Jaie Sara – “Belleza física e integridad espiritual”

y fue la vida de Sara, cien años, veinte años y siete años, los años de la vida de Sara”…(Bereshit 23,a)

Sobre el versículo “y fue la vida de Sara cien años, veinte años y siete años” dice el Midrash: “De los íntegros Conoce Di-s los años… tal como ellos (los piadosos) son íntegros así son sus años íntegros. A Los veinte años era como a los siete en belleza, a los cien era como a los veinte en el pecado”. De esta explicación surge que Sara era completa tanto en sus buenas acciones como en su belleza.
Esta combinación entre la integridad en los actos de bien y la belleza exterior requiere explicación. Además, de las palabras del Midrash “como a los siete en belleza” se nota que la perfección de Sara no implicaba sólo la belleza física, sino también su virtud espiritual. ¿De qué manera expresa la belleza física una integridad espiritual?

UNIÓN DE OPUESTOS
La explicación es la siguiente: La unión entre el alma y el cuerpo material es de dos entes opuestos. El alma es Divina en su misma esencia, y está más allá de los cambios generados por el tiempo y el lugar. En contraposición a ello, el cuerpo material está supeditado a las limitaciones del tiempo y del espacio. Vemos todos que el cambio en el tiempo y las condiciones del lugar lo afectan y alteran.
Cuando vemos a una persona que los años transcurridos y las vicisitudes vividas a lo largo de su vida no dejaron sus secuelas en el cuerpo, esto prueba que en esta persona brilla la luz del alma hasta tal punto que incluso su cuerpo se eleva más allá de sus propias limitaciones y se está nutriendo de la eternidad y del infinito del alma.

ENFRENTANDO LA AMENAZA
En términos generales, cuando el judío debe enfrentar a un medio que lo rodea y se opone a su fe y valores, tiene tres posibilidades de cómo actuar:
La primer posibilidad- vivir dentro de la sociedad e interactuar con ella, e inclusive inclinándose a verse influenciado por ella, sólo que habiendo tomado la firme determinación de pasar la prueba, logra sobreponerse a sus influencias negativas.
Una segunda posibilidad es aislarse de la sociedad y cortar con ella, de manera de no verse afectado en nada por ella.
El defecto que hay en ambas posiciones es que la sociedad sigue siendo una amenaza, y él está en una situación de enfrentar la misma lo que hace a través de su decisión y firmeza o a través de cortar los lazos.
La tercera posibilidad es que el judío irradie a su alrededor con tanta fuerza hasta convertirse en la figura que lidera e influencia a todos en su derredor. Ahí no hay ya posibilidad de verse influenciado por los que lo rodean. Este es el nivel más elevado y perfecto. Cuando la sociedad deja de ser una amenaza a sus valores y conducta en el camino de la Torá, siendo que es él quien la moldea y forma de acuerdo a sus principios judaicos.

RECEPTOR DE LA LUZ DEL ALMA
También en el “forcejeo” que existe entre el cuerpo y el alma caben entre estas tres tesituras:
Está la posibilidad de enfrentar los intentos de seducción del cuerpo por medio de decisiones firmes. Si es por él se dejaría llevar por los deseos del cuerpo, sólo que gracias a su firme resolución y determinación logra vencerlos.
Otra postura es la de cortar con los temas corporales y sumergirse totalmente en lo espiritual. El resultado será que el cuerpo y sus deseos no tendrán influencia sobre el hombre siendo que el hombre se desliga totalmente de lo material.
Pero en ambos casos el cuerpo permanece como una entidad independiente, en un estado de amenaza constante al alma, y ésta debe medirse con esta hostilidad por medio de la determinación o por medio del corte total.
La verdadera perfección consiste en que el hombre fortalezca tanto la luz del alma hasta que el cuerpo se anule y se someta totalmente al alma. En esta circunstancia, el cuerpo se convierte en un receptor e instrumento de la luz del alma, hasta no tener aspiraciones corporales, convirtiéndose en un canal e instrumento para lograr los deseos espirituales del alma.
Este era el nivel de perfección de Sara, la Matriarca: su alma brillaba tanto en su cuerpo, hasta tal punto que el cuerpo se convirtió en un receptor e instrumento del alma. Consecuentemente, el cuerpo material absorbió de la fuerza y eternidad del alma, y las variables del tiempo y del lugar no afectaron y no mellaron la belleza de Sara.
Resulta entonces, que la belleza de la matriarca Sara en realidad expresaba su belleza espiritual y su integridad en los actos de bien y en la vida del alma, hasta que la perfección del alma se expresaba también en la perfección del cuerpo.

(Likutei Sijot tomo 5, Pág. 92 )

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