Ajarei Mot – “Corriendo detrás de ti”

“Atráeme, detrás de ti correremos, el rey me ha traído a sus cámaras.”
— Cantar de los Cantares 1:4
“Atráeme” — éste es el Éxodo de Egipto; “detrás de ti correremos” — ésta es la Cuenta del Omer; “el rey me ha traído a sus cámaras” — ésta es la revelación en el Monte Sinaí.
— Enseñanza Jasídica

Shir HaShirím —el Cantar de los Cantares del Rey Salomón que nuestros Sabios han llamado “el libro más santo de las Escrituras”1— describe nuestra relación con el Omnipotente por medio de la historia del amor entre una doncella y su amado, empleando las pasiones e imágenes del amor físico como una metáfora para el vínculo peculiar existente entre Di-s y Su pueblo. En cada relación hay momentos en los que uno de sus participantes toma la iniciativa, y momentos en los que es el otro integrante quien juega el rol activo. En el versículo citado arriba vemos el cambio de iniciativa de un participante a otro y viceversa: la doncella pide a su amado “atráeme” (la iniciativa es de él), le promete correr detrás de él (la iniciativa es de ella), y concluye hablando de como él la trae a sus cámaras (la iniciativa es de él). Este doble cambio de iniciativa se refleja en la interpretación del versículo por parte de nuestros Sabios como la voz de la doncella Israel recordando su “amor nupcial”2 por Di-s en el momento del Éxodo: “Atráeme” se refiere a cómo Di-s nos atrajo a Sí en un momento en el que nosotros, sumergidos en el paganismo de Egipto, no estábamos dispuestos o éramos incapaces de buscarlo por medios propios. “Detrás de ti correremos” habla de una fase en la relación —las siete semanas de preparación y auto-refínamiento que siguieron al Éxodo— en las que nosotros fuimos los cortejantes activos. Y, finalmente, “el rey me ha traído a sus cámaras” se refiere una vez más a un tiempo en el que nosotros fuimos los receptores pasivos de una iniciativa Divina: Di-s revelando Su esencia al hombre en el Monee Sinaí. Los cabalistas denominan estas contracorrientes de nuestra relación con Di-s con los nombres de “despertar desde arriba” (ataruta deleeilá) y “despertar desde abajo” (ataruta deletatá), y explican cómo, a semejanza del proceso en las relaciones humanas, ambas son necesarias para lograr una unión ideal. Es importante que nosotros “corramos detrás de ti”, que nuestras vidas se vean impulsadas por el anhelo de trascender lo mundano y alcanzar lo Divino. Pero también es importante que reconozcamos aquellos momentos y áreas de la relación en los que nuestras propias capacidades son excesivamente inadecuadas, y sólo podemos rendirnos a las fuerzas supremas que claman a nuestra alma.

Antes y Después:

Más específicamente, hay dos formas de “despertar desde arriba”: una que precede nuestra búsqueda activa, y una que le sucede. Como en el arriba citado versículo de Cantar de los Cantares, donde “atráe-me” es seguido por “detrás de ti correremos”, que es seguido, a su vez, por “el rey me ha traído a sus cámaras”. La primera iniciativa debe provenir desde Arriba. En las palabras del Talmud: “Un preso no puede liberarse a sí mismo de la prisión”3; el alma del hombre, confinada al cuerpo material y encumbrada por impulsos materiales, precisa un “despertar desde arriba” para activar su deseo de unirse al Omnipotente. Experimentamos semejante “despertar” todo el tiempo: ¿Recuerdas la última vez que te viste acometido por una alegría, temor, o remordimiento súbitos, que no tenían causa o fuente identificable? ¿O cuando te viste repentinamente sorprendido por la determinación de rectificar un pasado deficiente y poner un nuevo énfasis en tu desarrollo espiritual? Ese era Di-s acercándote a El, incitando el amor latente de tu alma a su Creador. Con demasiada frecuencia, este despertar retumba fugazmente en nuestra conciencia y luego se disipa sin ningún efecto real y duradero sobre nuestras vidas.con cada fibra de nuestro ser.

Por otra parte, sin embargo, hasta el más ambicioso de los esfuerzos humanos sigue siendo un esfuerzo nada más que humano, definido y restringido por las limitaciones del estado humano. De modo que tampoco éste logra la unión absoluta entre el hombre y Di-s. Así, las primeras dos fases de nuestra relación con Di-s son, ambas, inadecuadas, y por razones opuestas: porque el “despertar desde arriba” inicial aparece sin ningún esfuerzo e involucración de nuestra parte, está demasiado alejado de nuestra realidad corno para sernos significativo, mientras que nuestro “despertar desde abajo” es en demasía parte de nuestra realidad como para tocar verdaderamente lo Divino.
En consecuencia la tercera fase, un “despertar desde arriba” que sigue a nuestros propios esfuerzos por relacionarnos con Di-s. Porque viene de Di-s, es tan potente, infinito y auténtico como su fuente. Y porque ha sido precedido por nuestros esfuerzos, cae sobre tierra fértil, tocándonos hondamente y permeando nuestras vidas.
Esto explica también una curiosa discrepancia en la estructura gramatical del versículo de Cantar de los Cantares.
¿Por qué comienza el narrador en la primera persona del singular (“atráeme”), y cambia, en medio de la oración, a la primera persona del plural (“detrás de ti correremos”), sólo para concluir regresando al singular (“el rey me ha traído a sus cámaras”)?
Porque el despertar Divinamente iniciado toca el “uno” que hay en nosotros —la esencia singular de nuestras almas— en tanto que nuestra propia búsqueda de Di-s abraza la pluralidad de sentimientos, características, rasgos y facultades que constituyen el “universo miniatura”4 que es el hombre.
En nuestra relación con Di-s es importante que ambos elementos estén presentes; que sea tocado el núcleo más básico del ser, pero que también la superficie de nuestras vidas, con su enorme diversidad de impulsos, deseos y niveles de conocimiento, se vean perneados por una conciencia de Di-s y el anhelo ansioso de conectarse a El.
Sólo cuando están involucrados ambos, el “yo” como el “nosotros” del ser, la relación puede ser tanto verdadera como real, absoluta y relevante.
Ascenso Anual:

