El Individuo en la filosofía de Jabad (1era entrega)

¿Cómo ve el jasidismo al individuo? Para un jasid, o un erudito del pensamiento jasídico, esta pregunta podría parecer más bien sorprendente, y apenas merecedora de formularse. El jasidismo, como todos los aspectos de la Torá, se centra en muchas dimensiones de la vida: el individuo, la familia, la comunidad, el mundo.

Sin embargo, no se trata de cómo otros, menos informados, ven al movimiento jasídico. Los jasidím parecen comportarse con mayor resignación que otros judíos ortodoxos en cuanto a la ropa concierne. Viven generalmente en comunidades cerradas. Su confianza en la orientación del Rebe es proverbial. Seguramente, alguna persona podría pensar, ¿no conduce todo esto a una atenuación de su individualidad?
Detrás de esta pregunta se esconde una sospecha más general: ¿El jasidismo tiene cabida en nuestro mundo moderno, o es algún tipo de resaca de épocas medievales? La tónica del modernismo es la de un interés por el individuo, más bien que considerar a la gente sólo en términos corporativos, como miembros de una tribu o clan, o de una hacienda en el sistema feudal. Un aspecto común de la Edad Media era el castigo colectivo, aplicado a una aldea o pueblo entero, sin preocupación alguna por el sufrimiento de aquellos que eran inocentes. En contraste, en nuestra época, el valor, el poder y la responsabilidad, son atribuidos a la “persona”.

Como describen historiadores y sociólogos1, hay también un concepto que hace a la peculiaridad de cada individuo, y de una tarea única para la que él o ella han sido convocados. En consecuencia, el individuo, hoy, es propenso a pensar en términos del objetivo de la obra de vida personal como un fin en sí mismo, con el empeño de dar expresión a la propia personalidad desarrollando conscientemente todas las capacidades y potenciales que uno tiene. Esto va acompañado de la conciencia y búsqueda de independencia personal y a la vez de un sentido de responsabilidad hacia la sociedad, la noción de una tarea personal por ayudar para proteger o mejorarla y el deseo de justicia social.

Todo esto representa lo que podríamos llamar la visión optimista y positiva del individuo en la sociedad moderna. Hay también una perspectiva contraria, negativa, que sugiere que bajo condiciones modernas esta forma positiva de individualidad se vuelve cada vez más difícil de obtener; tanto la identidad social como la unidad interior de la persona se disuelven. La literatura del siglo XX provee un número de ejemplos que dan expresión a este sentido de pérdida, tales como los trabajos de Franz Kafka.

Viviendo en la sociedad occidental, y hondamente afectado por sus valores, el judío moderno es proclive a evaluar fenómenos judíos en términos tomados de la cultura general. Esto nos lleva de vuelta a nuestra pregunta: ¿Cómo ve el jasidismo al individuo? Intentaremos examinar esto primariamente en términos históricos, pero sugeriremos que son relevantes también al presente.
Consideremos algunos contrastes pertinentes. Los Maskilím (Iluministas) absorbieron el concepto básico de individualismo, sin usar específicamente el término, junto a otros aspectos del Iluminismo. Atacaron aspectos de la vida judía que parecían manifestar opresión del individuo, tales como casamientos arreglados y la se-veridad de la ley judía. En gran medida, esta crítica de los siglos XVIII o XIX continúa hoy.

En el caso de los oponentes al jasidismo de hace un siglo había un fuerte foco en el individuo en la forma de la búsqueda de excelencia intelectual y pietista. Había una afán general por ser un gadol beIsrael (un Grande en Israel), de escribir comentarios originales sobre el Talmud, y de lograr alturas cada vez mayores de espiritualidad y piedad personal como se elabora, por ejemplo, en el Mesilat Iesharím de Rabí Moshé Jaím Luzzato. Todo esto conduciría a un fuerte sentido de auto-mérito y plenitud — con el que el individuo podría tener que lidiar en su pietística procura de humildad. Esto estaba vinculado a la novedad intelectual de los sistemas de análisis talmúdico desarrollados en las Ieshivot lituanas en el Siglo XIX, y también con los intensivos ideales reformadores del movimiento del Musar (Etica Judía). Estos ideales se centraban en el individuo en una nueva forma de pietismo asceta, y también en la esperanza de transformación de la sociedad en general.

