Cashrut for export

Unos ítems imperdibles sobre Cashrut, sin desperdicio…


¿Dos pueblos?
Cuando una pareja joven, forma su hogar — debe procurar guardar las leyes de cashrut, aún cuando no lleve una vida religiosa completamente. Alcanza sólo con meditar en él hecho que existe una gran parte del pueblo judío que cumple con las leyes de cashrut para decidir que la nueva casa esté también abierta para ellos. ¿Acaso sería recomendable que un familiar, un vecino o un amigo cercano no puedan comer en nuestra mesa o servirse algún bocado? De ninguna manera. Esto traería la división del pueblo judío. También desde el punto de vista social es conveniente hacer el pequeño sacrificio de tener una casa abierta para todos, sin diferenciar el modo de vida. Se entiende que aquella persona que cuide dentro de su casa las leyes de cashrut, debe hacerlo también fuera de ella o cuando está fuera, comportarse como lo hace dentro de su propia casa. Debemos probarnos a nosotros mismos y a los demás que somos capaces de sobreponemos a un impulso y postergar el goce de un alimento por un determinado momento. La cashrnt se convirtió en una señal de reconocimiento y una muralla protectora para el hogar judío. Cuidemos esta muralla.

¿Cómo nos convertimos de vegetarianos a carnívoros?
En el comienzo de la humanidad el ser humano no podía comer carne. Cuando D’s se dirige a Adam, el primer hombre, dice:
“He aquí les doy todas las plantas de la tierra que producen semillas y todos los árboles que dan fruto. Todo eso les servirá de alimento. Pero los animales salvajes, a los que se arrastran por el suelo y a las aves, les doy la hierba como alimento, así fue” (Génesis 1:29-30). No carne, sólo hierbas y árboles. El hombre y todos los animales, debían ser vegetarianos y no les era permitido comer del reino animal.
Este período comenzó con Adán y Eva y perduró por diez generaciones y recién cuando Noé salió del arca al finalizar el diluvio, fue permitido comer carne.
Y así se dirige D’s a Noé y sus hijos (Génesis, 9:2): “Todos los animales del mundo temblarán de miedo delante de ustedes.
Todos los animales en el aire, en la tierra y en el mar están bajo su poder. Pueden comer todos los animales y verduras que deseen. Yo se los doy”. A Noé y sus hijos, que son el fundamento de la humanidad, les fue permitido todo ser vivo para su alimento, a pesar de que al entrar en el arca ya se diferenciaban los animales entre puros e impuros.
El único impedimento para ellos era la prohibición de comer un “miembro de un animal vivo”. El versículo dice:
“pero hay una cosa que no deben comer: carne con sangre” Todo el tiempo que perdure el alma dentro un cuerpo vivo, es prohibido comer de su carne, esta en uno de las sheva mitzvot bnei Noaj – siete preceptos de Noé -.
Además de la obligación de shejitá – degollar ritualmente al animal y ave – y la prohibición de comer partes de un ser vivo, se prohíbe ingerir cadáveres. La Torá que fue dada al Pueblo Judío en el monte de Sinaí, determina también una división clara entre animales puros, que nos son permitidos y animales impuros que nos son prohibidos.
Además : “No coman la carne de animales despedazados por las fieras en el campo, échensela al perro” (Éxodo 22:30). Está prohibido ingerir un animal que está lastimado o enfermo, que no puede vivir una vida normal por sí mismo, aunque se degüelle ritualmente.
De todo lo dicho anteriormente se puede concluir que existen tres tipos de prohibiciones básicas en todo lo referente al consumo de carne: – comer animales impuros, – comer animales puros, pero que no fueron muertos según la halajá, son llamados nevelá, – comer animales puros, que aunque hayan sido matados según la shejitá, tienen algún defecto en su cuerpo es llamado trefá.
La próxima etapa en la preparación de la carne para que sea casher, se hace en el cuerpo del animal. La Torá prohíbe determinadas partes, como la sangre, el cebo y el nervio ciático, el guid hanashé (Véase Génesis 32:25-33) del cuerpo de un animal puro y permitido, que no fuera trefá ni nevelá, aún después de shejitá. Cada uno debe realizar la extracción de la sangre de la carne en el proceso de cashrut. La comodidad
que proveen los carniceros al ocuparse de esta tarea redunda en perjuicio de los hogares judíos que así olvidan la forma de hacerlo. La extracción del cebo, las venas, los tendones, los nervios, que no son permitidos recae sobre un profesional -apto para ello- lamado menaker.
El nervio ciático ubicado en el cuarto trasero de la res y de difícil tratamiento, provoca su descarte total de la cocina judía en la mayoría de los países de la Diáspora.
Debemos destacar que, las normas de preparación de la carne casher, son complejas y sólo personas apropiadas pueden hacerla y sólo especialistas pueden dictaminar una halajá en estos temas. Estas personas han dedicado mucho tiempo y estudio para adquirir la suficiente experiencia. El que dictamina en todo lo referente a cashrut es el rabino, que fue preparado por los grandes sabios de la Torá y que tiene la capacidad de dictaminar la halajá respecto de lo permitido y lo prohibido.
El shojet (el matarife ritual) cuenta con una autorización, la kabalá, para matar un animal mayor (vaca, toro), un animal menor (ovejas, cabras) y existen algunos shojatim que tiene autorización sólo para aves. Junto con el shojet trabaja el menaker, ya nombrado, experto en la extracción del cebo, jelev, las venas y nervios no permitidos y sabe diferenciar entre el cebo prohibido y el permitido para el consumo. También es experto en sacar el nervio ciático. El menaker y el shojet reciben su autorización del Rabino y es él quien los debe controlar. El Rabino responderá las preguntas que surjan en el momento y revisará y controlará los cuchillos, para comprobar que no estén averiados, porque si existiera alguna imperfección en el cuchillo, la shejitá no es válida y el animal no podrá ser consumido. Estudios científicos han comprobado que el método judío de shejitá provoca un estado de inconsciencia inmediato en el animal y es uno de los métodos de degüello menos crueles.

