Fe en los Justos — Emunat Tzadikím

El 11 de Nisán el Rebe cumple años (sí, incluso ahora, como es conocido en los escritos de la mística judía que las almas continúan elevándose en forma particular en el día de su nacimiento incluso cuando están en las esferas celestiales). Ahora bien, esta fecha evoca en nosotros las innumerables historias de bendiciones suyas cumplidas. ¿Con qué autoridad bendice un Rebe?

La fe en los tzadikím, justos, es un tema que requiere comprensión y aclaración. Cada persona tiene una línea directa con Di-s, y no se nos permite rezar a intermediarios. De hecho, la propiedad de las plegarias donde parecemos estar pidiendo bendiciones a ángeles o su intervención en nuestro beneficio es tema de discusión entre los Sabios, y debe interpretarse de tal suerte que no quebrante nuestra creencia básica en que nos relacionamos únicamente con Di-s como Aquel del que todo emana.
Aún así, también existe el concepto de fe en un tzadík, que se deriva del versículo en Éxodo (14:31): “Ellos [los judíos] tuvieron fe en Di-s y en Moshé, Su servidor”, o sea, creyeron en que Moshé era el fiel profeta y servidor de Di-s. Los Sabios dedujeron de este versículo que creer en el líder de Israel es equivalente a creer en el Creador (Mejilla).
¿Qué quiere decir creer en un líder? Además, el Talmud declara que si hay una persona enferma en el hogar de uno, que vaya al jajám (un hombre sabio) para que rece por su recuperación (Bavá Batrá 116a). En vista de que todos tienen un contacto directo con Di-s y nosotros no funcionamos a través de intermediarios, ¿por qué es la plegaria de un tzadík más potente que la plegaria propia?
Hay varias maneras en que podemos comprender el concepto de fe en un tzadík. Antes que nada es que la opinión de un hombre sabio, un tzadík, como autoridad de Tora, debe aceptarse y seguirse aun si estamos en desacuerdo con ella (Sifrí, Deuteronomio 17:11). El principio de la deferencia a la aceptada autoridad de Tora es enfatizado por el relato del Talmud acerca del desacuerdo entre Rabán Gamliel y Rabí lehoshúa, con respecto a la proclama del primer día del mes de Tishrei, donde existía una diferencia de un día entre las dos opiniones. Por cuanto que lom Kipur es el décimo día de Tishrei, había un desacuerdo con respecto a qué día sería lom Kipur. Rabán Gamliel, quien era la autoridad formal de Tora, ordenó que Rabí lehoshúa, a quien se suponía un erudito mayor, se presentara ante él con su bolso y vara del caminante en el día que, según el calendario de este último, debería ser lom Kipur. Rabí lehoshúa se sometió a la autoridad de Rabán Gamliel, si bien él creía que ese día era, de hecho, lom Kipur.
Rabí Shneur Zalman dijo una vez a su joven nieto, quien luego fuera el Rebe Tzemaj Tzedek, que el grado de emuná (fe) en los tzadikím que había predominado en la generación anterior ya no existía más.
“una vez”, contó, “estaba regresando de un viaje a mi maestro en Mezritch, y soplaba un recio frío invernal. Yo estaba casi congelado, y nos detuvimos en una posada en el camino. El conductor tuvo que cargarme adentro porque yo no podía caminar.

“El posadero, un hombre mayor y obviamente un judío piadoso, cuidó de mí tiernamente. Le pregunté cuánto tiempo había estado viviendo en este área rural, y me dijo que ya llevaba allí 50 años. “¿Qué haces con respecto a la plegaria con un minian (un quorum de 10 judíos varones mayores de 13 años, el mínimo requerido para poder recitar ciertas plegarias importantes)?’, pregunté. “Rezo por mi cuenta’, contestó el posadero, “salvo en Rosh HaShaná y lom Kipur, cuando voy a la aldea más cercana para rezar en una sinagoga’.

“¿Es esa la manera apropiada en que un judío debe vivir”, volví a preguntar, “no rezar con un minian todo el año?”

“Es que me gano la vida aquí”, se excusó el posadero.

“¿Cuántos judíos viven en la aldea?”, pregunté.

“unos 100″, contestó el posadero.

“¿Y piensas que para 100 judíos Di-s puede proveer un sustento en la aldea, pero no para 101?”, pregunté.

“Luego continuamos la conversación, y en ella le conté que regresaba ahora de Mezritch, y que era un discípulo del Maguid (“Predicador’, Rabí Dovber de Mezritch, el sucesor del Baal Shem Tov).

