El Destino de Gush Katif es nuestro Destino

¿Por qué 8,500 judíos insisten en vivir entre más de un millón de árabes? Ésta es la pregunta que incita la evacuación forzada de todos los judíos de la franja de Gaza estos días

Argumento #1: Nosotros no pertenecemos allí. ¿Por qué 8,500 judíos insisten en vivir entre más de un millón de Árabes? Ésta es la pregunta que incita la evacuación forzada de todos los judíos de la Gaza Franja estos días.

De todos los argumentos para la “desconexión” este es uno de los más inaceptables. Demuestra el poder de propaganda–cómo la gente repite como loro sin sentido sin comprender la tontería del argumento. Hay 20,000 judíos que viven en Berlín entre 3,6 millones de alemanes. Nadie se atrevería que sugerir que se debería expulsar a los judíos de Berlín porque pueden ser una provocación para los 3,6 millones de alemanes. Así que entendámoslo bien. Un judío puede vivir en Berlín, un judío puede vivir en Moscú, en Melbourne y en Shangai. ¡El único lugar en el mundo en el que un judío no puede vivir, es en Israel! ¿Por qué? Porque los Árabes que viven en Gaza odian a los judíos demasiado como para tolerar la vista de uno solo de ellos ante sus ojos.

Es increíble que el gobierno de Israel esté haciendo todo esto para complacer el odio a los judíos. Israel planea evacuar a los muertos así como a los vivos, porque árabes salvajes incendiaron la tumba de Iosef en Shejem (Nablus) que se entregó al mando Palestino bajo los acuerdos de Oslo. Así que Israel no confía en que no profanarán los muertos enterrados en Gaza.

La gente mira con desdén al referirse a los “colonos” como si es una palabra sucia. ¿Cuál es exactamente su crimen? Que se establecieron en su propia tierra, insistiendo en el derecho de un judío a vivir en cualquier parte en el mundo, sobre todo en Israel. Permítanme aclarar los hechos: Los judíos que viven en Gaza no robaron la tierra palestina. Los “colonos” de Gush Katif tomaron dunas de arena que nunca habían estado habitadas por Árabes y con el sudor de su frente las convirtió en un paraíso y una potencia financiera. Cada persona moral debe espantarse por el acto de racismo y apartheid de forzar a los judíos fuera de sus casas para complacer las tendencias asesinas del odio al judío. Uno busca en vano en los anales de la historia humana y no encuentra un sólo ejemplo donde una nación se desterró a sí misma de su propia tierra y descaradamente capituló al terrorismo.

Por esta lógica, Israel debe cerrar completamente el negocio. ¿Es práctico tener cinco millones de judíos en un mar de cientos de millones de Árabes y más de un billón de musulmanes? O quizá nosotros debamos desaparecer completamente de la tierra: ¿tiene sentido que 14 millones de judíos vivan entre 6 mil millones de gentiles?

La demografía no cuenta la historia judía. La Torá estableció hace tiempo que nosotros siempre seremos “la más pequeña de todas las naciones” (Deuteronomio 7:7). Abraham y Sara estuvieron siempre solos contra el mundo entero. Nuestro poder no es nuestra fuerza sino nuestro derecho.

Como dice el Talmud: el judío es “una oveja rodeada por setenta lobos”. Correr con lobos no garantiza nuestra seguridad. Más bien, reconocemos que es sólo el pastor, el creador del cielo y la tierra–y el fortaleciendo de nuestra relación con este Pastor–lo que podría garantizar nuestra seguridad.

Argumento #2: Israel es una Democracia. ¿Cómo podemos dudar de la decisión de un gobierno israelí democráticamente elegido?

Bajo el gobierno democráticamente elegido de Estados Unidos en los años ”50 era legal hacer discriminación racial contra los negros. Eso no significa que fuera moral, legal o justo. Las personas justas se negaron a aceptar la cruel noción de juzgar a una persona por su color de piel. La expulsión de judíos es inherentemente un acto inmoral y aun cuando fuera una decisión tomada democrática por la mayoría no la hace correcta o justa.

