La necesidad de dar (Primera parte)

Felices quienes son caritativos todo el tiempo. -Salmos, 106:3 La caridad transforma la materia en espíritu y vuelve fuego una moneda. -El Rebe

Después de su cumpleaños en abril de 1986 – todos los domingos por las mañanas se reunían miles de personas para recibir la bendición del Rebe. Iban desde los seguidores más íntimos a jefes de Estado, y algunas de las figuras más influyentes en los negocios y los espectáculos. Algunos buscaban una inspiración espiritual, otros consejo sobre cómo manejar un problema particular. Junto con la bendición, el Rebe le daba a cada persona un billete nuevo de un dólar, para que fuera dado en caridad. Durante los años que siguieron, entregó de este modo cientos de miles de billetes de un dólar, siempre con el recordatorio de la necesidad de dar a quienes lo necesitaban.

Todos sabemos que la caridad es considerada una virtud. Se ha vuelto parte de la textura de nuestras vidas, de toda nuestra sociedad. Los Estados Unidos en particular, con sus politicas humanitarias y su generosidad en ayuda interna e internacional, han hecho más por promover la caridad que cualquier otra nación del mundo.
¿Pero porqué nos sentimos obligados a hacer caridad? Es cierto que la caridad es señal de una sociedad sana y humanitaria, pero sin comprender por qué hacemos caridad, por qué sentimos la necesidad de compartir con los otros, nos queda una paradoja que en última instancia limita nuestra generosidad. ¿Acaso la caridad no va en contra de la naturaleza humana, al renunciar a lo que legítimamente es nuestro?
Por eso, debemos preguntarnos: ¿ La generosidad es parte de la naturaleza humana tanto como el egoísmo? ¿Cómo equilibramos los dos? ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a ser más caritativos? ¿Con qué frecuencia debería hacerse caridad, y de qué modo? ¿Debemos darla en forma anónima? Y sobre todo, ¿qué se logra realmente con la caridad, para nosotros y para los necesitados y para la sociedad en general?Quizá sería más sano simplemente ser caritativo sin analizar por qué, como hace tanta gente. Pero cuanto mejor comprendamos la dinámica genuina de la caridad, más podemos cultivarla dentro de nosotros, de nuestra familia y del círculo de nuestras amistades. Y un aumento de caridad sólo puede llevar a una vida más plena de sentido. Como está escrito en Proverbios: “El que se empeña en la caridad y la generosidad, encuentra vida, bondad y honor”.

La clave de la caridad está en comprender que no es sólo un regalo para quien recibe, sino para que el que da también. La necesidad de ser caritativo es una de las necesidades humanas más fundamentales; así como necesitamos comida y protección y amor, necesitamos compartir lo que nos ha sido dado.

La caridad es uno de los modos más simples y a la vez más profundos de ayudar a refinar el mundo material y unirse con el prójimo y con Di-s; y, en consecuencia, de cumplir nuestra misión cósmica. A través de la caridad introducimos unidad en un mundo diverso.
La caridad nos permite espiritualizar lo material, y poner en práctica nuestras intenciones virtuosas. Di-s podría haber distribuido con facilidad la riqueza parejamente entre toda la gente. Pero, como dicen los sabios, “Si todos fueran ricos o pobres, ¿quién sería generoso?” Así como Di-s sigue dando (cada fracción de tiempo, cada día en la Tierra), la caridad nos permite a nosotros dar, volviéndonos Divinos nosotros mismos. Recuerden: el dinero que damos no es nuestro; Di-s nos lo ha prestado para permitirnos el don de dar. Los que han sido bendecidos con más dinero, entonces, son los que han sido bendecidos por Di-s con la oportunidad y el privilegio de dar más, de ser más Divinos.

