Jinuj – Educación 1era Parte

¿A qué edad se debe comenzar con la educación de acuerdo al espíritu de la Torá y la crianza legítimamente judía de nuestros hijos?

…que el niño pueda entender:

Muchos padres opinan que la educación judía de los niños no puede comenzar si el niño no comprende lo que se le está enseñando. Así, posponen la educación judía hasta los siete u ocho años. Este punto de vista sin embargo, es contrario al dictamen de nuestros Sabios del Talmud, que nos dicen que la educación formal debe iniciarse cuando…

…el niño está aprendiendo a hablar:

Apenas éste aprende a articular sus primeras palabras (generalmente durante el segundo año de vida) debe enseñársele el versículo hebreo: Torá tzivá lanu Moshé, morashá kehilat Iaakov. Es obvio que el niño es aun demasiado pequeño como para saber qué es la Torá, quién fue Moisés y qué significa la congregación de Iaakov.
De todas maneras, dicen nuestros Sabios, se le deben enseñar estas palabras como una de sus primeras oraciones completas. Pero aun éste no es el principio de su educación judía acorde al espíritu de la Torá, pues comenzó cuando…

… niño estaba en la cuna:

La psicología ha “descubierto” que el recién nacido, en su cuna, absorbe ciertas impresiones duraderas del ambiente que lo rodea – un hecho del que se han percatado generaciones de madres judías, y de acuerdo al cual han actuado. Durante muchos, muchos años, las madres judías han serenado a sus sollozantes bebes acunándolos para que durmieran con una canción de cuna llamada Rozinkes Mit Mandlen, en la cual se destaca el alto valor de la Torá. Aún cuando el niño no puede pronunciar ni una palabra, ¡ya ha comenzado el proceso de su crianza judaica! Sin embargo, tampoco la cuna es la influencia más temprana a la que el pequeño es expuesto. La educación judía o jinuj comienza cuando…

… e1 niño está en el vientre:

Cuando el niño se encuentra en estado fetal, se está desarrollando en el vientre de su madre, las fuerzas que formarán y modelarán su futuro carácter y conducta ya están operando.
Por ejemplo, del mismo modo en que la constitución química de la dieta puede influir en el bienestar del embrión, así también la naturaleza espiritual de su dieta (en referencia al Kashrut) ejerce influencia sobre el desarrollo espiritual del niño que aún no ha nacido. La crianza de un niño de acuerdo con la Torá -el propósito esencial de la educación judía- comienza antes del nacimiento y…

…aun antes: El Talmud (Tratado de Kalá, 1) cuenta que cierta vez un grupo de grandes Rabi-nos notó que un niño resaltaba llamativamente como insolente y audaz. Dijeron que su anormal arrogancia y audacia habían sido causadas por deficiencias de su madre en el cumplimiento de las leyes de Taharat HaMishpajá – pureza familiar- en el momento en que este niño había sido concebido.
Jinuj, en consecuencia, no es un simple “problema” que se resuelve anotando al niño en una escuela hebrea, después de que ya ha aprendido y memorizado todas las propagandas televisivas y después de que ha desarrollado el ochenta por ciento de su entendimiento maduro.
En realidad, comienza mucho antes: mientras está aprendiendo a hablar, mientras aún está en la cuna, antes de nacer y, más temprano aún, antes de la concepción a través del cumplimiento de los preceptos familiares de Taharat HaMishpajá y su instrucción con respecto a la Mikvé.
Muchos de los padres judíos de la actualidad sufren desafortunadamente amarguras y desengaños como resultado del descontrolado desenfreno y rebelión de sus propios hijos. La Torá nos enseña que una de las causas primordiales de estos rasgos indeseables reside en la falta cometida por sus padres quienes, voluntaria o involuntariamente, omitieron implementar todas las etapas de Jinuj que hemos mencionado.