“A la mañana siguiente, cuando desperté, noté que el posadero había cargado todas sus pertenencias sobre una carreta. Al preguntarle qué hacía, me contó que se mudaba a la aldea tal como yo había dicho que era lo apropiado. “El posadero no sabía nada sobre mí, excepto de que yo era un discípulo del Maguid. Pero para él eso era suficiente para arrancarse del lugar en que había vivido y ganado su sustento durante 50 años, para mudarse a una aldea donde no tenía idea de cómo iba a mantenerse. Ese es el significado de emunat tzadikím, su confianza en el consejo de una autoridad de Tora”.

También existe el concepto de recibir una bendición de un tzadík, y tiene su fundamento en una declaración de Di-s al patriarca Avraham: “Y tú serás bendición” (Génesis 12:2), que el Midrash interpreta como significando que Di-s dio Avraham el poder de bendecir a la gente, y ese regalo ha sido dado a otros tzadikím también. No obstante, la persona debe comprender que aunque el tzadík transmite la bendición, el origen de ésta es Di-s.

Una mujer vino una vez a Rabí Mordejái de Chernobyl, suplicando una bendición para tener un hijo. Para asombro de los presentes, el Rabí, que era excepcionalmente amable y benévolo, dijo abruptamente: “Lo siento, no puedo ayudarte”. La mujer abandonó la sala con lágrimas y corazón quebrado.

Notando el desconcierto de sus jasidím, Rabí Mordejái dijo: “Simplemente esperen unos minutos, y vayan a buscar a la mujer. Encuéntrenla y tráiganla de vuelta aquí”. Los jasidím hicieron como se les indicó, y cuando la mujer volvió, el Rabí le preguntó:

“¿Qué hiciste cuando te fuiste de aquí?”

La mujer respondió: “Volví mis ojos al Cielo y dije: ‘Querido Di-s, el Rebe se rehusa a ayudarme. Ahora Tú eres mi única esperanza. Bendíceme para que tenga un hijo’”.

Rabí Mordejái dijo a los jasidím: “Esta mujer creía que yo tengo poderes mágicos, y estaba confiando más bien en mí que en Di-s. Cuando rechacé su pedido, ella depositó su confianza en Di-s, donde corresponde. Ahora será bendecida con un hijo”.

La función primaria de un tzadík es la de ayudar a la gente en el servicio apropiado a Di-s, ayudarle a reconocer sus defectos y mostrarle cómo hacer teshuvá (enmienda). Al Rebe de Chernobyl le preguntó una vez un mitnagued (adversario al jasi-dismo): “¿Por qué haces que la gente venga a ti para obtener bendiciones? ¿Qué te hace pensar que tienes el poder de bendecir a la gente?”

El Rabí contestó: “El Talmud dice que la Ofrenda por Pecado se sacrificaba exactamente en el mismo lugar del Santuario donde se sacrificaban las Ofrendas Voluntarias, porque si se hubiera asignado un lugar especial para la Ofrenda por Pecado, cualquiera que trajera una podría ser fácilmente identificado. Para hacer del penitente una persona menos sobresaliente y proteger su identidad, la Tora ordenó que la Ofrenda por Pecado no tuviera un lugar separado (Talmud de Jerusalén, levamot 8:3).

“Mi función”, continuó el Rabí, “es la de enseñar a la gente acerca de la teshuvá, a ayudarle a tomar consciencia de las mejoras que deben lograr en sí mismos. Pero si eso fuera todo lo que hiciera, cualquiera que viniera a verme se destacaría e inmediatamente sería identificado como un penitente en necesidad de teshuvá, y la gente sería reacia a exponerse como tal. Por lo tanto doy bendiciones, para que cuando la gente venga a mí, nadie pueda sospechar que lo hace para teshuvá, suponiendo en cambio que viene a recibir mis bendiciones”.

Pero, como hemos visto, el Talmud sí indica que la plegaria de un tzadík puede ser más efectiva. ¿Por qué es así?

Hay otra pregunta que muchos teólogos discuten. ¿Por qué es efectiva la plegaria del todo? ¿uno hace que Di-s cambie de opinión al rezar?

Entre las diversas respuestas que se dan es que constantemente hay emanaciones de Di-s para proveer las necesidades de todas las personas. Estas emanaciones fluyen por canales que pueden ser afectados por las acciones de la gente. Así, hay cosas que la gente hace que puede ocasionar la obstrucción o desviación de estos canales, de manera que las emanaciones Divinas no alcancen sus destinados blancos. La plegaria puede corregir estas fallas en los canales, permitiendo de esa manera que las Divinas emanaciones nutrientes lleguen a las personas en necesidad. Los tzadikím pueden tener un conocimiento especial de exactamente dónde se encuentran las obstrucciones o fallas, y por lo tanto están en una mejor posición para rectificarlas.

Pero, podríamos preguntar, ¿qué es todo esto de canales y desviación del flujo? ¿Por qué no responde Di-s simplemente a la gente en forma directa y nos concede nuestras necesidades?

