Respetar el nombre de Di-s

La Torá nos ordena (Deut. 12:2-3-4), destruir todos los ídolos que los paganos sirven en las alturas de las montañas o a la sombra de los árboles y concluye, no harás lo mismo con Di-s tu creador.

Dado que destruir a Di-s es imposible, debemos interpretar la orden divina aplicada a Su nombre escrito. Por este motivo no debemos borrar el nombre de Di-s, sea cual fuere el idioma en el que esté escrito y sin depender sobre que superficie.

¿Cuándo se aplica esta Mitzvá? Cuando ésta palabra (el nombre de Di-s) fue escrita o impresa para nombrar al Todopoderoso que creó el universo en seis días y descansó en el séptimo, adquiere santidad y por lo tanto está prohibido borrarla o destruirla. No obstante si aquel que escribió esta palabra, la aplica con la intensión de nombrar a un ser superior o un dios de un culto idólatra, no adquiere santidad y por lo tanto no merece respeto.

Por este motivo, todo escrito de Torá, debe ser respetado y conservado en un lugar honroso, como un armario o baul, pero no en el piso o en el baño. Así demostramos nuestro respeto por la palabra de Di-s.

Cualquier texto sagrado que se encuentra fuera de uso ya sea por que se deterioró o está viejo, no debe ser arrojado a la basura ni quemado ya que de este modo estaríamos destruyéndolo, transgrediendo entonces el precepto de: “No borrar el nombre de Di-s”.

En los casos en los que no podemos o no queremos conservarlos debemos enviarlos a la Guenizá.

Lo mismo se aplica para Tefilín, Mezuzot (pesulim – descalificados, ya sea que les falta una letra o una parte de la misma) o un Sefer Torá que está fuera de uso por encontrarse deteriorado. Al no poder ser destruidos, también debemos mandarlos a la Guenizá.

¿Que es la Guenizá?

Es un lugar que cada comunidad debe disponer para la finalidad de guardar estos elementos que perdieron su utilidad. Una vez que se acumula una cantidad suficiente, se colocan todos los Tefilín, Mezuzot y Sifrei Torá que se hicieron pasul y se los guarda en un recipiente cerrado de cerámica. Luego se manda a enterrar, preferentemente junto a la tumba de un hombre sabio de la Torá (en un cementerio judío).

por el Rab. Iosef  Feigelstock

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