Metzora – “Riqueza Común”

Cuando se encara una asamblea de individuos de una comunidad, una nación, una muchedumbre aleatoria, tendemos a relacionarnos con ella en términos de su “más bajo denominador común”.
Algunos son más inteligentes, otros menos; algunos son ricos, otros pobres; algunos virtuosos, otros delincuentes. Por lo que el maestro cuidará de no hablar más allá del alcance de sus alumnos menos inteligentes, el comerciante pondrá precio a su mercadería pensando en el menos opulento de sus potenciales clientes, y los bancos emplearán un sistema de seguridad para disuadir al menos moral de la comunidad.

En otras palabras, tendemos a considerar nuestras cualidades como adiciones o premios a nuestro ser básico. Todos nacemos ignorantes; algunos ganan poco conocimiento, otros más. Todos nacemos indigentes; algunos ganan poca riqueza, otros más. Todos nacemos egoístas, y somos entrenados a un grado menor o mayor de moralidad. Y así sucesivamente.

Pero también existe otra perspectiva del hombre: el ser humano como vehículo contenedor de un inmenso potencial, con todos los logros humanos como apenas concreciones parciales de este potencial.
En otras palabras, nuestro “denominador común” es tan grande —de hecho, más grande— que lo que vemos en el más exitoso ser humano sobre la tierra.
Esta es la visión de la humanidad expresada por una serie de leyes de la Tora relacionadas con el korbán oléveioréd, la ofrenda de “escala deslizable”.

Doble Norma
La mayoría de los korbanot (“ofrendas”) ordenados por la Tora son de una naturaleza fija. En ciertos casos, la Tora ordena traer un cordero primal acompañado por una cantidad específica de cereal, vino y aceite; en otros, un par de palomas, etc. El korbán ole veioréd (literalmente: “ofrenda que sube y baja”) es una excepción a esta regla.
En seis casos la Tora instruye que se traiga una ofrenda como expiación, pero dice que el contenido cíe la ofrenda debe determinarse por la capacidad económica de la persona.
Una mujer luego de dar a luz debe traer dos ofrendas, un cordero y una paloma; pero si es pobre, traerá en cambio dos palomas1. Un metzorá (“leproso”, véase más adelante) curado, experimentando purificación de su estado de impureza, debe traer dos corderos y una oveja; pero si es un hombre pobre, traerá un cordero y dos palomas2. Y, en el caso de quien viola un “juramento testimonial”, quien inadvertidamente jura en falso, o inadvertidamente entra al Gran Templo, o ingiere alimento sagrado (kodasMní) en un estado de impureza ritual, hay tres “pasos” en la escala: una oveja o cabra para el más opulento, un par de palomas para un penitente cié recursos medios, y una ofrenda cerealera para el más empobrecido’.

Estas ofrendas son ordenadas por la Tora como deber personal sobre el individuo. Sin embargo, otra persona puede asumir la obligación en su lugar. En tal caso, la ley estipula que el tipo de ofrenda se determine por el más adinerado de los dos.
En las palabras de Maimónides: “Si un rico dice: ‘Asumo la obligación de las ofrendas de este meteoro?, y dicho nietzorá es pobre, debe traer una ofrenda de rico, pues un rico hizo el ofrecimiento. Si un pobre dice: ‘Asumo la obligación cíe las ofrendas de esta rneízora1, y dicho nietzorá es adinerado, debe trae una ofrenda de rico, pues se obligó a sí mismo a traer una ofrenda de hombre rico”4.
Uno puede comprender la lógica de obligar al donante conforme sus recursos. También es lógico el argumento que dado que la ofrenda debe lograr expiación por el metzorá, el tipo de ofrenda deberá determinarse por la condición del metzorá. ¿Pero por qué emplear una “doble norma”, siguiendo la condición del donante cuando él es el más rico, y la del metzorá cuando él es el más adinerado?
Hay aquí una profunda lección en nuestra responsabilidad mutua y en cómo uno ha de observar a su semejante.
Cada hombre es intrínsecamente “adinerado”; la diferencia entre nosotros es únicamente el grado en que concretamos esta riqueza. Por lo que cuando un hombre asume responsabilidad por su semejante, ambos se elevan al estado del más rico entre ellos.
Si el “donante” ha concretado su potencial en un grado mayor, estimula un logro igual en su semejante. Y si un “pobre” toma sobre sí ayudar a un hombre “más rico”, no ha asumido una obligación que está más allá de sus medios. Pues también él posee un potencial igual, y su compromiso mismo a su compañero “superior” servirá para concretar este potencial y elevarlo al nivel en que puede efectivamente contribuir a la vida de su semejante.

Basado en Likutéi Sijot, VoI.XXVlI, págs. 101-106

Notas: 1. Levítico 12:6-8. 2. Ibíd., 14:10, 21-22. 3. Ibíd., 5:1-13. 4. Misliné Tora, Leyes de Quienes Requieren Expiación, 5:11.

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