Valorar el matrimonio

Todas las mañanas en la plegaria matutina (ver Sidur Tehilat Hashem Pág. 10) recitamos: “Estos son los preceptos que cuyos frutos el hombre goza en este mundo, en tanto que la principal recompensa se reserva para el mundo por venir… fomentar las paz entre el hombre y su compañero y entre el marido y su mujer…” de aquí aprendemos la importancia de cuidar y preservar la paz del hogar. Esto está incluido dentro del gran precepto de “amar a tu prójimo” El amor que le debemos a nuestro cónyuge y a nuestros hijos debe ser superior.

Dado que marido y mujer pertenecen a sexos opuestos, con orígenes de familia distintos, es de suponer que tengan opiniones diferentes en determinadas situaciones. Entonces debemos debatir nuestras ideas con respeto y respetar su opinión teniendo que ceder por amor al otro cuando esto sea necesario. Si actuamos de este modo, el resultado será que siempre ganaremos, ya que la paz y la armonía en el hogar es más importante que cualquier tema en el que estemos en desacuerdo. Tal vez perdamos la discusión, pero indefectiblemente ganamos en la armonía. Lo mismo ocurre con las diferencias que existen entre padres e hijos, ya que de hecho pertenecen a diferentes generaciones. Si queremos imponer siempre nuestra opinión a nuestros hijos, sólo estaremos ganando el tiempo que estén bajo nuestra tutela, mientras que en la primera oportunidad que se les presente, se revelarán a nuestra autoridad. Lo correcto es escucharlos y valorar su opinión y ceder cuando esto sea necesario. De este modo, los estaremos educando en el camino correcto y aún en su mayoría de edad seguirán la conducta en la que sus padres los educaron.

por el Rab. Iosef  Feiguelstock

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