Ki Tisa-”Manteniendo la Autoestima”

En toda vida hay momentos cuando una persona se siente abrumada, cuando circunstancias adversas no sólo causan pena sino rebajan tanto a una persona que comienza a cuestionar su autoestima.

“Y yo me volví y descendí de la montaña” (Deuteronomio 9:15).

Estos son momentos de gran peligro espiritual, porque uno se torna vulnerable a las maquinaciones del ietzer hará (inclinación malvada), quien con la confusión, duda de la propia capacidad, y desesperación (ver arriba, Ki Tisá). Requiere gran vigor y fortaleza mantener el valor en tales tiempos, y desarrollar el coraje para proseguir con la misión de uno en la vida.
Tal momento ocurrió en la vida de Moisés, cuando al final de los cuarenta días de comunión con Di-s en Sinaí, Di-s dijo a él, “Ve desciende, pues tu pueblo se ha corrompido… Ellos hicieron para sí mismos un becerro de fundición” Éxodo 32:7-8). El mundo de Moisés fue hecho pedazos. El pueblo, a quien él había nutrido en Egipto, a quien él había conducido fuera de la esclavitud y elevado a tal estatus de espiritualidad que ellos proclamaron “Naasé venishmá” (nosotros haremos y entenderemos) (Éxodo 24:7) – este pueblo de repente se hundió hasta las profundidades de la depravación y la idolatría. En este momento de desilusión, Di-s le dice, “Ve desciende”, lo cual Rashi explica, “Desciende de tu suprema posición. Tu grandeza dependía del estatus de los israelitas. Su corrupción es tu declinación”.
En la porción de la Torá de hoy, Moisés nos cuenta de su conducta. “Y yo me volví y descendí de la montaña”. Moisés está diciendo, “A pesar de que en tal momento de total conmoción y amarga desilusión, cuando pareció que todos mis esfuerzos eran en vano, cuando yo podía haber perdido mi orientación, cuando yo podía haber descendido de mi estatus como Di-s me dijo, yo, no obstante, me mantuve firme. Descendí sólo de la montaña, pero no de mi estatus. Yo era todavía el líder de Israel con la temible responsabilidad de recuperar la nación descarriada de la arena movediza de la corrupción. Yo tenía que encarar el desafío de rogar delante de Di-s por su supervivencia. No podía darme el lujo de abandonar mi estatus”.

En una vena similar, el Talmud cuenta del Rey Salomón, quien fue desterrado de su trono por un usurpador demoníaco, y anduvo errante por el campo como un mendigo común, proclamando, “Yo soy Salomón”, para la burla de todos, quienes lo consideraban un loco. El Talmud dice que al principio Salomón reinó sobre el mundo entero, y más tarde reinó sólo sobre su bastón (Sanhedrín 20b) . Rabí Jaim Shmulevitz señala que a pesar de su precipitada caída desde las más grandes alturas hasta las más bajas profundidades, Salomón nunca perdió su sentido de realeza. Cuando todo lo que tuvo fue su propio bastón, él se consideró a sí mismo monarca sobre su bastón. Su sentido de dignidad y autoestima nunca lo abandonó siquiera en el peor de los momentos.
A pesar de que la humildad es la más grande de todas las virtudes, nosotros debemos recordar que una saludable autoestima es esencial para el servicio de Di-s. “Su corazón era excelso en los caminos de Di-s” (II Crónicas 17:6). Cuando circunstancias deprimentes amenazan lanzar a uno a la desesperación, uno debe reunir fuerza y coraje para mantener la dignidad y el respeto de sí mismo debido a que fue creado a la imagen de Di-s.

Extraído de “Viviendo cada Día” Editorial Bnei Sholem

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