Arrepentimiento y Retorno a Di-s

Enseñan nuestros sabios que “es grande el arrepentimiento, porque trae curación al mundo”.

En los capítulos previos vimos que el máximo objetivo de la plegaria a Di-s es alcanzar un estado de silencio interior, nuestros ojos se elevan hacia El y su inminente salvación (que es “como un abrir y cerrar de ojos”) y nuestro corazón se llena de alegría (“alegría en el sufrimiento). Aquí el alma alcanza el nivel de la corona suprema, keter elión.

Más adelante explicaremos que este nivel es aludido en la frase “porque Yo soy Di-s, quien te cura”, cuyas iniciales forman la palabra Arij (literalmente, “el rostro amplio, extendido”, simbolizando la paciencia infinita) que es un apelativo de keter elión, la fuente de la curación (aruká, de la palabra arij).

El summun de la plegaria es el arrepentimiento (teshuvá, “retorno a Di-s”), que es el poder curador del alma. Toda dolencia o enfermedad deriva de un estado espiritual de “carencia” o “vacuidad”. En Kabalá, la palabra “enfermo” (jolé), cuyo valor numérico es 49, indica que la persona enferma carece del portal cincuenta del entendimiento (jamishim shaarei biná). Por lo tanto, “curar” es “llenar” o “completar” nuestra conciencia con ese portal.

El poder en el alma de completar todos los estados espirituales y físicos de vacuidad deben derivar de un lugar de “saciedad” consumada, un lugar en el alma donde existe todo (lo que necesitamos), no falta nada. Este es el nivel de keter elión, que al ingresar en la conciencia se denomina quincuagésimo portal de entendimiento. La aspiración conciente del alma de alcanzar este nivel es el servicio espiritual de teshuvá.

El corazón que verdaderamente entiende es el que sabe y desea retornar a Di-s y así ser curado. En las palabras de Isaías:

Y este corazón entenderá,
Y retornará y será curado.

Hemos estudiado en Kabalá y jasidut que hay cuatro niveles de carencia espiritual. Cada uno es el resultado de que en el alma se encuentra mancillada una de las cuatro letras del Nombre Havaiá. Por medio de la teshuvá sincera atraemos luz y energía curadora desde keter elión para satisfacer todas las carencias, para rectificar todos los defectos.

La carencia más elevada del alma es la necesidad que tiene nuestra conciencia de estar llena de la luz de los misterios de la Torá, esa luz que resuelve todos los conflictos de la vida, que responde todas las preguntas existenciales: porqué estamos aquí, hacia dónde vamos, porqué el Mashiaj aún no ha llegado.

Paradójicamente, en este caso, la mera preocupación o “angustia” con respecto a las preguntas existenciales de la vida es en si “teshuvá” (“retorno” a Di-s) y nos hace un recipiente para recibir la luz de los misterios de la Torá. (De aquí que, aún más que en los siguiente niveles de vacío espiritual, “[el mero] apercibimiento de la enfermedad es [en si mismo] la mitad de la curación”. En las palabras de nuestros sabios:

Los misterios de la Torá son concedidos
sólo a aquel cuyo corazón se acongoja dentro de si.”

Este nivel corresponde a la iud del Nombre Havaiá, el de la sabiduría Divina, la penetración dentro de los misterios de la Torá. Aquí, en realidad uno no está “enfermo” sino sólo “preocupado” o “ansioso”. (La letra iud de Havaiá corresponde al mundo de Atzilut, nunca “enfermo” pero continuamente preocupado y ansioso por manifestar todo su potencial Divino para revelar la infinita luz de Di-s y los misterios de la Torá a toda la realidad). La enfermedad real comienza en el segundo nivel de carencia.

El más elevado estado espiritual al que la Torá se refiere como “estar enfermo” es “enfermo de amor”, y así se describe en el Cantar de los Cantares:

Ayúdame con copas de vino,
Revíveme con manzanas,
Porque estoy enfermo de amor.

Es la ansiedad por regresar a nuestro ser amado, de quien nos hemos separado, enemistado y ser uno con él. Esta es la experiencia del exilio espiritual, el origen de las enfermedad, como ya explicaremos.

