(Bereshit 41:52)

El exilio amargo y largo en el que se encuentra el pueblo de Israel despierta más de una vez un profundo asombro sobre su objetivo: ¿por qué y para qué este sufrimiento tan fuerte durante tantas generaciones?
Una respuesta a ello podemos encontrar en nuestra Parshá. Iosef llamó a su segundo hijo Efraim, explicando: “Pues Di-s me Ha hecho fructífero (hifrani) en la tierra de mi aflicción”. Es justamente por medio del exilio “en la tierra de aflicción” que Iosef se hizo merecedor de alcanzar el “me Ha hecho fructífero”- a una vitalidad y fortaleza mucho mayor. Pues este es el objetivo del exilio: despertar fuerzas superiores y llegar a niveles más altos.
El propio Iosef haTzadik, el piadoso, ya se encontraba previamente en un nivel espiritual muy elevado. Era superior a sus hermanos, y en cierto aspecto incluso a su padre, Iaakov. Sin embargo, para alcanzar el “me Ha hecho fructífero”, debía pasar por un exilio “en la tierra de mi aflicción”.

NO LO RECONOCIERON
La superioridad de Iosef sobre sus hermanos está aludida en el versículo: “y reconoció Iosef a sus hermanos pero ellos no lo reconocieron”. Se explica sobre ello en el jasidismo, que sus hermanos no tenían conocimiento ni captación alguna en el elevado nivel de Iosef haTzadik.
Los hermanos eran servidores del Altísimo y buscaban apegarse a la Santidad Divina. Para ellos era claro que para lograr esto hay necesidad de desconectarse de las perturbaciones del mundo. Por ello se dedicaron al pastoreo de ganado, una actividad que permite estar fuera del bullicio del mundo. En contraposición a ello, Iosef ha Tzadik vivía en el corazón de Egipto, estaba inmerso en el manejo del reino, y con ello permaneció apegado al Altísimo. Este nivel de servicio a Di-s no era conocido por los hermanos, “ellos no lo reconocieron” – estar apegado a Hashem también en pleno trajín de la actividad mundana.

CONFIANZA ABSOLUTA EN DI-S
Iosef estaba en un nivel superior, incluso al de Iaakov. Dicen nuestros Sabios z”l, que Iosef fue castigado por haber depositado su confianza en un hombre y haber solicitado del ministro de la bebida que lo recuerde frente al Faraón. Su pena fue que “no recordó el ministro de la bebida a Iosef y lo olvidó”. Resulta de aquí que apoyarse en un hombre de carne y hueso es considerado como un pecado para un Tzadik, piadoso. Sin embargo, encontramos que también Iaakov envió un regalo a Eisav, y lo llamó “mi señor”, ¡y no vemos que esto se considere un pecado!
Aquí se destaca la diferencia entre ambos: Iaakov estaba, en cierta medida, ligado a las limitaciones del mundo, por ello debía actuar también por la vía natural, por miedo a que “puede que el pecado cause” (que no merezca la protección Divina). Mientras que el nivel de Iosef era superior a este, él estaba más allá de los condicionamientos de la naturaleza y el mundo, y por ello debía haberse apoyado únicamente en el Altísimo, y no depender en absoluto de un hombre.

EL SECRETO DEL EXILIO
A pesar de su extraordinario nivel espiritual, Iosef alcanzó el cenit de su elevación espiritual específicamente, estando en el exilio. Éste posibilita una extraordinaria elevación, a la que no puede accederse salvo pasando por él. Iosef aplanó el camino para el pueblo judío todo: Como consecuencia de su exilio personal vino el exilio en Egipto, y justamente a través del “crisol de hierro” de Egipto, los judíos se hicieron meritorios de recibir la Torá. Así también el presente exilio, no es para angustiar -Di-s libre- a los judíos, sino que es el que posibilita las grandes revelaciones Divinas de la redención futura que llegará de inmediato realmente.
(Likutei Sijot, Tomo 1, pág. 88)

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