Visitando a mi padre en menton

En invierno del año 1913 fui a visitar a mi padre (el Rebe Rashab) en Menton, Francia, que se encontraba allí por razones de salud. Juntos solíamos pasear algunas horas del día. En aquella ocasión tuve el privilegio de escuchar de mi padre cosas que nadie había oído anteriormente. Acerca del proceder de los Rebes, de bendita memoria, o bien historias y enfoques, y filosofía jasídica.

Mi visita se extendió por más de dos semanas. En una de aquellas pláticas que fue una secuencia de varios días en los momentos de paseo, mi padre explicó la virtud y la trascendencia que existe cuando un hombre piensa en un tema de filosofía jasídica antes de la Plegaria, mientras está envuelto con el Talit y coronado con los Tefilín. Con esta reflexión, el que piensa: 1) expulsa su alma animal; 2) refina su cuerpo y convierte su mente y corazón en receptáculos para que repose la Presencia de Hashem; 3) lava su alma natural; 4) conquista su alma intelectual;5) con esta meditación, se hace el mundo más luminoso; 6) Proyecta revelación Divina en todos los mundos, en todos los niveles; 7) con esta meditación, quien medita, ilumina los 5 niveles de su alma; 8) cambia  la esencia de la naturaleza de sus cualidades.

Todas estas condiciones encuentran en cada uno de aquellos que se ejercen la labor de la Plegaria. Estas cualidades también se hallan en los Tzadikím (justos), obvio que en niveles más sublimes. Mi padre explicó la ventaja de los Tzadikím con lujo de detalle, y coronó su discurso expresando que alcanzan tal nivel, gozando de la sensación del “Deleite Divino”. En aquel momento entendí en forma evidente, el dicho del Alter Rebe con respecto al tema de la Carroza Divina (Tania cap. 34), “que todas sus vidas (la de los Patriarcas, Abraham Itzjak y Iaacov) no dejaron ni por un momento de conectar su mente con Di-s…”

Un rato largo anduvimos por la playa, sin decir palabra. Todos los que pasaban a nuestro lado o con quienes nos encontrábamos, reparaban en el rostro centellante con Luz Divina (espiritual) de mi padre. Y súbitamente, como despertando de un sueño, se dirigió hacia a mí y dijo:

-“¡¡¡Ioisef  Itzjok, oye!!! Todas aquellas ventajas que detallamos, y que alcanzan a cada uno que reflexiona en filosofía jasídica, con Talit y Tefilín antes de la Plegaria, tanto Jasidim como Tzadikim, no llegan al mismo grado fascinante de aquel que Di-s le da el influjo y capta la sensación y el Deleite que se logra al hacer un favor a un iehudí (y el prójimo se hace valioso para él, como es valioso él para sí mismo)

Vale la pena trabajar cinco horas por día, durante cinco días, con afán físico y esfuerzo espiritual para llegar a deducir que hay que desear de verdad, aspirar el hacerle un favor a otro iehudí, materialmente y específicamente en forma espiritual”.

Y mi padre culminó sus palabras, con una máxima del Baal Shem Tov, que el Alter Rebe recibió de R’ Mordejai el justo (uno de los alumnos secretos del Baal Shem Tov, su alma descanse en el Gan Eden, y uno de los 3 especiales alumnos que llevaron los caminos de su Rebe por la Rusia Blanca); que el alma baja a este mundo y vive 70 o 80 años para hacerle un favor a otro iehudí, materialmente, y especialmente en forma espiritual.

(De los escritos de Rabí Iosef Itzjak Schneerson)

Adaptado por R’ Gad Pitchel

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