Por eso la caridad debe ser hecha con humildad. Si una persona rica da con arrogancia, pensando que está haciendo un gran favor, está tristemente equivocada: el favor se lo están haciendo a él. Reconocer este hecho vuelve el acto de la caridad mucho más virtuoso.
Después de todo, Di-s creó el universo como un sistema intrincado de dar y recibir; toda nuestra existencia gira alrededor de este tipo de relación. Así como las plantas, por ejemplo, necesitan el dióxido de carbono que exhalan los humanos, los humanos necesitan el oxígeno que producen las plantas. La caridad es una expresión más de este sistema: el dador y el receptor se necesitan uno al otro. “Más de lo que hace el rico por el pobre”, dicen los sabios, “hace el pobre por el rico”.
Además, la caridad es un acto de pura justicia. Es cierto que lo primero es la responsabilidad por la propia vida. ¿Pero acaso las comodidades y placer propios pueden ser más valiosos que las necesidades más básicas del prójimo? ¿Podemos perseguir los más altos logros intelectuales y espirituales cuando nuestro prójimo necesita ayuda en los asuntos más esenciales?

¿CUÁL ES EL PODER DEL DINERO?
De las muchas formas de caridad, la más poderosa es la monetaria. ¿Por qué? Porque el dinero es el modo en que la mayoría de la gente mide su propio valor. Porque invertimos tanto tiempo, energía y trabajo en ganar dinero que éste representa la energía misma de la vida. Por ello hacer caridad en dinero expresa la forma más profunda de dar y de refinar este mundo físico, orientado por naturaleza hacia el egoísmo.

Hay personas que sienten que ellas, y ellas solas, son responsables de su éxito, y que su inteligencia y capacidades lo produjeron. Éste es el desafío de la riqueza, que es muy serio: no dejar que nuestro propio ego nos engañe. “Debes recordar que es Di-s quien te da el poder de llegar a la prosperidad.”Sin este reconocimiento, el dinero se vuelve el símbolo final del yo egoísta, nuestro ídolo de oro” contemporáneo.
Esto no quiere decir que nuestro éxito no sea resultado de nuestros esfuerzos; por supuesto que lo es. Y debemos hacer todo lo posible por asegurarnos el éxito, no quedarnos sencillamente sentados esperando que el dinero venga por nosotros. Pero debemos reconocer que es la bendición de Di-s, y no exclusivamente nuestro esfuerzo, el que crea la riqueza. Como sabe cualquier hombre de negocios con experiencia, toda la planificación y el duro trabajo del mundo no es garantía de éxito.
El poder de la caridad es tal que no nos permite hundirnos en el auto interés. Los actos virtuosos son realmente buenos y elevan el alma, pero dar dinero en caridad es el modo más poderoso de espiritualizar lo material, porque significa dar un trozo de todo lo que somos: nuestra capacidad, nuestro esfuerzo, nuestra ambición, nuestra compasión.

En sí, el dinero puede ser una maldición. Por ser el epítome del materialismo, el dinero (y la riqueza) son cambiantes por naturaleza. El dinero en consecuencia puede provocar interminables temores, pues por mucho que tengamos, nunca estamos seguros de tener lo suficiente o de que no vamos a perderlo todo.
Cuando ponemos al dinero en perspectiva y reconocemos por qué nos fue dado, se vuelve una bendición en lugar de una maldición. Y usando la riqueza para fines caritativos y filantrópicos, que son para la posteridad, en lugar de gastarlo en el deseo del momento, nuestro dinero se vuelve eterno.

Un rabino notó una vez que mucha gente de su aldea se había obsesionado con amasar riquezas, a menudo a expensas del resto de los aldeanos. Reunió a todos. – “La fortuna del hombre es como una rueda girando”, dijo. – El que se sienta sobre la rueda y ríe es un tonto, porque cuando la rueda gire, quedará más bajo que aquellos de quienes se ríe. Y el que está abajo en la rueda y se lamenta de su suerte también es un tonto. En realidad, el hecho mismo de que ahora esté en el punto más bajo significa que en el próximo movimiento, su fortuna mejorará. Tanto unos como otros deben considerar la fortuna sólo como una rueda en movimiento, sin valor duradero, mientras que un solo acto virtuoso hacia el prójimo dura por siempre.”

Extraído de “Hacia una vida plena de sentido”, de las Enseñanzas del Lubavitcher Rebe, adaptado por Simon Jacobson.

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