“Así dijo Di-s: recuerdo la bondad de tu juventud, tu amor nupcial, siguiéndome por el desierto, en una tierra árida”5. El Profeta habla del tiempo en que el pueblo de Israel siguió a Di-s saliendo de Egipto al desierto, donde fueron comprometidos al Altísimo en el Monte Sinaí. Como dijimos, la unión original entre Di-s e Israel también incluyó las tres fases mencionadas arriba: una iniciativa del novio Divino, la respuesta de la novia terrenal, culminando con otro “despertar desde Arriba”, siendo este segundo despertar uno estimulado por el “despertar desde abajo” que le precedió.Primero hubo un Éxodo, cuando “el Rey de todos los reyes Se reveló a ellos y los redimió”6. Por aquel entonces, el pueblo de Israel estaba inmerso en la idolatría de sus amos egipcios y carente de toda acción meritoria7; de hecho, el Midrash relata que cuando Di-s partió el mar para el pueblo de Israel y ahogó a sus perseguidores egipcios en éste, el Ángel de la Guarda de Egipto se quejó: “¿En qué son estos diferentes de estos? ¡Estos son idólatras, y estos son idólatras!”8 No obstante, Di-s eligió acercar a Su pueblo a Sí en un acto de amor unilateral.
Luego siguieron siete semanas de preparación intensiva por parte de Israel para hacerse a sí mismos dignos de la elección de Di-s: cuarenta y nueve días dedicados al refinamiento de los cuarenta y nueve rasgos del carácter humano9.
Esta es la fase de la relación a la que la doncella Israel se refiere cuando canta “detrás de ti correremos”; “nosotros”, el mundo plural de mi corazón mortal, corre detrás de Ti, Te busca en cada avenida de su ser fragmentado y diverso. Nos retrasamos mucho detrás de Ti, percibiendo apenas Tu sombreado dorso mientras corremos en pos de. Ti; pero corremos, impulsándonos a nosotros mismos más allá de la vida corpórea en la que hemos nacido, más allá de las convenciones de nuestra propia naturaleza.
La corrida de cuarenta y nueve días nos llevó al pie del Monte Sinaí.
Allí, “el rey me trajo a sus cámaras”, elevando nuestra relación a una cumbre de intimidad y unión que ningún amor generado humanamente podría haber logrado alguna vez. Pero porque esta iniciativa Divina fue precedida por nuestro “despertar desde abajo”, penetró nuestras almas despertadas y permeó cada recoveco y matiz de nuestros corazones dispuestos.
“Estos días son conmemorados y realizados”10. Las festividades ordenadas por la Tora no conmemoran meramente los eventos fundamentales de nuestra historia, sino que constituyen su re-experien-cia anual.
Cada Pesaj, somos nuevamente regados con un rebosante flujo de amor Divino unilateral, mientras Di-s nos atrae nuevamente a El. Esto es seguido por los cuarenta y nueve días de Sefirat HaOmer (la “Cuenta del Omer”), en los que una vez más trepamos los cuarenta y nueve peldaños de nuestra psiquis, refinando y elevando nuestro multifacético ser en procura de correr detrás de Di-s y volvernos dignos de Su abrazo. Así despertados, estamos en condiciones de experimentar verdaderamente la revelación Divina de Shavuot, el día en el que el Rey nos trae a Sus cámaras íntimas y nos permite relacionarnos con Su ser más íntimo.
Basado en Likutéi Sijot, Vol. I, págs. 266-269, y otros lugares

Notas:

1. Talmud, ladáim 3:5. 2. Jeremías 2:2. 3. Talmud, Berajot 5b, y en otros lugares. 4. Midrash Tanjumá, Pekudei 3. 5. Jeremías, ibíd. 6. Hagadá de Pesaj. 7. lejezkel 16:7; Rashi, ibíd. 8. Midrash Tehilím, 15:5. 9. Hay siete atributos básicos del corazón humano —jésed, guevurá, tiferet, netzaj, hod, iesod y maljut (atracción, rechazo, síntesis, competitividad, devoción, comu-nicatividad y receptividad)— cada uno de los cuales contiene elementos de todos los demás; esto hace un total de cuarenta y nueve emociones e impulsos en el carácter del hombre. 10. Ester 9:28.
Extraido de “El Rebe enseña”


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