Itró – “Un puente entre el cielo y la tierra”

“Y descendió Hashem sobre el Monte Sinaí” (SHEMOT 19,20)

En la Parshá de la semana, la Torá nos describe el gran evento de la entrega de la Torá sobre el Monte Sinaí. Se trató de una revelación Divina extraordinaria a los ojos de todo el pueblo. En ese momento Hashem entregó la Torá y sus preceptos al pueblo de Israel.Sin embargo cuando reflexionamos sobre las palabras de nuestros Sabios z”l, encontramos que el concepto general de Torá y preceptos no fue una novedad que apareció en el Monte Sinaí. Se nos aclara, que ya los Patriarcas1 estudiaron la Torá y cumplieron sus preceptos. Siendo así ¿en qué se refleja la novedad de lo ocurrido en el Sinaí?

EL REY Y EL DECRETO
El Midrash2 explica este interrogante através de una parábola: “¿a qué puede asemejarse esto? A un Rey que decretó y dijo: los ciudadanos de Roma no habrán de descender a Siria, y los ciudadanos de Siria no habrán desubir a Roma. En unos días, abolió el decreto y dijo `y yo empiezo´”. De la misma manera, antes de la entrega de la Torá fue dicho3: “los cielos son cielos de Hashem y la Tierra la entregó a los hombres”. Existía una separación entre el Cielo y la Tierra.Mientras que con la entrega dela Torá se abolió este `decreto´ y se generó una conexión entre el Cielo y la Tierra, siendo el Altísimo el que inició el cambio4: “Y descendió Hashem sobre el Monte Sinaí”.Los `Cielos´ simbolizan la dimensión espiritual,la Divinidad. `Tierra´ simboliza la materia y lo físico. Cuando el Midrash nos enuncia que antes de la entrega de la Torá había un corte entre el cielo y la tierra, nos quiere decir que no había posibilidad de unir la materia con el espíritu en un conjunto. Había aquí una brecha insuperable.Y es en esto donde radica lo extraordinario de lo sucedido en el Monte Sinaí:ahí se anuló desconexión absoluta existente y senos abrió la posibilidad de conectar al mundo físico y material con el Altísimo y Su Luz Divina.

NOSOTROS Y LOS PATRIARCAS
Cuando tomamos el cuero de un animal(algo absolutamente material), elaboramos un pergamino y escribimos sobre el mismo una Mezuzá o un rollo de Torá, este pergamino se transforma en un elemento sagrado. Se generó aquí la conjunción entre la santidad espiritual delas palabras de la Torá con un pergamino material,al punto que el propio pergamino adquiere santidad.También cuando un judío se coloca los Tefilín sobre su brazo y su cabeza, introduce una luz sagrada en su cuerpo físico. Incluso, cuando el judío consume carne y pescado en honor al Shabat, eleva esa carne y ese pescado de su estado material y los santifica, con la Mitzvá del placer del Shabat. Esta fuerza se nos confirió en el Monte Sinaí – la de impregnar Divinidad y santidad en el mundo físico.Los Patriarcas, aunque también ellos cumplían los preceptos, no poseían esta fuerza.Para ellos, los preceptos eran sólo entidades espirituales,temas del alma. Podían conectar con el Altísimo a su intelecto, a sus emociones y al resto de las fuerzas del alma, pero no poseían la capacidad de introducir e impregnar con santidad incluso el seno del mundo terrenal. No poseían la fuerza de tomar un objeto material y transformarlo en un elemento de santidad. Esta fuerza recién se dio cuando la Entrega de la Torá en Sinaí.

SE NOS DIO LA FUERZA
Previo a la entrega de la Torá, la materia constituía una contradicción, opuesta al espíritu.El hombre que aspiraba a acercarse a Hashem,estaba obligado a separarse lo más posible de la vida terrenal. Debía limitar su alimentación al máximo, así como el resto de las actividades terrenales,y tratar de vivir una vida absolutamente espiritual.Sin embargo, el acontecimiento del Monte Sinaí nos brinda la posibilidad de estar unidos y apegados al Altísimo, mientras desarrollamos una vida terrenal plena. Podemos servir al Altísimo por medio de comer y beber, por medio de trabajar, y a través de una conversación banal- si todo esto se lleva a cabo de acuerdo a los requerimientos de la Torá y con intención espiritual (“Leshem Shamaim”. Véase RambamHiljot Deot). Entonces la materia ya no contradice a la santidad, puesto que se nos proveyó con las fuerzas para compenetran con santidad incluso el seno del mundo terrenal y material,hasta el punto de lograr que la propia materia se transforme en un elemento sagrado.Y justamente en esto consiste nuestra función en la Tierra: iluminar al mundo todo con la luz de la Torá, y hacer de este mundo material un santuario y una `morada´ para El, bendito Sea.

(LIKUTEI SIJOT, TOMO 3 PÁG. 887)

NOTAS: 1. Kidushin 82,a Iomá 28,b 2.ShemotRabá Parshá 12:3Tanjumá Vaerá 15 3.Tehilim115:17 4.Shemot 19:20

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