El Individuo en la filosofía de Jabad (2da. entrega)

Es bien conocido que el jasidismo presentó nuevos enfoques individualistas en la práctica de la plegaria.

Rebe y Jasid en la Plegaria:
Por ejemplo, tómese el párrafo sobre el estudio de la Torá y la plegaria en la conocida carta del Baal Shem Tov, enviada a su cuñado, Rabí Guershón de Kuty:
“Durante tu plegaria y estudio, en cada palabra, ten la intención de lograr unificación allí. Pues en cada letra hay mundos, y almas, y Divinidad, que se alzan y unen uno con el otro. Luego las letras se unen y unifican y se convierten en una palabra. Ellas logran una auténtica unidad con Di-s. Debes incluir tu propia alma con ellas a cada paso”.

Los elementos básicos de esto se repitieron en muchas enseñanzas similares emanadas del incipiente movimiento jasídico. Consideremos su efecto sobre la sociedad contemporánea. Podemos sugerir diferentes respuestas desde los dos diferentes sectores de la jerarquía del logro espiritual: los hombres de estatura, que sintieron ellos mismos que podían poner estos conceptos directamente en práctica; y los seguidores jasídicos, que creían en la autenticidad de este nivel de percepción mística en la vida del Tzadík pero no lo reclamaron en cuanto a su propia veneración religiosa.

Consideremos al último grupo. Este estaba compuesto por gente, miembros de la clase erudita, que no sentía que podían poner estas enseñanzas directamente en práctica. Cuando pensaban acerca de estas ideas y otras comparables, se llenaban de temor: la enseñanza indicaba la grandeza del líder jasídico, quien puede genuinamente moverse en mundos superiores, y quizás también de un círculo interior de hombres de estatura, los principales jasidím. En contraste, los miembros de este amplio “segundo grupo”, ya sea si los denominamos seguidores, o admiradores, continuaron rezando en un minián (quórum sinagogal) de la manera tradicional.

Sin embargo, es probable que el conocimiento de los logros especiales de los líderes en el movimiento jasídico tendría el efecto de mejorar la plegaria del jasid ordinario. La plegaria del jasid junto a un Rebe adquirió una dimensión especial de entusiasmo. Mediante éste, no reclamaba para sí estar entrando en los mundos superiores, pero sí experimentaba un nuevo sentido, adicional, de la importancia en su plegaria, no como un individuo sino como parte de un significado religioso dado totalmente por el poder carismático del Rebe. Aquí, el jasid de hecho perdió (o trascendió) su propia individualidad; con todo, quizás también aquí se descubrió a sí mismo en términos religiosos personales. Su fe en que el Rebe era capaz de llegar a la cima de la “escalera de la plegaria” dio un incrementado sentido de la importancia de su propia plegaria que estaba al pie de esa misma escalera, pero conectada.

Una extensión de esto es que el jasid sintió que la plegaria del Rebe era por él, el jasid. El Tzadík logró dvekut (éxtasis) en un nivel enaltecido, mucho más allá de lo que podría ser soñado por el jasid, pero en virtud de la conexión entre ellos, como es expuesto en las enseñanzas de un número de líderes jasídicos de antaño, el jasid es incluido de algún modo, y asistido, por las proezas místicas de “su” Rebe. Así, la plegaria del Tzadík abre una puerta para la propia espiritualidad del jasid. Fortalecido por el poder del devekut del Tzadík, él mismo puede rezar ahora con poder intensificado. La atenuación del individualismo conduce a la pasividad; aquí, en contraste, la purificadora penetración del Tzadík allana el sendero para la acción espiritual por parte del jasid.

Otro aspecto de la relación del jasid con el Rebe concierne al hecho de que el jasid se vio a sí mismo como un seguidor de un líder específico. A lo largo del jasidismo en las tempranas etapas del movimiento, y para ciertas personas en cada punto de su historia, la elección de un Rebe específico era cuestión del jasid como individuo. Hacia finales del siglo XVIII se propagó la idea, basándose en conceptos cabalísticos más antiguos, de que uno debe encontrar al Rebe que tiene la “raíz” específica de su propia alma. Los años adolescentes de muchos seguidores jasídicos en elaboración eran invertidos en deambular de una corte jasídica a otra a fin de hallar a su “propio” Rebe.

