El propósito de la creación

En todas las épocas, la pregunta “¿cuál es el propósito de la creación”? ha concitado la atención de filósofos y pensadores. Vemos también que la misma pregunta está relacionada con esta otra: “¿Cuál es la función del hombre en el designio de la Creación?”, y como es de esperar, Jabad trata ambas preguntas con gran extensión.

Someramente, la explicación es la siguiente:

Antes de que el universo fuera creado, estaba solo Di-s, la Unidad Perfecta, llenando todo “espacio”, incluso el “espacio” del mundo creado posteriormente i. Di-s se mantuvo sin cambios después de la creación, ya que las innovaciones se dieron solo en las cosas crea­das, las que recibieron existencia y vida de Su Luz Infinita2, después de que la Luz y la Vida que emana de El fueran tan “reducidas y mini­mizadas” como para poder estar en una posición de dar existencia y vitalizar a cosas materiales y corpóreas. Fue así como una serie de mundos fue creada, uno “más burdo” que el otro, ocultando sucesiva­mente la Luz y Vida emanantes del Creador, hasta llegar a la forma­ción de nuestro propio mundo material y corpóreo, el más bajo en cuanto a ocultamiento de la Luz Divina, el más oscuro en la oscuridad, hasta el punto que es posible la existencia de cosas que están en desa­fío a Di-s3.

En vista de que nuestro mundo es el último y el “más bajo” en la cadena de creación, por debajo del que no hay otro, se deduce que éste, nuestro mundo material, constituye el objetivo principal de la Creación. Más aún, la cadena de los distintos mundos, cada uno inferior al otro, no puede haber sido creado en función de los mundos superio­res ya que en relación a ellos, éstos constituyen un “alejamiento” de la Luz de Di-s, ya que nunca se pueden elevar por sobre el nivel en que su status ha sido permanentemente fijado. Pero la cadena debió haber sido creada para éste, nuestro mundo, el más bajo, donde el hombre ha sido dotado de fuerza para subyugar las fuerzas del mal y convertir a la oscuridad en luz, una luz que se verá más luminosa en virtud del contraste con la oscuridad, dando así al hombre la oportunidad de ele­varse aún por sobre el nivel de los mundos más elevados*.

Similarmente, es lógico deducir que el hombre es el objeto de este mundo, ya que fue el último en ser creado, precedido por el reino animal, el vegetal y el mineral, en ese orden.

Prosiguiendo, en vista de que éste, nuestro mundo, es la meta de la revelación Divina, y el hombre es el objeto o meta de este mun­do, se desprende que el destino del mundo está íntimamente ligado al del hombre.

Dijeron nuestros Sabios: “Di-s deseó tener una morada en el mundo más bajo” (“bajo”, en el sentido de la coporalidad como fuera explicado anteriormente) (Tanjuma, Naso 16). Rabí Shneur Zalman explica esta sentencia con las siguientes palabras: Fue Su voluntad el derivar placer de la subyugación del Sitrá Ajará6 y la conversión de la oscuridad en luz1.

Está en la naturaleza del bien el hacer el bien*. Di-s es bien y, por eso, El dio existencia y vida a los mundos y a las criaturas. Por su­puesto Di-s pudo haber prescindido de nuestro mundo y en el proceso de emanación Divina haber concluido la Creación con las criaturas más elevadas, como ser los Angeles. Mas “Una vela brilla con más in­tensidad en la oscuridad” y “La superioridad de la Luz es mejor apre­ciada en comparación a la oscuridad.” Fue el propósito de Di-s el ser reconocido aún por criaturas terrenales y materiales, y que Su “Luz” sea revelada en este mundo oscuro a través de la subyugación de las fuerzas “desafiantes”‘.

Es aquí donde reside la función del hombre. Cuando el hom­bre bebe y come, no con el simple propósito de satisfacer su hambre y su sed, como un animal, sino que lo hace con la idea de tener fuerzas para cumplir con los preceptos Divinos; o cuando se esfuerza y trabaja no solo para vivir con comodidad, sino que facilita que otros puedan vivir, acatando el mandamiento de caridad, entonces, el aumento que come y digiere, y la energía extraída de los mismos, son aplicados pre­cisamente al propósito de convertir lo material en espiritual.

Más aún, cuando el hombre cumple su función y misión en la vida, no solo consigue lograr su propia meta en el proyecto de la Crea­ción a él impuesto, sino que también ayuda al resto del mundo que lo rodea, incluso al reino animal, el orgánico y el inorgánico para que ellos logren su meta. Pues todo lo que ha sido creado en este mundo, ha sido puesto al “servicio” del hombre. El hombre depende de otras formas de vida (inclusive lo inanimado, que también posee una “chis­pa Divina” que lo vitaliza y lo mantiene en existencia10), para su sus­tento. Entonces, cuando el hombre aplica la energía que deriva de, a manera de ejemplo, un vaso de leche, para cumplir con su misión en la vida, resulta que la vaca que la dio, la pradera donde ésta pastó, el vaso de donde la bebió, todo y todos los asociados en la producción de la leche y su transporte desde el tambo hasta la heladera, han cumplido con su parte en esta instancia. Por el contrario, si esta misma persona utiliza su energía para engañar o matar, o transgredir de cualquier otra manera los preceptos Divinos, no solo que ha fallado en cumplir con su misión en el designio de la creación, sino que se ha infligido un da­ño a sí mismo, a otros y al mundo que lo rodea11.

En resumen: Todo lo que el hombre hace, ya sea en la acción, el habla o el pensamiento, es posible gracias a la energía del cuerpo, el que funciona mientras la sangre fluya en sus venas. La sangre es produ­cida por los alimentos digeridos. La alimentación humana proviene de animales, vegetales y minerales. Por eso, cuando el hombre cumple con su responsabilidad y misión en la vida, no solo consigue un grado más elevado de perfección, sino que también da la posibilidad al mun­do que lo rodea (“su porción en el mundo”) a elevarse de un bajo ni­vel de corporalidad al elevado nivel de la espiritualidad. Es entonces, en realidad, cuando este mundo se convierte verdaderamente en “una morada” para el Creador.

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