¿Pero qué de los jasidím?
Los estudios y libros populares sobre el jasidismo han tendido a centrarse en la figura del Tzadík o Rebe. Si el jasidismo se mide solamente por sus líderes, parecería un movimiento altamente individualista. La situación es bastante diferente, sin embargo, en cuanto a los seguidores jasídicos. Si la “fe en el Tzadík” es la meta espiritual extrema, ¿dónde deja eso al jasid como individuo? ¿No conduce el hecho mismo de ser un jasid de un Rebe a un enmudecimiento de la propia indivi-dualidad?
El Individuo en la Vida Judía

Comencemos definiendo una forma básica de individualismo judío, específicamente el de la vida diaria normativa, vivida según la halajá (Ley Judía). Por su intermedio hay una sensación de relación personal con Di-s, mediante la cual el individuo siente que los detalles de su existencia están imbuidos de significado y poder. La ejecución de una mitzvá (ordenanza Divina) cambiará y mejorará el mundo, al grado de que la persona puede sentir que “su” mitzvá es parte del proceso de traer al Mashíaj.
Esta dimensión normativa de la importancia del individuo es explícitamente declarada en los escritos de Maimónides:
“Cada persona debe verse a sí misma como medio justa y medio culpable, y similarmente al mundo entero como medio justo y medio culpable. Si comete un pecado, inclina la ba-lanza para sí y para el mundo entero hacia el lado de la culpabilidad, y ocasiona destrucción. Si cumple un único mandamiento, inclina la balanza para sí y para el mundo entero hacia el lado del mérito, y trae salvación para sí y para los demás”2.

Esta idea fue ampliada por los cabalistas, quienes explicaron los detalles del proceso mediante el cual una mitzvá transforma al mundo. Sin necesidad de ser místicos, la creencia en este poder de la halajá normativa caracterizó a la sociedad de la cual creció el jasidismo. Este sentido de valor religioso fue ratificado por las estructuras sociales. En el curso normal de la vida judía, la estructura jerárquica de la familia prestó fuerza al sentido de mérito para ambos padres independientemente de su status social. Formalizado me-diante ceremonias dentro del hogar, como ser la celebración de las comidas del Shabat y las Festividades, y particularmente la conducción del Seder de Pesaj, cada jefe de familia se convirtió en un auténtico “dueño de casa”, un balebós, mientras su esposa era una baleboste. Estos términos con-llevaron algo de la fuerza liberadora de la palabra “ciudadano” que, hacia finales de la Edad Media, era parte del proceso de emancipación del individuo en el mundo no-judío circundante.

Independencia de la Juventud
Mientras este énfasis en la importancia de ser dueño y, en gran medida, señor, de una familia, probablemente fortalecería el sentido de poder de los individuos en esa posición, podríamos esperar el efecto complementario de un sentido de impotencia en sus hijos. Es interesante, por lo tanto, notar que la ley judía acuerda formalmente considerable independencia a los jóvenes dentro del contexto de los ideales de la vida judía. El versículo “Cada persona debe temer a su madre y a su padre y observar Mis Shabat” (Levítico 19:3) es explicado por los Sabios como significando que si un padre ordena a un hijo desobedecer la Torá, él o ella deben seguir la ley de la Torá y desobedecer a sus padres. El Shulján Aruj (Código de Ley Judía) declara que un hombre puede irse muy lejos para estudiar Torá contra la voluntad de su padre, y análogamente puede casarse con la mujer de su elección a pesar del desacuerdo de sus padres, una idea basada en una Responsa de Rabí Joseph Colón en el Siglo XV3.
En los albores del jasidismo, la pregunta de obedecer a los padres se convirtió a veces en un tema de análisis. Una carta de Rabí Shneur Zalman a un Rabino no-jasídico defiende a sus seguidores en la comunidad de ese Rabino, quienes habían entrado en conflicto con sus padres a causa de su adherencia al movimiento jasídico.

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