Especies casher y no casher
En las diferencias entre los animales puros e impuros podemos distinguir tres categorías: animales terrestres, seres acuáticos, voladores.
La Torá fijó las siguientes reglas para los animales terrestres: “De todos los animales que viven en la tierra pueden comer: los que sean rumiantes y tengan pezuñas partidas —comerán” (Levítico 11:3). Si falta una de las dos señales, es decir: si no es rumiante o si no tiene las pezuñas partidas, es suficiente para prohibir su consumo.
El cerdo que tiene las pezuñas partidas pero no es rumiante es un animal impuro. Existen personas que incluso se abstienen de pronunciar su nombre y se limitan a llamarlo “aquella cosa”, tal es el desprecio atávico a ese animal y el respeto al mandamiento.
Deducimos de aquí que todos los animales de presa son impuros para el consumo del hombre (¿Se acuerdan el razonamiento del Najmánides?). Dentro de la familia de los animales puros encontramos sólo estos que no son animales de presa: vacunos, corderos, cabritos, ciervos, gacelas, gamos, cabros monteses.

Seres acuáticos
Los peces permitidos para el consumo son aquellos que tienen las siguientes señales de pureza: aletas y escamas. La característica indispensable con la que se reconoce un pescado apto para el consumo son las escamas, pues a pesar de que todos los pescados tienen aletas, solo los pescados permitidos tienen ambas, aletas y escamas como está escrito: “todo el que tiene escamas”. Esto descarta la ingestión de los mariscos, etc. y limita las especies casher a un número determinado de peces.
Los pescados se diferencian de las demás clases de carnes en algunas halajot básicas de cashrut:

a. No hay obligación de degollarlas ritualmente como está escrito en el libro de Números 11:22: “¿Dónde hay tantas ovejas y vacas que se puedan matar y que alcancen para todos?
Aún si le diéramos todo el pescado del mar no les alcanzaría”. Moshé se dirige a D’s y le pregunta si hay tantas ovejas y vacas que se puedan matar para el pueblo y si sería suficiente todo el pescado del mar para dárselos – y no que los degüellen, es decir que no existen con respecto a los peces las expresiones de nevelá y trefá – de hecho, al sacarlos del agua se precipita su muerte y no necesitan el degollamiento ritual.
b. La separación entre carne y leche, acerca de la cual comentaremos más adelante, no se aplica en el consumo de pescado y leche.
o. No existe la obligación de extraer la sangre.
A pesar de esto se acostumbra a separar una olla para la cocción y consumo de pescado y así se cuida el pescado en el estado de parve (neutro), para que su consumo sea posible tanto con comidas de carne como con lácteas. La cocción en una olla de carne, por ejemplo nos impide comer el pescado en un menú lácteo.
Los utensilios con los que comimos pescado deberán ser lavados para poder usarlos en el consumo de carnes o lácteos.
Todos los mariscos y “frutos de mar” como langostinos, y cangrejos, son impuros, pues pertenecen a la categoría de animales despreciables” y la Torá enfatiza que todo los seres que viven en el agua, ya sean de mar o de río, que no tiene aletas y escamas, deben considerarse “animales despreciables:
y de su carne no comerán” (Levítico 11:10).
Las sardinas que tienen escamas son aptas para comer, pero cuando compramos la lata en conserva debemos fijarnos bien en el aceite. Las sardinas que están en conserva en aceite de oliva, son aptas a pesar de estar elaboradas en la Diáspora, dado que la mayoría de las sardinas elaboradas en la Diáspora, casi siempre están conservadas en aceites prohibidos. Se debe exigir que estén bajo supervisión rabínica.

Extraído de Judaísmo Práctico del Rab. Israel M. Lau

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