Brit Milá : Todo sobre este milenario precepto

La circuncisión es la primera de las obligaciones del padre para con el hijo al tiempo que es el segundo de los 613 preceptos de la Torá…

El Talmud en el Tratado de Kidushín describe la distribución de los papeles entre los miembros de la familia y esboza líneas generales para las relaciones padre-hijo. Bajo el titulo de preceptos del padre hacia el hijo se encuentran todas las obligaciones del padre para con su vástago mientras que Preceptos del Padre es el nombre que recibe el conjunto de las obligaciones filiares para con sus progenitores. El Talmud nos dice que es deber del padre circuncidar a su hijo, redimirlo ante el cohen, instruirle Torá, casarlo, enseñarle un oficio y hay quienes dicen, adiestrarle a nadar.
Estos deberes tienen su vigencia desde el mismo día del nacimiento. A los ocho días tiene la oportunidad de cumplir con su primer deber circuncidando a su hijo. Posteriormente, si fuera primogénito, llegará el momento de redimirlo ante el cohen y posteriormente comenzará el largo e importante capítulo de la educación y la iniciación en el estudio de la Torá.

Brit Milá – Circuncisión
La circuncisión es la primera de las obligaciones del padre para con el hijo al tiempo que es el segundo de los 613 preceptos de la Torá.
La circuncisión recibe en hebreo el nombre de milá, pero por su significado se convierte en Pacto-Brit, ya que es una señal del pacto -ot brit- grabada en nuestro propio cuerpo como expresión del acuerdo entre Israel y el Eterno. En el pasaje de la Torá en el que se le ordena a Abraham circuncidarse y circuncidar a los miembros de su hogar se menciona la palabra pacto no menos de trece veces: “Este es el pacto -brit- que cuidaréis entre mi y vosotros y vuestra simiente: circuncidaréis todo varón”. Por un lado pacto y por el otro señal de ese pacto.
Tres son los preceptos de la Torá que reciben el adjetivo de pacto: la circuncisión, la observancia del Shabat y la colocación de los tefilín
La circuncisión no está limitada a un tiempo o lugar específicos. El varón judío, desde el octavo día de su nacimiento, lleva consigo la señal del pacto por siempre. La circuncisión ha sido sin lugar a dudas la señal que más ha caracterizado al judío como tal. Los sabios señalaron que a pesar de las diferentes vicisitudes que registró la historia judía, el brit milá continué siendo practicado por todos. Por circuncidarse muchos pusieron en peligro su vida ya que identificarse como judío era riesgoso en épocas de persecuciones y matanzas.
Cabe preguntarse si el Eterno quiere que su pueblo sea circunciso ¿Por qué no lo hizo nacer así? Los sabios responden a esta pregunta diciendo, que H’ quiso dejar el acto mismo de la circuncisión en manos de las personas para brindarles la oportunidad de identificarse como judíos a través de su propia acción. Este es el camino de la educación. La posibilidad de completarse, como producto de su propia acción: la decisión reside en el individuo. La filosofía educativa de la circuncisión representa la premisa de que en el mundo espiritual no hay nada obvio. Sólo la búsqueda constante en pos de su integridad y por formar a sus hijos, es garantía de que el individuo conozca su identidad y la defienda. En la lucha por mantener la identidad judía reside el secreto de la supervivencia de este pueblo cuatro veces milenario.
Es erróneo explicar la circuncisión con argumentos de índole sanitaria o estética (a pesar de que la ciencia médica ha llegado mayoritariamente a la conclusión de que es saludable). El verdadero objetivo es marcar en la carne el pacto sagrado con H’. Por esto el Creador fijó que el lugar del pacto sea en una parte del cuerpo donde no sólo no se genera un daño sino, además, se logra un beneficio sanitario, de modo tal que no se
pueda argüir que la circuncisión es una mera mutilación. El precepto es que la circuncisión se efectúe justamente en el octavo día y por esto predomina sobre el del Shabat si coincidiera con él. Sólo en caso de que el niño haya nacido el viernes por la tarde y que haya dudas si ya Shabat hubiera comenzado o no, se posterga la circuncisión para el domingo.
Hay ciertos casos en los que el brit milá se pospone hasta el día doce. Tal es el caso de un niño que nace en la tarde del miércoles en el límite con el jueves en un año en el que Rosh Hashaná es jueves y viernes. La circuncisión quedaría postergada para el domingo ya que la duda en cuanto a la fecha de nacimiento hace que no prime el precepto de la circuncisión por sobre la observancia del Shabat o los días festivos. De no haber duda respecto del día en que el niño nació, se puede circuncidar en Shabat e inclusive en Iom Kipur, con la condición de que los instrumentos de circuncisión estén preparados de antemano.
Si bien la Torá nos indica que la circuncisión debe ser al octavo día de vida, en virtud del principio de “Vivir en ella” (Levítico 18:5), En caso de que el niño padezca alguna enfermedad, como la ictericia, sea de escaso peso o sufra de cualquier impedimento en su físico, se posterga hasta que el medico lo autorice.
El cuidado de la salud es anterior a todos los preceptos positivos de la Torá de modo tal que se pospone la circuncisión también en caso de duda sobre el efecto que cause a la salud del neonato. Si el niño sufriera una enfermedad en todo el cuerpo se circuncida a la semana de la cura, ya que el día en que se restablezca, será considerado su día de nacimiento a efectos del brit. Si la lesión fuera de carácter local la circuncisión se ha de efectuar ni bien se sane.
El brit milá se puede efectuar a toda hora del día. Sin embargo, a los efectos de ser rápidos en el cumplimiento de los preceptos se acostumbra realizarlo en horas del día. Siguiendo una antigua costumbre se suele hacer la circuncisión inmediatamente después del rezo matinal en la sinagoga. De ser Shabat o Iom Kipur o cualquier día festivo se realiza en la sinagoga después del servicio de shajarit y antes de la lectura de la Torá. Hay costumbres particulares en las distintas congregaciones.