Una vez que el jasid encontró a su Rebe, su propio sentido de ser quedó con ello expandido. El no era simplemente un ordinario balebós, ni de hecho un ordinario pietista. El era un jasid de A o B o C, sintiendo que estaba en un camino específico, conducido por un maestro y guía espiritual particular. Cuando esa orientación misma pasaba por un proceso de desarrollo, el jasid trataba de mantenerse a la altura. Rabí Najmán de Braslav pasó transformaciones espirituales agudas, y seguidores cercanos tales como Rabí Natán Sternhartz y Rabí Naftalí de Nemirov se entregaron al Tzadík, a fin de dejarse llevar conjuntamente con él. Se cuenta la historia de que Rabí Najmán dijo una vez a Rabí Natán y a Rabí Naftalí: “¡Os tengo a vosotros dos atados en una bolsa!” Ellos respondieron: “¡Atanos con más fuerza!”

¿Es este abandono total del propio ser también un descubrimiento del propio ser? Un adagio de Jabad declara: “Pnimiut Jasid, Rebe” — la interioridad de un jasid es su Rebe. El reconocido individualismo de los líderes del movimiento jasídico evocó dentro de sus cercanos seguidores respuestas interiores que crearon un poderoso sentido de identidad y dirección, creando una nueva forma de individualista: el jasid.
En la tercera generación del jasidismo, en ciertas escuelas, se desarrollaron sistemas de plegaria individualista e intensiva para el jasid por propio derecho. Si en Braslav era el hitbodedut (diálogo solitario con Di-s) o en Jabad el hitbonenut (la meditación), habían aquí modos para que el jasid descubriera su propio mundo de espiritualidad.

Meditación Jabad:
El proceso de meditación es casi, por definición, una experiencia privada, llevando lo contemplativo más allá de la estructura normativa del servicio sinagogal. Hay descripciones del comportamiento de contempladores de vanguardia, tales como Rabí Nisán Nemenov (circa 1908-1984), quien como un joven en Kremenchug solía rezar “por cuatro horas, parado junto a la pared como un poste”12. El pintor Hendel Lieberman, hermano del famoso maestro de Jabad, Rabí Mendel Futerfas (circa 1909-1995) pintó un cuadro de un jasid sentado solo en una sinagoga, envuelto en un talit, inmerso en profunda meditación; el reloj sobre la pared muestra las tres de la tarde, obviamente una tarde de Shabat. La meta de este tipo de meditación extendida es bitul, auto-abnegación. El ego de la persona rezando se disuelve, como si fuera. El Aní (“yo”) se transforma en áin (la mística “nada”). La persona es capaz de darse cuenta, de una manera total y definitiva, que ein od milvadó, “no hay nada aparte de El”.

Esto presenta una pregunta, sin embargo: ¿Conduce la búsqueda jasídica de bitul, auto-abnegación, a una supresión del individuo como persona? La respuesta parece depender del nivel de identidad personal que está en consideración. La psicología mística de Jabad nos habla de dimensiones diferentes del ser. El nivel más exterior es el del “Alma Animal”. Cuando ésta logra abnegación, lo que se expresa entonces, en cambio, es la dimensión interior, Divina, de la persona. El individuo pierde un aspecto del ser pero gana acceso a otro.

Sin embargo, llegado a este punto, nuestra capacidad para definir “ser” e “individuo” es llamado a pregunta. La rendición total del ser es descripta como elevando a la persona a un plano más alto de ser. La definición sociológica del individualismo en el modernismo se vuelve inadecuada aquí. Quizás debamos más bien hablar en términos de la auto-trascendencia de un artista, y de su funcionamiento de una manera automática, más allá de la voluntad personal.

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