Aquí, es el “yo” alejado —el “yo” que ansía estar junto a “Ti” — quien está enfermo. Este estado de enfermedad refleja el mancillamiento espiritual de biná, correspondiente a la primera hei del Nombre Havaiá. Es aquí en particular donde la persona enferma es la que carece del portal cincuenta del entendimiento (biná), asociado en Kabalá con la experiencia consumada del amor descripta en el Cantar de los Cantares:

¡Qué hermoso y placentero eres, Oh amor de los placeres!

Los dos primeros niveles de carencia corresponden a las primeras dos letras del Nombre de Di-s Havaiá, la iud y la primera hei, conocidas en Kabalá como “las cosas ocultas [que] pertenecen a Di-s, nuestro Señor”. Siempre conciente de la Divinidad, aquí uno carece de la revelación Divina. Por el contrario, los dos niveles siguientes de carencia correspondientes a las dos letras finales del Nombre de Di-s Havaiá, la vav y la hei final, que son conocidos en Kabalá como “las cosas reveladas [que] pertenecen a nosotros y a nuestros hijos”, son estados de carencia de conciencia Divina propiamente dicho. Como explicaremos ahora, proporcionalmente al incremento de nuestras ansias por los placeres mundanos, vamos perdiendo conciencia Divina.

En el plano espiritual (las dos letras finales del Nombre de Di-s Havaiá son relativamente físicas, en contraste con las dos primeras que son relativamente espirituales), hay dos estados de dolencia o enfermedad; en las palabras de nuestros sabios (términos pertinentes a muchas leyes prácticas de la Torá): “una persona enferma que no está en peligro de muerte” y “una persona enferma que está en peligro de muerte”. Estos dos estados aluden, en el plano físico, a su contraparte espiritual o moral:

Una persona que no está en peligro de muerte” es la que tiene deseos de placeres mundanos que, en principio, son permitidos de acuerdo con la Torá. Aunque la Torá no nos prohíbe participar de estos placeres, el elemento de lujuria que está involucrado en su búsqueda conciente aleja nuestra mente y nuestro corazón de Di-s. Di-s quiere que nosotros, Sus hijos, participemos de todos los placeres que El ha creado en Su mundo para nosotros (dentro de los parámetros definidos por la Torá), pero también quiere que seamos totalmente concientes de Su presencia en todo y experimentemos (y expresemos) una sincera gratitud hacia El por Su benevolencia. La lujuria física deprime nuestro alma y la aleja de Di-s. Mancha en especial a nivel de las emociones del corazón (las seis midot desde jesed hasta iesod), que corresponden a la vav del Nombre Havaiá.

Una persona enferma que está en peligro de muerte” es la que está ansiosa por los placeres mundanos prohibidos por la Torá. Los mandamientos de la Torá son como la prescripción de un doctor. Aquello que la Torá prohíbe es mortalmente peligroso para el alma y el cuerpo. El peligro mortal se encuentra a nivel de maljut (“reinado”; está dicho de los reyes “y reinó y murió”), que corresponde a la hei final del Nombre Havaiá, de la que está dicho: “su pie desciende dentro de la muerte”.

Con la teshuvá llenamos todas las carencias y rectificamos las manchas de las cuatro letras del Nombre Havaiá. Atraemos luz y poder curador desde Arij, la corona suprema. Así como retornamos a Di-s (para “curar”, por así decirlo, las manchas que hemos causado en Su Nombre Sagrado), también El retorna a nosotros (para curar todas nuestras enfermedades espirituales y físicas).

En resumen:

el Nombre Havaiá sefirá categoría experiencia
Kotzó shel iud Punta superior de la iud keter elión porque Yo soy Di-s quien te cura” paciencia infinita
iud jojmá carencia de percepción Divina ansiedad existencial
hei biná enfermedad de amor Sentimiento de alejamiento de Di-s
vav las seis midot una persona enferma que no está en peligro de muerte” lujuria permisible
hei maljut una persona enferma que está en peligro de muerte” lujuria prohibida

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