La respuesta surge de una comprensión de la justicia y verdad Divina. Rabí Moshé Jaím Luzzatto, en sus obras Derej Hashem (El Camino de Di-s) y Daat Tevunot (Sabiduría de Comprensión), aclara que Di-s creó el mundo con un sistema al que El Mismo adhiere. Mientras hay cabida para el perdón de los pecados en el sistema de justicia, no existe el pasar por alto de transgresiones, grandes o pequeñas.

El Talmud es severamente crítico de alguien que dice que Di-s “pasa por alto” alguna transgresión (Bavá Kamá 50a).

El Talmud relata el milagroso suceso de un hombre cuya esposa murió, dejándolo con un pequeño bebé lactante. El hombre era demasiado pobre como para contratar una nodriza que lo amamantara y milagrosamente le crecieron senos y él amamantó al niño. Uno de los sabios talmúdicos comenta: “Esto indica la condición inferior de esta persona, pues ocasionó que Di-s alterara la naturaleza por él” (Shabat 53b). En lugar de considerar benemérito al hombre porque merecía un milagro, este Sabio lo considera una degradación. ¿Por qué?

Di-s no creó un mundo imperfecto. Todas las eventualidades fueron tomadas en Divina consideración en el momento de la Creación. Por ejemplo, el Midrash declara que en el momento de la Creación Di-s tomó en cuenta que el Mar debía partirse para los israelitas cuando salieran de Egipto. Lo que a nosotros nos parecen alteraciones milagrosas de la naturaleza son en verdad situaciones previstas e incluidas en el plan Divino de la Creación. Este incidente en particular, creía el sabio, no estaba previsto, y exigió una intervención de Di-s para alterar la naturaleza, lo que puede interpretarse como una insuficiencia en la Creación. Hacer que Di-s intervenga y Se imponga a Sus propios planes no es considerado un mérito.

Así, no es realmente un testimonio de la grandeza de nadie el ser beneficiario de un milagro no planeado. Cuando las plegarias son respondidas, y los resultados parecen ser milagrosos, es a causa de que, como ya explicamos, habían fallas en los conductos de las emanaciones Divinas, y éstas fueron rectificadas por las plegarias, permitiendo que las emanaciones Divinas alcancen su blanco original. Así, ésta no es en verdad una alteración de la naturaleza. La habilidad mayor de los tzadikím para restaurar estos canales explica la eficacia especial de sus plegarias. La fe en el tzadík no es en ninguna facultad mágica que éste posee, sino en su conocimiento de cómo encaminar sus plegarias para que sean más efectivas.

El maestro jasídico, Rabí Mordejái de Neshjiz, dio esta reflexión respecto de emunat tzadikím: El Rebe de Apt comenta la acotación de Rashi que Noaj no creyó totalmente que habría un diluvio (Génesis 7:7), diciendo que la creencia muy sólida en algo puede ocasionar, de hecho, que eso suceda. El declara que la palabra emuná se relaciona con el término ornen, que significa criar (comp. con Ester 2:7). Noaj, por lo tanto, trató de mantener un elemento de duda acerca del diluvio con la esperanza de que podría ser desviado, y temía que su creencia en él pudiera convertirlo en una realidad.

El poder del tzadík, dijo Rabí Mordejái, está en su poderosa creencia en Di-s, y cualquiera que tenga una tan fuerte creencia puede generar idénticos resultados. Cuando el tzadík reza por una persona enferma, por ejemplo, y dice que Di-s es el curador del enfermo, su creencia es tan fuerte que de hecho hace descender la curación Divina sobre la persona. En esencia, dijo Rabí Mordejái, la razón primaria para tener una relación con un tzadík es la de aprender cómo perfeccionar la propia creencia en Di-s.

El Talmud compara la relación con el tzadík con la relación de uno con Di-s, como, por ejemplo, cuando Rabí Akivá interpreta la palabra extra en el versículo hebreo “Reverenciarás a Di-s” como incluyente, que también hay que reverenciar al erudito de Tora (Pesajím 22b).

Alguien preguntó al Rabí de Ruzhín: “¿Por qué no cantaron los israelitas las alabanzas de Di-s sino hasta la partición del mar? ¿Por qué no compusieron cánticos de alabanza cuando vieron los milagros de las diez plagas en Egipto?”

El Rabí de Ruzhín contestó: “Los israelitas estaban tan convencidos de la omnipotencia de Di-s que no se sintieron impresionados por milagros. La canción de alabanza es precedida por las palabras: ‘Ellos tuvieron fe en Di-s y en Moshé, Su servidor’ (Éxodo 14:31). El estímulo para la canción de triunfo no fue el milagro que observaron al dividirse el Mar de Juncos, sino más bien la alegría de haber logrado un nivel de creencia en Di-s y en Moshé que no habían tenido hasta ahora. Esto es lo que celebraron con cántico”

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