Ahavat Israel

Está escrito en la Torá (Vaikrá 19:18): “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Con este versículo el Todopoderoso no ordena respetarnos, honrarnos y amarnos como pueblo. Los alcances de este precepto incluyen aun a aquel que tiene limitaciones físicas o mentales, sea una buena persona o no.
Si nuestro prójimo está necesitado, debemos compartir lo nuestro con él.
Dado que esta Mitzvá involucra un sentimiento tan sublime como el amor y como tal, requiere del conocimiento más profundo entre las personas vinculadas, resulta difícil cumplir con un precepto que no sólo ordena amar incluso a un desconocido, sino también a alguien con discapacidades diversas.
El Creador regala a cada uno en el día de su nacimiento un cuerpo con sus virtudes y defectos y una cantidad de años por vivir. Si una persona recibió un cuerpo con limitaciones bien marcadas, no se debe a la falta de méritos, sino por la voluntad del Creador. Si nuestro cuerpo no tiene estos defectos, ello no se debe a un mérito personal, sino es un regalo que recibimos del Creador. Por ello debemos compartir el fruto de nuestras virtudes con aquellos que por sus incapacidades no pueden lograr. No obstante, si observamos con más detenimiento encontraremos que de algún modo todos tenemos virtudes únicas como así también defectos, sólo que tratamos, en la medida de las posibilidades, de ocultarlos. Sucede que hay quienes no pueden lograrlo, dado que estos son muy evidentes. Por ello debemos acercarnos y asociarnos también con quienes tienen discapacidades e incluirlos en la comunidad, ya que en la sociedad moderna sufren de soledad.
En el próximo número analizaremos como amar aun a quien que no se comporta correctamente.

por el Rab. Iosef  Feigelstock

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