Si es un Rebe, no debe de temer

Cuando las autoridades del gobierno llegaron a la casa de Rabi Shneur Zalman (el Alter Rebe), fundador del movimiento jasídico Jabad, para arrestarlo por primera vez, salió por la puerta de atrás y se internó en los campos, evitando temporalmente el arresto. La policía no lo encontró en casa, y se fue. Poco después, el Alter Rebbe regresó a su hogar.

Reb Shmuel Munkes, un importante discípulo del Alter Rebe, consideró la situación y decidió que debía hablar con su maestro. Golpeó la puerta de la habitación del Alter Rebe y se identificó. Rabi Shneur Zalman le permitió entrar y le preguntó a Reb Shmuel si era consciente de la gravedad de la situación. Reb Shmuel le relató la siguiente historia:

Rabi Menajem Mendel de Horodok tenía un chofer judío que empleaba con frecuencia. Pero como el Rebe no viajó durante muchos meses, el carrero y su familia sufrían de esta falta de ingresos. Finalmente, el conductor de la carreta vendió su caballo y su carro y compró una vaca lechera. Con los ingresos de la venta de la leche, el ex-chofer era capaz de ganarse la vida.

El tiempo pasó y el Rebe, de repente, llamó al hombre. –“Me gustaría que me llevaras a un viaje” -le pidió. -Lo siento, Rebe -explicó el hombre-, pero he vendido mi caballo y mi carro y he comprado una vaca de ordeño para proveer a mi familia. -

“Vende tu vaca y compra un caballo y un carruaje -le ordenó Rabi Menajem Mendel. Tengo que salir lo antes posible”.

Sin dudar, el hombre hizo lo que el Rebe le pidió. Mientras viajaban, el Rebe presionó al conductor, “Tengo prisa, vayamos más rápido.”

El conductor azotó a los caballos y el carruaje se aceleró. Iban cuesta abajo muy rápido, y el conductor no era capaz de controlar los caballos galopantes. Para su horror, vio que se dirigían directamente hacia una casa palaciega en el fondo de la colina. Sus esfuerzos por frenar a los caballos no tuvieron éxito y el carruaje atravesó el patio y se detuvo después de romper  una ventana de la casa. El poritz, dueño de la mansión, se enfureció y salió directamente hacia el carruaje, apuntando con su rifle al conductor. “¡Tú hiciste esto!” gritó. ¡No, no, yo no! -gritó el hombre aterrorizado. -¡No es mi culpa, sino la suya! -dijo se- ñalando a Rabi Menajem Mendel, que estaba sentado detrás meditando, ajeno a todo el incidente.

El poritz apuntó su rifle al Rebe. Cuando estaba a punto de disparar, se congeló, incapaz de mover cualquier extremidad en su cuerpo. Los otros miembros de la familia, también salieron corriendo afuera. Cuando vieron que el poritz estaba paralizado, rogaron al Rebe por su perdón y le pidieron que eliminara su maldición.

“Si promete no hacer daño a ningún judío, se curará”, respondió el Rebe.

El poritz indicó su consentimiento asintiendo ligeramente con la cabeza, y su capacidad de moverse le fue devuelta. Más tarde, mientras continuaban su viaje, Rabi Menajem Mendel se volvió hacia el conductor y le preguntó: -“¿Cómo has podido hacer esto?, ¿por qué me echaste la culpa?”

“Rebe”, respondió el conductor con sinceridad y con mucho respeto, “cuando dejó de viajar por meses, lo acepté, y luego, cuando me instruyó a vender mi vaca, lo hice inmediatamente. Sin ingresos, confiaba en que usted es un Rebe y tenía razones para hacer la petición, y cuando me ordenó que fuera más rápido lo hice, aunque ningún conductor de carretas permite que sus caballos corran cuesta abajo.

“Así que, cuando el poritz salió, pensé, si es realmente un Rebe, él no será capaz de hacerle daño. Y si no lo es, merecía todo el rigor por haber dejado a toda mi familia hambrienta de pan”

Concluyendo su historia, Reb Shmuel dijo al Alter Rebe: “Si usted es un Rebe, no tiene nada que temer al ser arrestado, y si no lo es, ¿qué derecho tiene para privar a miles de Jasidim de disfrutar de los placeres de este mundo?

De Early Chasídic Personalities, por Rabi Sholom Ber Avtzon

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