Ahavat Israel X

En el número anterior analizamos la obligación de juzgar a nuestro prójimo meritoriamente. En este número analizaremos que pasa cuando está claro para nosotros que nuestro compañero actuó mal o en caso en el que nos dañó de algún modo.

Está escrito en la Torá (Vaikrá 19:17): “No odies a tu hermano en tu corazón. Debes reprender a tu prójimo y no cargues una falta por él”.

La explicación de este versículo es: “cuando tu compañero te daño de algún modo, no debes aparecer frente a él como un amigo mientras dentro tuyo domina el odio. Debes acercártele y reprocharle y pedirle cuentas acerca de su accionar, de este modo le permitiremos justificar su accionar o al menos darle pie para que te ofrezca su perdón o pagar los daños ocasionados. Cuando te dispones a reprochar a tu compañero, fíjate de no hacerlo frente a los demás para no avergonzarlo en público, por que si así lo haces tu serás el que comete el pecado. Es precisamente sobre esto que la Torá nos advierte “No cargues sobre él un pecado”.

El Tanaj nos cuenta que luego que Amnon poseyó a Tamar, su hermano Avshalom comenzó a odiarlo en su interior. Sobre este hecho, la Torá determina que ésta es la conducta de un Rashá (malvado). Este odio se incrementó hasta que al hallar un momento propicio, se alzo sobre él ultimándolo. Al final de la historia, Avshalom también fue asesinado. Nuestros sabios en su análisis de los acontecimientos declararon que el odio que se guarda en el corazón, destruye también al que lo posee.

por el Rab. Iosef  Feigelstock

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