¿Paz o Pedazos?

A medida que pasan los días y las horas, nos acercamos a uno de los más temibles y difíciles períodos en la historia del Estado de Israel…

Dentro de semanas, se le ordenará forzosamente a soldados judíos evacuar a sus hermanos y hermanas, madres y padres, abuelos y nietos de sus casas en Gush Katif y otras partes de la Tierra de Israel donde estos judíos han vivido por generaciones. Estos soldados jóvenes, apenas dejando atrás la niñez, se encontrarán cara a cara con hermanos judíos en una confrontación en que ambos lados son tenaces en su misión y determinación. Es demasiado doloroso contemplar cuáles podrían ser los resultados. Yo elijo pensar sobre qué cambio es necesario para llegar a la raíz del problema.

Es interesante notar que en inglés, “paz” (peace, llevarse bien) y “pedazo” (piece, romper un todo en partes pequeñas) son homónimos. Es claro que todos esto se hace en nombre de la paz. El mundo exige paz. Israel grita por paz. Las únicas personas que no parecen estar tan involucradas la con paz son las mismas personas con quien estamos intentando lograrlo…. Aún así, ¿que es paz?

El mundo elige definir “paz” como sinónimo de solución negociada. Como se dijo antes, en inglés, “peace” y “piece” son homónimos. En hebreo, sin embargo, la palabra para paz es shalom, de la raíz, shalem, “totalidad”. En el lenguaje de la Torá, si hay totalidad, entonces hay paz. Los dos van juntos. Nosotros no logramos paz a través de la división y la fragmentación, sino a través de la integridad.

Nuestros Sabios enseñan que hay tres estados de integridad para los que debemos esforzarnos: la integridad del pueblo judío, la integridad de la Torá y la integridad de la Tierra de Israel. Si tan solo uno de los tres está incompleto, entonces los otros también sufrirán. Verdadera paz sólo se logrará cuando tengamos la integridad de los tres.

La integridad del pueblo

La Torá describe al pueblo de Israel como ish ejad b”lev ejad— “una persona con un corazón”. Esto significa que no sólo debemos pensar sobre el otro, sino sentir por el otro. No podemos vernos como entidades separadas, sino comprender que cada judío es una parte vital de la totalidad del pueblo judías.

El pueblo judío se ve como un cuerpo. Así como un cuerpo se compone de varios miembros, músculos y órganos, así también, el pueblo judío se compone de millones de hombres, mujeres y niños, cada uno necesario para contribuir con sus habilidades, talentos y personalidad particulares, al todo comunal. Porque somos un cuerpo, cuando incluso la parte más pequeña de nuestro cuerpo duele, el cuerpo entero sufre: una astilla diminuta en nuestro dedo pequeño de pie, puede distraer toda nuestra atención, al punto de que la astilla es más importante que nuestra capacidad de caminar, correr, comer, pensar y funcionar.

Éste es el significado del amor: que lo que es importante y significativo a uno de nosotros, se respeta y siente por el otro. Cada judío comparte una unión y conexión que pueden, a veces, estar profundamente oculta–pero eso es precisamente el por qué duele tanto. Peor que el sincero enojo entre quienes deben ser íntimos, es cuando una o ambas partes son totalmente apáticas. Si discutimos y peleamos, por lo menos mostramos que nos interesa. Si somos fríos, entonces estamos tan distantes que nada nos mueve. Hemos alcanzado un nivel tan bajo que ni siquiera nos damos cuenta que somos todos una familia. Más aún, hemos “comprado” la creencia de los medios de comunicación que realmente somos nuestros propios enemigos.

En Shavuot todo el pueblo judío estuvo de pie en el Monte Sinai y recibió la Torá. Aprendemos que no sólo nuestros antepasados estuvieron presentes–cada hombre, mujer y niño, incluso los bebés recién nacidos de esa generación–sino también el alma de cada judío, de cada generación de la historia. Nuestros Sabios nos enseñan que si una sola alma judía hubiera estado ausente de Sinai, Di-s no podría habernos elegido como Su pueblo y darnos la Torá. No podríamos habernos vuelto el “Pueblo de Israel.”