El orden de la Circuncisión
La circuncisión se realiza con un quórum de diez hombres mayores de trece años si bien la imposibilidad de lograr minián, no es causa de postergación. Debe ser realizada juntamente con un banquete en honor del precepto. El primer niño en ser circuncidado a los ocho días fue el patriarca Itzjak y respecto de su padre Abraham, la Torá nos dice: “Y creció el hijo y fue destetado y brindó Abraham un gran banquete el día que fue destetado Itzjak.
Abraham, ofreció un gran banquete, en ocasión de la circuncisión de su hijo. Abraham fue el primer hombre que’ recibió la orden de circuncidarse y hacer la circuncisión a sus hijos (Itzjak tenía ocho días al ser circuncidado e Ishmael trece años).
Dada la trascendencia de este precepto no se invita a la asistencia al mismo, sino que se avisa a la comunidad, los amigos y familiares el día y la hora de realización, partiendo de la suposición de que nadie ha de perderse tan magno acontecimiento.
El precepto de la circuncisión incluye tres fases que deben ser rápidamente ejecutadas por un mohel experimentado, temeroso de D’s, reconocido e idóneo en la materia y autorizado por las jerarquías rabínicas. Estas tres fases son:
milá -el corte, periá – el desgarre y reubicación de la piel y metzitzá – la succión de la sangre. Dada la importancia de este precepto se suele honrar en el mismo a más de un invitado. Los primeros en ser honrados con una participación son los padrinos o escoltas, (en hebreo shoshvinim y en idish kvater) una pareja casada o dos jóvenes próximos a unirse en matrimonio.
La madrina recibe al bebé de manos de la madre y entra con él a la sinagoga o al salón donde la ceremonia se lleva a cabo y se lo entrega a su marido o novio. Los padrinos devolverán al hijo a su madre después de efectuada la circuncisión. Otra participación que se concede es colocar al bebé en la silla del profeta Eliahu ubicada en el salón de la ceremonia.

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