LA DIFERENCIA, AÑOS MÁS TARDE

La Torá compara al ser humano con un árbol (Deuteronomio 20:19) y al Tzadik a una floreciente palmera datilera (Salmos 92:13). En una declaración extraordinaria del Talmud, nuestros Sabios dicen que un Tzadik vive eternamente “porque mientras su semilla esté viva, también él lo estará” (Taanit 5b). Es de destacar que la palabra semilla se usa en lugar de descendientes, hijos o discípulos. Al elegir la expresión semilla, nuestros Sabios corporizaron ante nosotros las imágenes especificas y las ideas que esa palabra nos trae a la mente. Una de esas consiste en el magnifico proceso del crecimiento, el que transforma una diminuta semilla en una reproducción múltiple, ya sea en un grano o, en el caso de la semilla de una fruta, en un árbol frutal.
Educar un niño pequeño es como plantar una semilla. Pero no se trata del cultivo fácil de una simple planta. Se trata más bien de la nutrición de árboles frutales en potencia, lo que, en última instancia, tendrá como resultado generación tras generación de los de su clase. Por lo tanto, se necesita mucho tiempo y gran esfuerzo para asegurarnos de que nuestros hijos reciban una educación en el espíritu milenario de nuestra Torá, pura y apropiada.
Otro pensamiento que el Talmud pretende inculcarnos al usar el vocablo “semilla” se refiere al cuidado que requiere una planta o una semilla joven durante el proceso de crecimiento, y que el efecto de un cuidado adicional en una etapa temprana, se multiplica considerablemente en el producto final.
Si se hace una incisión en un árbol ya maduro, -el corte no se extenderá y el daño quedará confinado al área particular en donde se practicó el corte. Sin embargo, si se hace un rasguño en la semilla antes de plantarla, ello puede redundar -en marcado detrimento de toda la planta, llegando aun a deformarse todo el árbol como resultado de ese minúsculo rasguño.
De igual manera, si un hombre de edad mediana debiera llegar a hacer concesiones en el cumplimiento de la Torá, bajo circunstancias opresivas -Di-s no lo permita-, es más que probable que el entrenamiento y el hábito de sus años de juventud triunfarán eventualmente y, cuando ello sea posible, volverá una vez más a un cumplimiento integro de los preceptos de la Torá. En cambio, si educamos a nuestra juventud en el espíritu de hacer concesiones, ésta se verá privada de su calor natural y agudo entusiasmo por una vida plena de Torá. ¡Este “rasguño” en sus almas puede dar lugar, Di-s no lo permita, a una generación espiritualmente inválida!

EL ROL DEL PADRE

Cuando el Todopoderoso estuvo dispuesto a entregar la Torá al pueblo de Israel, le
pidió garantías de que los que la recibían continuarían estudiándola y cumpliendo lo que ella establece.
El Midrash (Shir HaShirínz Rabá 1:24) nos dice que los primeros garantes propuestos fue-ron nuestros antepasados, pero el Todopoderoso no aceptó este tipo de garantía diciendo: “Vuestros padres necesitan, ellos mismos, de garantes”, ellos mismos tienen sus deficiencias.
Una de esas deficiencias puede verse fácilmente en nuestras actitudes de hoy para con nuestros padres y nuestra respuesta a sus enseñanzas. Tratamos a nuestros padres con el mayor respeto y honor. los ponemos en hogares para ancianos con todas las comodidades materiales. Nos aseguramos de que tengan una hermosa sinagoga para rezar y -con un poco de suerte- un lugar en donde puedan estudiar Torá.
Pero cuando el padre ofrece una opinión acerca de la Torá y sugiere que el hijo sea más cuidadoso con su cumplimiento del Shabat, cuando el padre explica la eterna relevancia de la Torá y sus significativas demandas sobre la vida del hijo, cuando el padre insiste en que Torá -la instrucción Divina en el Desierto del Sinaí, en el ‘viejo mundo”- es la misma en el “nuevo mundo”, en América, en nuestros días, eso, el hijo no lo acepta.El hijo dirá: “Ocúpate de tus asuntos. No me digas cómo debo actuar. Yo soy un judío moderno, vivo en América, en el siglo XXI. Ajustaré el judaísmo y el Shulján Aruj (Código Judío de Layes) a la América moderna. ¿Cómo puede vivir un judío moderno de acuerdo a un código que se dio hace más de 3000 años a una tribu primitiva que vagaba por un desierto?”.

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