Ki Tetzé- “Guerra y Paz”

Tres veces cada día, al concluir la plegaria central de Shmoná Esré (Amidá)alabamos al Altísimo como “Quien bendice a Su Pueblo Israel con la paz”. Y cuando se describe la bendición que nos otorga Hashem si seguimos Sus mandatos, declaran nuestros Sabios: “la paz es equivalente a todas las demás bendiciones”. Más aún: Shalom, la palabra hebrea que significa “paz” es uno de los nombres de Di-s.
¿Por qué tiene la paz un lugar tan importante en nuestra tradición? Esto se debe a que el alma de cada uno de nosotros es “realmente una parte de Di-s de Lo Alto”. Poseemos un deseo natural de brindar a esa chispa Divina la oportunidad de expresarse. Uno busca crecer armoniosamente en su comprensión y conducta en la Torá – la voluntad Divina- sin estar enfrentado a desafíos externos.
Desafortunadamente no es siempre posible. Vivimos en un mundo material que por naturaleza estimula el egocentrismo y la carrera por la satisfacción terrenal. En una realidad así la búsqueda de crecimiento espiritual puede llevar a menudo a conflictos de interés, y a veces, incluso a conflictos en el sentido más duro y literal.

HACER LA GUERRA
A esta temática alude el mismo nombre del párrafo bíblico de esta semana, KI TETZE, el cual comienza diciendo: “cuando salgas a la guerra contra tu enemigo”. En el hábitat natural del alma Divina, las esferas de los mundos celestiales supernos, no hay conflicto. Pero cuando el alma “sale” de ese esquema y desciende a nuestro mundo material, es enfrentada con desafíos que pueden requerir de ella entablar una batalla.
Esto se debe a que la existencia material incluye dos aspectos, contradictorios a simple vista. Nuestro mundo fue creado “porque el Altísimo deseó una morada en los mundos inferiores” (Midrash Tanjumá, Bejukotai. Véase Tania cap. 33 y 36). Es decir, que el universo puede – y ha de servir- como un lugar de residencia para Di-s, o sea, el marco donde está la Esencia del Altísimo revelada (tal como el hombre, que en su casa está con todo su ser, sin inhibiciones). Pero a su vez, el propio término de “mundos inferiores” implica un medio en el que la Presencia Divina no está aparente a primera vista. Al contrario, la naturaleza material del mundo parecería excluir a la santidad, es por eso que, el intento de resolver estos dos puntos contradictorios, y hacer del mundo inferior una morada para Di-s, se caracteriza por el conflicto.
Este es el verdadero sentido conceptual de la guerra a la que alude la Torá: la lucha por transformar incluso a los elementos más bajos y terrenales de la existencia en un lugar de residencia para Hashem. La Torá instruyó a los judíos a pelear por la conquista de la Tierra de Canaán, y a través de ello, convertir a un lugar de notoria depravación (véase Rashi, Levítico 18:3) en Eretz Israel, una tierra sobre la que está escrito que “los ojos de Hashem, tu Di-s, están sobre ella desde el principio del año hasta el final del año” (Deuteronomio 11:12).
Más aún, incluso también donde no hay un mandato explícito de hacer la guerra, está la posibilidad de extender las fronteras de lo sagrado, de manera tal que permita abarcar áreas de la existencia gobernadas previamente por lo meramente terrenal. Estos dos tipos de guerra, la ordenada (Miljemet Mitzvá) y la optativa (Miljemet Reshut) son conceptualmente, el cumplimiento de los 248 preceptos y 365 prohibiciones- que son un mandato obligado- y la santificación de la actividad personal que no va en contravención con las leyes de la Torá- que es optativa.

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No se debe temer asumir el mandato y la misión encomendados. Por el contrario, se nos aseguró la bendición Divina para el éxito: ¡”y lo pondrá (al enemigo) Hashem, Tu Di-s, en tus manos”!. Y esto se debe a que lo que dice el texto “cuando salgas a la guerra contra tu enemigo”, en realidad dice literalmente “sobre tu enemigo”. Puesto que a pesar de que el alma descendió a la dimensión de lo material, siendo que en esencia es “realmente una parte de Di-s de Lo Alto”, siempre posee la superioridad por sobre todos los desafíos. Si tan sólo lo decide firmemente, podrá llevar a cabo el mandato Divino de cumplir la Torá y las Mitzvot y hacer del mundo una morada para Hashem.

Likutei Sijot Shabat Tezté 5749, 5750.

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