El Final de Dos Tratados

Una interesante historia de Rabí Shneur Zalman de Liadi- el Alter Rebe- Fundador del movimiento Jasídico Jabad, cuyo Iortzait es el 24 de Tevet…

Sucedió en Rusia. Una pareja deseaba fervientemente tener un hijo. Eran jasidim del Alter Rebe. Oraron durante años y viajaron al Rebe para pedir una bendición. Sus oraciones fueron escuchadas, y tuvieron un pequeño encantador. No sólo era un niño gracioso; poseía un intelecto fuera de lo común. Aprendió con gran dedicación, y su mente y alma se deleitaban con cada palabra de Torá que estudiaba.
El muchacho dejó atrás a todos sus maestros, y todos los días se sentaba solo en su cuarto, estudiando y progresando. Sus padres estaban felices.
Una tarde el padre entró en el dormitorio de su hijo y miró la página que estaba estudiando. Para su alarma y desaliento, el muchacho estaba leyendo libros del movimiento iluminista que desacreditaban la Torá y la tradición judía. Aunque su corazón latía con prisa, el padre dijo serenamente, con su voz llena de amor: “¿Qué estás leyendo, hijo?”
“Padre, no pienses que estoy leyendo esto porque estoy interesado en sus argumentos. Sólo necesito saber refutarlos cuando hablan”. El padre le dio unos golpecitos en el brazo y no dijo nada. La próxima vez que lo encontró leyendo literatura similar, su reproche fue más fuerte. Poco a poco, los padres notaron un cambio en su inteligente hijo. Su conducta mostraba la influencia del “iluminismo”. Las palabras de sus angustiados padres no impresionaban al muchacho.
Un día el joven entró en la cocina y anunció: “Voy a la universidad de Berlín a estudiar matemática y ciencia”. Sus padres no pudieron proferir una palabra.
Cuando llegó a Berlín, fue recibido como un genio, su intelecto brillante eclipsó a los otros estudiantes. Adelantó en sus estudios, y después de varios años escribió dos originales tratados científicos que estaban por ser publicados. Además, encontró a una muchacha con quien deseaba casarse.
Recordó a sus ancianos padres, y sintió el impulso de obtener su bendición para su matrimonio. También quería mostrarles sus manuscritos y demostrarles que había tenido éxito, a pesar de su desaprobación.
Pero reflexionó: ¿Cómo sus padres, totalmente incultos en materias seculares, entenderían la profundidad de sus estudios? Tuvo una idea. Se detendría en Liozhna en su camino a casa.
Allí mostraría sus manuscritos a Rabi Shneur Zalman, el “Alter Rebe” de Jabad, hombre de gran erudición que apreciaría la profundidad de sus trabajos. Sus padres oirían hablar de él de una fuente con la que estaban más familiarizados.
El joven viajó a Liozhna y se presentó en la casa del Rebe.
Reb Moshe Meizlish, un jasid muy conocido, se le acercó inquiriendo qué buscaba, pero el joven contestó que quería una audiencia con el Rebe. El Rebe estuvo de acuerdo, y el estudioso fue introducido en el cuarto de Rabi Shneur Zalman.
Entró con sus manuscritos. El Alter Rebe y el joven permanecieron en el estudio durante varias horas. El estudioso finalmente salió del cuarto, su cara roja, un temblor en las manos. Sostenía los manuscritos nerviosamente, mirándolos fijamente.
Entonces, tomó los papeles y los arrojó al fuego.
Reb Moshe estaba mirando la escena. Se acercó al hombre y le preguntó, “¿Qué pasó en la cámara del Rebe?”
“Le mostré mis manuscritos al Rebe- conceptos eruditos que estaba por publicar. Habían sido muy bien recibidos en Berlín. Miró la primera página del primer manuscrito, hizo algunas anotaciones, y rápidamente miró las páginas restantes. Hizo lo mismo con el segundo trabajo. Cuando terminó, me miró con sus ojos penetrantes y dijo: ‘¡Joven, su libro está muy bien escrito, sólo que no es veraz pues hay errores en sus premisas básicas!’
“Me asusté. Había pasado años perfeccionándolos. Mis profesores estaban impresionados. Empecé a sostener mi punto de vista pero me detuvo. No podía refutar sus objeciones a las declaraciones que había marcado. Dejé el cuarto avergonzado, y repasé en mi mente la crítica del Rebe. Deseé justificarme, pero comprendí que no podía. Por eso tiré mis preciosos manuscritos al fuego.”
El extraordinario joven permaneció junto al Alter Rebe quien personalmente le enseñó. Pocos años después, el muchacho falleció. El Rebe explicó que su alma era una reencarnación de Rabi Eliezer ben Durdaia*, que había vivido en la época del Talmud. “Cometió todos los pecados” pero había vuelto a Di-s con todo su corazón. Había tenido varias reencarnaciones, y esta completó su arrepentimiento. Su alma se fue preparada para entrar en los más elevados reinos.

(Rabi Shneur Zalman dio a su hijo, Rabi DovBer su sucesor, los manuscritos de todo lo que había estudiado con el joven. Estaba basado en las escrituras que el segundo Rebe incluyó en su trabajo, Derej Jaim.).

*Rabi Elazar ben Durdaia, fue un pecador libertino. Una vez oyó una voz que dijo: “Así como el viento no puede volver a su punto de origen, Elazar ben Durdaia ya no puede arrepentirse”. Él cambió con éxito su destino a través de un prolongado acto de penitencia, poniendo su cabeza entre sus rodillas y gimiendo y llorando hasta que su alma partió. En el momento que murió, una voz de cielo proclamó: “Rabi Eliezar Ben Durdaia, ha pasado a la vida eterno”. Cuando Rabi Iehuda el Príncipe (el redactor de la Mishná) oyó esto, lloró, y dijo: “Algunos alcanzan la vida eterna después de un esfuerzo de años; otros la adquieren en una hora”. (Talmud, Avoda Zara 17,a)

*El santo Arí de Tsfat dice que Elazar Ben Durdaia era una reencarnación de Iojanán el sumo sacerdote, que vivió durante el periodo de los Macabeos y que se tornó hereje a la edad 80, en el último día de su vida. Como había sido virtuoso, no podía castigárselo en el purgatorio. Sin embargo, ya que se volvió hereje en su último día, tampoco podía entrar en el Paraíso. Por consiguiente, bajó a este mundo nuevamente en una reencarnación, como Elazar, para rectificar su pecado.

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