Bejukotai – “Entender los decretos”

“y será él y su cambio sagrado” (Vaikrá 27:33)

Al fin de nuestra Parshá1 aparecen las leyes de “Temurá”. Esto se refiere a un animal que ya fue consagrado para ser ofrendado en el Sagrado Templo y que luego la persona resuelve cambiarlo por otro. La Torá establece: “y será él y su cambio sagrado”2- ambos animales, tanto el que fue consagrado originalmente como el elegido para suplantarlo, serán sagrados.
Este precepto corresponde al grupo de “decretos”- jukim- es decir, los mandatos de la Torá que no poseen explicación racional sino que constituyen un decreto del Altísimo. A pesar de ello, Maimónides dice3, que es nuestro deber buscar y encontrar razones también para estos preceptos, y él mismo da un motivo para la normativa de Temurá- el cambio.
“La Torá llegó a la intención final del pensamiento humano y parte de su inclinación hacia el mal. Está en la naturaleza del hombre acrecentar sus bienes y apiadarse de su dinero, y a pesar de que prometió y consagró para la santidad, puede que se haya arrepentido de ello”, y por ende debe sospecharse que si le autorizamos a cambiar un elemento que consagró por otro, va a cambiar uno valioso por otro barato. Por eso se fijó que los dos elementos permanezcan sagrados.

Tipos de motivaciones

Estas palabras de Maimónides despiertan un interrogante básico: ¿La diferencia entre los preceptos calificados como “leyes” (mishpatim) y los “decretos” (jukim) no es acaso que las “leyes” son aquellas normas que la razón humana puede comprender, mientras que los “decretos” son los superiores a la lógica del hombre? ¿Cómo entonces dice Maimónides que debe esforzarse para también entender la razón de los “decretos”?
La explicación de ello es que hay una diferencia esencial entre los dos tipos de motivos y razones: en las “leyes” los motivos surgen a partir de la razón del propio hombre, al punto de que si la Torá no los hubiera legislado, los deberíamos haber fijado nosotros mismos4. A diferencia de ello, los “decretos” tienen su fundamento en la lógica del Creador, y las motivaciones que encontramos en ellos son sólo un intento de descubrir razones comprensibles también en nuestro pensamiento.

Ver lejos

Así ocurre también con la ley de la Temurá (el cambio). Por nosotros mismos no hubiéramos instituido esta ley ya que la sospecha que plantea Maimónides no parece ser real. La ley marca que “no se redime los elementos sacros sino a través de tres versados”5, y además debe llevarse a cabo una licitación pública ¿cómo entonces puede uno llegar a cambiar un elemento sagrado valioso por otro barato?.
Por eso el Rambam enfatiza: “La Torá llegó a la intención final del pensamiento humano”- sólo la Torá, con su profunda visión, que indaga hasta el final de los procesos, sabe que si hemos de permitir a la persona cambiar los elementos sacros, finalmente está la posibilidad de que el instinto humano evada todas las barreras protectoras y finalmente profane bienes que pertenecen a la santidad.

Aceptación del yugo y alegría

De aquí aprendemos también la manera en la que el judío debe servir a Di-s: por un lado debe haber una base de “aceptación del Yugo Celestial”- los preceptos deben cumplirse porque son una orden del Rey, sin condicionar la obediencia a la medida de la comprensión personal de los mismos. Por el otro lado, Hashem quiere que intentemos comprender Sus preceptos en nuestra inteligencia, e incluso que encontremos razones para sus decretos, puesto que esto contribuirá a que también gocemos y festejemos su cumplimiento.
Y así será en la época de la Redención Mesiánica, cuando han de revelarse los motivos ocultos de la Torá, y entonces alcanzaremos el nivel más perfecto de servicio a Di-s, con la alegría y el placer más íntegros.

(Likutei Sijot tomo 32, Pág. 175)
NOTAS
: 1.Vaikrá 27:10,11 2.Ahí 32 3.Fin Halajot Tmurá 4.Ver Iomá 16,b 5.Rambam Hiljot Erjin

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