La fuente de la vida

Di-s da vida y existencia al universo y a todo lo que existe. El es la Fuente de toda Vida.

Todo, y cada cosa existente, tiene una “chispa” Divina que la vitaliza y la mantiene en existencia. Si Di-s la privara de esa “chispa” Divina, ésta se extinguiría, regresaría a la no-existencia. Esta “chispa” es llamada Koaj hapoel benifal -”la fuerza del Creador activa en lo creado”—. Es como una piedra desplazándose por el aire hacia arriba, la que continúa en su curso ascendente mientras tan­to la fuerza de la mano que la arrojó está activa en ella; cuando esta fuerza cesa, la piedra cae nuevamente a tierra. Del mismo modo, Di-s, habiendo creado a las cosas de la nada (creatio ex-nihilo), éstas solo pueden existir mientras la fuerza Divina que las creó es mantenida en ellas. Este es el significado de las palabras que expresamos en nuestras plegarias matutinas, que dicen: “El, quien en Su bondad, cada día, constantemente, renueva la obra de la creación.” En otras palabras, hay un flujo constante de “vida” de la Fuente de toda vida, de Di-s, a esta tierra1.

El bienestar del mundo depende del cumplimiento del propó­sito Divino para la creación, el servir de “morada” para El; y esta con­dición puede ser lograda solo a través del cumplimiento de los precep­tos Divinos. En otras palabras, al cumplir con los preceptos Divinos, causamos el descenso de un mayor flujo de vida, desde la Fuente de Vida, a este mundo. Ello se debe a que todo existe con el deseo de Di-s; los preceptos son el deseo de Di-s, el deseo de Di-s es la causa de este mundo; de ahí que los preceptos son la fuente de vida.

Esto significa que, cuando cumplimos con los preceptos Divi­nos, evocamos la benevolencia Divina sobre nosotros y sobre el mundo que nos rodea; y es aquí donde reside el especial significado de cada precepto individual, un significado que es determinado por la “reac­ción” particular que este precepto evoca. Pues cada precepto tiene su contraparte en lo “alto”, para decirlo de algún modo. Por ejemplo, cuando tendemos nuestra mano para darle una dádiva a un necesitado, Di-s “tiende Su mano” para imponer bondad sobre nosotros y sobre el mundo; cuando observamos con compasión a los menos afortuna­dos, Di-s nos “mira con compasión” a nosotros y al mundo que nos rodea. Por supuesto, no debemos entender esto literalmente, ya que en Di-s no hay corporalidad, pero la “reacción” existe de todos mo­dos. Es más, esta “reacción”, el hacer descender benevolencia Divina a través del cumplimiento de los preceptos Divinos, se suscita sepamos o no en qué consiste en referencia a cada precepto.

En referencia a los preceptos negativos o prohibiciones, cuan­do nos abstenemos de transgredirlos, la “reacción” que resulta de ello es el evocar los poderes Divinos correspondientes para librar al mundo del mal.

Así, el cumplimiento de los preceptos Divinos tiene un doble efecto: por un lado eleva la materia física a su nivel más elevado y, si­multáneamente, atrae a este mundo vida y benevolencia Divinal Pode­mos no saber cómo sucede esta “reacción” Divina, pero podemos estar seguros de que al observar cada precepto positivo, y la abstención de aquellos negativos, se produce, indudablemente, una “reacción” Divi­na que nos trae vida, bondad y verdadera felicidad, en este mundo y en el mundo por venir.

Aunque ésta pudiera parecer una idea harto abstracta para todo aquel que está alejado del estudio de la Tora y de la observancia de los preceptos o Mitzvot cotidianas, es un hecho para los que sí la estudian y observan las Mitzvot, pues ellos sienten una dicha interior y satisfacción espiritual, sentimiento que no puede ser explicado en palabras pero que debe ser sentido para ser apreciado.

La Luz Divina en su forma revelada y perceptible, la que es atraída hacia uno mismo a través del cumplimiento de las Mitzvot, es llamada “Shejiná” (Presencia Divina). “Shejiná es un término que se deriva de las palabras Veshajanti Betojam —Moraré entre ellos— (Éxo­do 25:8), pues es la radiación original de la Luz Divina que es revelada en los mundos, y de esta fuente proviene el grado individual de luz y vida para todas las cosas (creadas) de acuerdo a su función… La vida y la luz emanadas de esta fuente, está meramente en forma de radia­ción, como la luz que proviene del sol (que no es el sol mismo); empe­ro, la propia Shejiná -el origen mismo de la luz revelada y su fuente-que es  fuente de toda existencia y vida, es algo que los mundos (fi­nitos) son incapaces de resistir, ya que si recibieran la luz de la Shejiná en su estado original, sin haber sido ésta velada y ocultada en una Ves­timenta’, dejarían de existir, siendo ‘absorbidos’ por su fuente, así como los rayos del sol, en su fuente, se pierden en el sol mismo, ya que éstos, allí, no son visibles, tan solo lo es la esfera solar. ¿Qué es esta vestimenta que puede ocultar a la Shejiná y ‘vestirla’ de manera tal que la luz pueda ser resistida sin expirar? Es la voluntad de Di-s, Su sa­biduría, etc., las que están investidas en la Tora y en sus preceptos, re­velados a nosotros … y junto con ellos (Tora y Mitzvot) viene la Shejiná…

Es entonces que cuando uno estudia la Tora, su alma y solo sus dos ‘vestimentas’ internas (facultades de expresión) -pensamiento y habla— son absorbidas por la Luz Divina y unidas con Di-s en forma absoluta, ocasionando que h Shejiná repose sobre su Alma Divina, co­mo han dicho nuestros Sabios (Pirkei Avot 3:6): “Aún cuando una persona estudia Tora sola, la Shejiná está con él!”. Empero, para atra­er la luz y radiación de la Shejiná para que ésta repose también sobre su cuerpo y “alma animal” es necesario cumplir con los preceptos pro­piamente dichos actuados por el cuerpo mismo, cuando la fuerza del cuerpo (físico) es también absorbida en la Luz y Deseo Divinos, y uni­dos a Di-s en perfecta unidad; y ésta es (la función de) la tecer “vesti­menta” del alma Divina — La Acción . . .

Esta mayor revelación Divina, traída a través del cumplimien­to de las Mitzvot o el estudio de la Tora, no implica, por supuesto, pluralidad o cambio alguno en Di-s, tal como ello se explica en el Tal­mud, en el Tratado de Sanhedrín (39b): “Cierto ateo preguntó a Rabán Gamiel: “Tú dices que siempre que diez israelitas se reúnen, la Shejiná descansa entre ellos; ¿cuántas Shejinot entonces tienes?’. A lo que Rabán Gamliel contestó con el símil del sol y sus rayos que entran a través de muchas ventanas, etc3 .

De lo que se dijo en este capítulo será mejor comprendido el significado de las palabras: “Ella (La Tora) es un árbol de vida para quienes se adhieren a ella” (Proverbios 3:18). Es aquí donde yace el secreto de la eternidad del judío, el secreto de su supervivencia, la fuerza de su espíritu. Es también la causa de porqué, mientras el judío se aferra a su Tora y fe, no existe fuerza alguna en el mundo que pue­da destruir al pueblo judío.

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