En las recientes elecciones israelíes las opciones no podrían estar más claras. Amram Mitzna, la cabeza del Partido Obrero, hizo campaña en una plataforma que propuso la expulsión de todos los judíos de Gaza; Ariel Sharon, líder del partido Likud, estaba vehementemente en contra. ¡Sharon declaró entonces que “El destino de Netzarin [un pueblo judío en Gaza] es el destino de Tel Aviv”. Sharon ganó por mayoría abrumadora en la historia de Israel! (Likud ganó 40 bancadas de las 120 del Knesset y el partido Laboral, 19.) Cuando llegó al poder, y abruptamente dio una vuelta del 180 grados, Sharon prometió que apoyaría el voto de su partido. Cuando perdió el voto del Likud, rápidamente ignoró este voto y prometió acatar el voto de su gabinete. Cuando estaba a punto de perder también el voto del gabinete, usó una táctica “democrática”, tomando la inaudita inaudita decisión de despedir a dos ministros para crear una mayoría artificial. Cuando le instaron que le permitiera a las personas votar en un referéndum sobre su “Plan de desconexión”, se negó por el temor a perderlo.

La única excusa para la democracia liberal, de por qué las personas están de acuerdo en dejar sus derechos inalienables, otorgados por Di-s y sucumbir a la regla de la mayoría, es la promesa del gobierno de protegerlos. La democracia es un intercambio de valores: libertad por seguridad. Un gobierno que por conveniencia políticos daña las vidas de sus propios ciudadanos, poniendo a 144 comunidades judías en la línea de fuego de cohetes kasam, pierde su legitimidad y es entonces nada más que una mafia con armas que usará la fuerza para obligar a la gente a salir de sus casas y forzarlos a la sumisión.

Para gran mérito del pueblo judías, la historia registrará que cada vez que se votó sobre Oslo el voto fue abrumadoramente contra él. Incluso hoy, si cuenta el voto árabe en el Kneset y las abstenciones, Sharon no tiene la mayoría de votos judíos a favor de la expulsión.

Argumento #3: Estamos cómodamente sentados en nuestros países. ¿Qué derechos tenemos nosotros, judíos de la Diáspora, para involucrarnos en los negocios de Israel, si se “desconectan” o no de Gaza?

La expulsión de judíos de Gaza es un peligro claro y presente para todos nosotros, dondequiera que vivamos. La pregunta real es: ¿nos atrevemos a no involucrarnos? La expulsión inminente de judíos de Gaza es un peligro para nuestra seguridad, la seguridad de nuestras familias, y de todos los seres humanos de bien.

El terrorismo es como un cáncer, y uno nunca hace paz con el cáncer. Hay ciertas batallas que no podemos darnos el lujo para cansarnos. Si nos relacionamos débilmente con el cáncer, éste nos matará. Muestre misericordia a un tumor y hará metástasis, y en el proceso lo matará a usted y se matará a sí mismo. Lo único misericordioso que se puede hacer es erradicar, pulverizar y destruir el tumor.

Trágicamente, Israel que siempre estuvo a la vanguardia en la guerra contra el terrorismo, está a punto de entregar, en una fuente de plata, el premio más grande a terroristas de cual se tenga reciente memoria. Una de las más grande, si no la más grande, concentración de terroristas está hoy en Israel y sus alrededores. En lugar de derrotarlos, Israel está a punto de abandonar, de manera que Hamas, Hizbola, Fatah, y Al Queida también, tendrán un paraíso seguro para entrenar y desarrollar miles de nuevos terroristas en libertad total, justo a la puerta de entrada de Israel, en Gaza.

Acciones de este tipo traen consecuencias. La rendición estúpida al terrorismo ha explotado en nuestra cara. Hoy Londres, mañana… El cáncer del terrorismo ha hecho metástasis fuera de control. La expulsión de Gaza garantizará un próximo 11 de Septiembre y nosotros tendremos a nadie a quien culpar salvo nosotros.

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