¿Los Judíos son una cultura o una civilización?

El renombrado historiador británico Arnold Toynbee  (1889-1975), más conocido por su obra “Un Estudio de Historia” (1934-1961), escribió un artículo en la primavera de 1946, conjeturando que los judíos son una cultura y no una civilización. El artículo de Toynbee fue traducido y apareció en una revista en idish ampliamente leída por la comunidad culturalmente hambrienta de sobrevivientes del Holocausto que estaban en París. Muchas de estas personas eran escritores, pensadores y artistas que se interesaban en discusiones sobre libros y la conversación intelectual, mientras intentaban normalizar sus vidas destrozadas.

En ese tiempo, un joven de nombre Gershon Jacobson- que había escapado del ejército alemán- estaba estudiando Talmud en una Ieshiva de París. Al leer la opinión del Profesor Toynbee, escribió una carta al editor repudiando la premisa. El editor de la Revisión Literaria en idish se impresionó por la correspondencia. Tres meses después extendió una invitación al erudito y sabio Jacobson para un debate con el Dr. Toynbee, que estuvo de acuerdo en participar. Para sorpresa de todos, a tarde del debate llegó, con Toynbee presente y el misterioso Gershon Jacobson que no podía ser encontrado.

Momentos después, cuando el joven de boina Gershon Jacobson se introdujo, el respetado organizador  del debate comprendió que el autor de la carta discrepante era sólo un estudiante de Talmud veinteañero que hablaba francés, ruso, idish, y algo de inglés. También comprendió que el joven era seguro de sí mismo, inteligente y bien leído. Sin otra opción- con Toynbee presente en el lugar y el salón repleto- presentó a los distinguidos panelistas a los congregados.

Toynbee, midiendo al joven, le ofreció hablar primero. Jacobson le pidió al profesor que definiera la diferencia entre una cultura y una civilización. Después de una pausa, el renombrado historiador le preguntó al muchacho qué pensaba sobre el asunto.

Durante cuarenta y cinco minutos, Jacobson cautivó a sus oyentes con una apreciación global del mundo y la historia judía. Concedió que los orígenes del Judaísmo y su génesis con Abraham y Sara eran, de hecho, humildes. Sin embargo, fueron Abraham y Sara quienes introdujeron el concepto de un Creador moral e infinito entre los idólatras paganos de su época. ¿No es esta la fundación de toda la civilización?

El decimonoveno presidente americano, John Adams, lo puso bien claro:

“Insistiré que los hebreos han hecho más para civilizar al hombre que cualquier otra nación. Si fuera un ateo, y creería en el destino ciego, aún creería que el destino había pedido que los judíos fueran el instrumento más esencial para civilizar las naciones. Si fuera un ateo de los que pretenden creer en la casualidad, creería que la oportunidad les ha ordenado a los judíos conservar y propagar a toda la humanidad la doctrina de un Soberano Supremo, inteligente, sabio, omnipotente del universo, que creo que es el gran principio esencial de toda moralidad, y por consiguiente de toda la civilización”

El desierto de Sinai, el lugar dónde se dieron al mundo Los Diez Mandamientos -dijo el joven Jacobson- quizás no fue el sitio más culto, pero ciertamente estableció una sólida e inmutable base para la civilización moderna de hoy en día. Los Mandamientos de no asesinar y no robar así como la creencia en un Di-s Todopoderoso, le dio un código de conducta a los Israelitas de la antigüedad mucho más progresista que cualquier otra cosa que haya existido entre las naciones circundantes que hacían sacrificios humanos como culto a sus varias deidades.

La cultura judía, Jacobson dijo, no podría compararse a la cultura de otros países e imperios. Aunque el Templo de Salomón en Jerusalén era un edificio muy bonito que sirvió como punto central de la comunidad de naciones judías que duró casi 900 años, la cultura de Israel no competía con los adelantos tecnológicos como los de los imperios babilónicos, persas, griegos y romanos. Su filosofía, ciencia, música, arte y literatura, así como sus acueductos y sobre todo sus estadios, eran trabajos colosales de cultura.

Pero a su estilo de vida le estaba faltando el rudimento más básico de civilización. Las grandes muchedumbres se reunían en los coliseos anhelando dar testimonio de primera mano de la sangre del gladiador y de la bestia, legendario en la historia de Roma. Los fetiches de culto del cuerpo, violencia y brutalidades se veían bien representados en las culturas de Persia, Grecia y Roma. Tanto como en los lejanos días de Abraham y a lo largo de la historia del pueblo hebreo, la lujuria y la degradación humana fueron consideradas un anatema por la mayor parte de los judíos.

Sí podemos decir-el apasionado joven orador concluyó- que los judíos son los guardianes de la civilización, no de la cultura. Fueron los portadores del candelero de esclarecimiento y dignidad humana al mundo.

El resultado del debate fue la contestación de Toynbee. “Joven, usted está en lo correcto y yo me corrijo. Los judíos no sólo son una cultura sino también una civilización”.

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