Bendiciones matutinas

Como todos sabemos Hashem es el Creador del Mundo y Le da vida a cada instante y gracias a Él despertamos cada mañana. Por este motivo debemos agradecerle desde el mismo momento en que abrimos los ojos recitando la siguiente proclamación: “Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has restituido misericordiosamente mi alma dentro de mí; Tu fidelidad es grande”.

Luego procedemos al lavado de las manos que consiste en verter tres veces alternativamente, primero a la mano derecha y luego la izquierda con una jarra. A continuación de cumplir con el mandamiento relativo al lavado de las manos recitamos la siguiente bendición: “Bendito eres Tú Señor nuestro Di-s, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus mandamientos y nos ha ordenado lo concerniente al lavado de las manos”.

El cuerpo humano es una creación tan maravillosa que ni nosotros mismos llegamos a advertir los sin fin de procesos y funciones que cada órgano cumple. Desde el mismo instante que nacemos vemos la Mano Divina en cada cambio que se produce, por ejemplo: Antes de nacer el bebé está con la boca cerrada, y al nacer la abre para respirar. Si la abriera antes, todo el aparato respiratorio se inundaría del líquido que esta a su alrededor, cosa que pondría en serio peligro la vida del bebé. Sin no abriera la boca para respirar luego de nacer, el peligro no sería menor. Algo parecido sucede con el corazón del bebé, el ventrículo derecho esta en comunicación con el izquierdo, al nacer se cierra. Estos son algunos de los cambios que se producen en el cuerpo del niño al nacer.

por el Rab. Iosef  Feigelstock

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