El desafío de Abraham

No importa cuánto se haya esforzado y dedicado el hombre por lograr su propia perfección, aún no ha alcanzado el objetivo final de su existencia en tanto no se haya preocupado por lograr que sus hijos continúen como judíos fieles y den continuidad a su obra tras él.

En esta Parshá está escrito Lej Lejá (“vete para ti”), al ordenarle Di-s a Abraham que abandone su tierra, mientras que en la Sección de la Akeidá (Bereshit 22:2), también utiliza el mismo término, al ordenarle sacrificar a su hijo; no obstante no sabemos cuál es el más preciado.
De momento que está escrito: “a la tierra de Moriá”, resulta que el segundo es más preciado (Midrash Rabá).
No importa cuánto se haya esforzado y dedicado el hombre por lograr su propia perfección, aún no ha alcanzado el objetivo final de su existencia en tanto no se haya preocupado por lograr que sus hijos continúen como judíos fieles y den continuidad a su obra tras él.
Por eso, a pesar de que esta prueba a la que fue sometido Abraham -la de abandonar su tierra natal y el hogar paterno- fue enorme y difícil, con todo, no fue sino para su propia perfección, alejarse del ambiente corrupto y poder dedicarse por entero al servicio de Di-s.
Pero la segunda prueba a la que fue sometido, la de la akeidá de Itzjak, demuestra la preocupación de nuestro Patriarca Abraham por lograr la perfección de la educación de su hijo, al estar dispuesto a ofrendar a su hijo único como holocausto a Di-s, e imbuir su corazón con las cualidades de Amor y Temor a Di-s, hasta el punto de que éste se dirija a la Akeidá con alegría.
De ello aprendemos la grandeza y perfección personal de Abraham.
De ahí que el segundo Lej Lejá, aquel que es expresado en relación con el Monte Moriá y la ofrenda de su hijo ante Di-s, sea más apreciado que el primer Lej Lejá, que habla sólo de la perfección personal de Abraham; pues el hombre carece de perfección absoluta si no educa a sus hijos a transitar por su propia senda.
(HaDrash VeHaiyún)
También esa es la intención de nuestros Sabios al decir: “La moneda de Abraham, nuestro Patriarca, muestra a un anciano y una anciana en el anverso, y a un muchacho y una muchacha en el reverso” (Talmud, Babá Kamá 97).
“Moneda” (en hebreo, matbéa), en su sentido espiritual, significa “estudio, sistema”.
Así utiliza el Talmud – Berajot 5b – esta palabra, al hablar del texto de las bendiciones).
La concepción de Abraham era que el esfuerzo invertido por el hombre a fin de lograr su propia perfección en el campo de la Torá y la sabiduría (simbolizado por el anciano y la anciana), ya que “no se llama anciano sino a aquél que adquirió sabiduría” (-Talmud, Kidushín 32b-) debe estar mancomunado con el esfuerzo en la educación de sus hijos pequeños, “un muchacho y una muchacha”.
Eso es lo que pretende enseñarnos Abraham con “vete para ti de tu tierra…” y “vete para ti a la tierra de Moriá”.
(Likutei Divurim)

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