La integridad de la Torá

De la misma manera que el pueblo judío necesitan estar shalem, entero y completo, también nuestra Torá. La Torá no es una enciclopedia que puede se puede elegir y tomarse aleatoriamente en pedazos. Es un rollo, un continuo que abarca nuestras vidas, y cada una de sus letras dentro de ella deben estar completas, porque la verdad sólo es verdad en su totalidad.

En el nivel más físico, si incluso una sola letra en un pergamino de Torá falta, está dañada o incompleta, la Torá entera es inválida. No puede leerse o usarse en forma alguna. De la misma manera, Maimonides cuenta como uno de los trece principios del Judaísmo el principio que negar la verdad y divinidad de incluso una sola palabra de la Torá, es negar la totalidad de la Torá. Ya que negar una parte de la Torá es negar la verdad de su integridad.

De ahí que aprendemos que cada judío está representado por una letra en la Torá. En otras palabras, la totalidad del pueblo judío y la integridad de la Torá se entrelazan. Cada judío es íntegro a la totalidad de la Torá, y nuestro compromiso con la Torá es cómo logramos la integridad como pueblo.

La integridad de la Tierra de Israel

Una vez que reconocemos la integridad de la Torá y la integridad del pueblo judío–sólo entonces podemos valorar la idea de la totalidad de la Tierra de Israel.

La Torá nos enseña que cada judío posee una porción de la Tierra de Israel y se conecta para siempre a la tierra, sin importart dónde vivan. Ya que la Tierra de Israel es el regalo eterno de Di-s al pueblo judío. Es parte integral de nuestra misión divina como un lugar imbuido con la santidad y las cualidades espirituales especiales que nos hacen florecer como personas y servir como la luz de Di-s entre las naciones.

Finalmente, ésta es nuestra única y verdadera demanda sobre la Tierra de Israel. La tierra no es nuestra porque Lord Balfour lo declaró en 1917 o porque la ONU lo votó en 1947; ni siquiera es nuestra porque hayamos vivido allí por miles de años o porque “merezcamos” una patria luego del Holocausto. Éstos pueden ser todos argumentos válidos, pero los demás pueden presentar argumentos en contra. La Tierra de Israel es nuestra porque el Creador lo declaró en su Torá que la Tierra de Israel es la herencia eterna del pueblo de Israel.

Cada metro cuadrado de la tierra es parte integral a su totalidad, como lo es cada letra a la totalidad de la Torá y cada judío a la totalidad del pueblo.

Verdadera Paz

Sí, el camino hacia la paz requiere una solución negociada. Cuando nos encontramos en discordia con otros, debemos prepararnos para reexaminar nuestra conducta, nuestros deseos y nuestros preconceptos, así como una perspectiva de nosotros y de otros. Ya que toda discordia está basada en la falsedad y la fragmentación–lo contrario de shalom, totalidad y paz. Así que debemos preguntarnos: ¿qué hicimos mal? ¿cómo dañamos la integridad de la cual depende la paz? Debemos abandonar las falsa actitudes y conductas que hemos incorporado al punto de que las llamamos verdaderas y nos convencemos que lo son.

Para lograr la paz, debemos primero saber verdaderamente quiénes somos y en qué creemos. En esto, la Torá es nuestra guía: es lo que nos ha mantenido unidos como pueblo y ha asegurado nuestra supervivencia por treinta y tres tumultuosos siglos; es lo que nos da el conocimiento de lo que es verdad y la fuerza para seguir esa verdad. Y como judíos, es nuestra responsabilidad hacer la verdad de la Torá accesible, entendible y hermosa al mundo.

El camino hacia la paz verdadera debe predicarse con la verdad; cuando discutimos regalando partes de la Tierra de Israel, estamos negando la verdad, perdiendo toda oportunidad de paz.

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