Ekev – “Hambre y saciedad”

En dos oportunidades se menciona al man en nuestra Parshá…


En dos oportunidades se menciona al man en nuestra Parshá, y en ambas Moshé enfatiza que su consumición fue una suerte de aflicción: “y te afligió, te hizo pasar hambre y te hizo comer el man.” Y a continuación- “quien te hace comer man en el desierto… para afligirte y para probarte”.
Es verdad, los judíos se quejaron del man utilizando los términos “y ahora nuestra alma está reseca, sin nada, sólo hacia el man están dirigidos nuestros ojos”. Y asimismo “estamos asqueados del pan podrido”. Esto es asombroso, puesto que la Torá describe el gusto excepcional del man diciendo: “y su gusto es cual una torta de miel”. Nuestros Sabios, a su vez agregan y explican que este era un alimento Divino, fuera de lo normal. El hombre podía degustar con él todos los sabores del mundo. Además era digerido totalmente por el comensal, sin dejar desecho alguno. ¿Por qué comer el man era para ellos una mortificación?

Ese es su sistema
La Guemará explica que justamente estas virtudes mencionadas acerca del man, dejaban en los hijos de Israel una sensación de hambre. Les costaba acostumbrarse a un “pan del Cielo” que no tenía desechos y con el que pedían probar todos los gustos. Ellos deseaban comer un pan corriente, con el que se saborea lo que se ve.
Pero en realidad, estas críticas por el man eran producto del Ietzer Hará, el instinto del mal. Ése es su sistema: comienza disuadiendo en las cosas pequeñas, y lo va derrumbando hacia los pecados de gravedad. Lo mismo ocurrió con los judíos: comenzaron con quejas por el man, y de eso llegaron a “lloraba por las familias”, que como explican nuestros Sabios, alude a que se lamentaban por las prohibiciones recibidas con respecto a la vida familiar, las graves leyes de adulterio, incesto, etc.

El man en nuestros días
Este tipo de incitación del Ietzer Hará existe en toda época y en todo lugar. También en nosotros se queja del “pan del Cielo” y trata de persuadir al hombre a desear “el pan de la tierra”. El man, pan del Cielo, simboliza la sabiduría de la Torá. Mientras que el pan de la Tierra representa las ciencias naturales, las ciencias seculares. El Ietzer Hará argumenta que la Torá, el pan del Cielo, no lo llena, que con su racionalidad se queda con hambre.
El instinto del mal objeta: La Torá es infinita. Aunque la estudies, no llegarás a su final. Por el contrario, cuanto más estudies, más te percatarás de su infinidad. Es preferible estudiar las ciencias seculares, donde podrás sentir la plenitud del saciado y deleitarte con tu logro personal.

Estar lleno en el alma
En un nivel más sutil y delicado, el Ietzer Hará intenta convencer para que no se estudien las enseñanzas del jasidismo, la dimensión interior de la Torá, la que se compara con “el pan del Cielo”, y que uno se de por satisfecho con el estudio de la parte revelada y abierta de la Torá, el “pan de la tierra”. Y con argumentos similares.

Pero lo opuesto es la verdad: siendo que el judío es esencialmente una entidad espiritual, es imposible que experimente la verdadera plenitud interior de los temas terrenales. La verdadera saciedad del alma Divina puede darse solo a través del estudio de la Torá y de la dimensión interior de la Torá, a través de las cuales se une el alma con el infinito de Di-s.

Likutei Sijot tomo 4, Pág. 1102


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