La doble visión de la creación

Todos los comienzos son difíciles. Comenzar un trabajo, comenzar las clases, comenzar un matrimonio, comenzar una cena…incluso comenzar el día. Nos parece que todos los comienzos son difíciles porque cada nuevo comienzo requiere de un cambio. Lo que sucedió antes no era lo suficientemente bueno. Ya sea que estemos cambiando de una cosa a otra, de un trabajo a otro, por ejemplo, o de un estado de “nada” a un estado de “algo”, de no estar casado a pasar a estar casado, todo esto requiere de un cambio. Un cambio a la vez, requiere de esfuerzo, tenemos que sobrellevar nuestra inercia. Para poder cambiar debemos comenzar. Y todos los comienzos requieren del acto de querer. Nos resistimos al comienzo hasta que queremos que comience.

Esto explica la dificultad del comienzo: no solo que tenemos que comenzar, sino que tenemos que empezar a comenzar. Esto es, antes que podamos empezar algo, tenemos que tener una visión del todo completo, finalizado. Desde donde estamos, tenemos que ver a dónde iremos. Nos podemos imaginarnos lo que queremos de forma superficial, no si queremos que sea real. Tenemos que ver los detalles. Debemos anticipar no solo cómo funcionará la cosa sino cómo se hará y cómo nos sentiremos luego. Debemos tener una meta, un plan de acción.

Así que no solo debemos comenzar el proyecto, tomar los materiales, seguir las instrucciones, hacer todas las pequeñas cosas para abrir el negocio, sino que además debemos construirlo virtualmente, construirlo en nuestras mentes. Incluso antes de que comencemos, debemos haber empezado. Incluso cuando construimos, debemos imaginariamente haberlo construido.

En cierto sentido, la creación requiere de una doble visión. Debemos prever el resultado final, el producto completo. Debemos tener una visión del final del proceso, o sea, cuál será el final incluso antes de haber comenzado. Pero el nivel de intuición nunca se vuelve real; constantemente anticipamos pero nunca llegamos. De hecho, mientras veamos el final, mientras vivamos (mentalmente), luego del hecho de nunca llegar, a veces nunca empezamos. Nosotros “comenzamos a empezar”, siempre tenemos en mente el momento final, pero nunca comenzamos.

Por ello, debemos ver diferente. Debemos ver más allá de lo que “será”, o, debemos ver más cerca. Debemos percibir el proceso. Debemos simplemente “hacerlo” o “vivir en el medio, experimentar el desarrollo del punto inicial.

El primer tipo de comienzo, oculta; es la meta, el pensamiento en mente, el futuro ya real pero que nunca se alcanzó. El segundo tipo de comienzo, revela; es el comienzo, el origen, el potencial para el progreso y el desarrollo de los detalles.

Pero no tenemos dos ojos para ver doble. Eso esfuerza el músculo y drena la mente. Tenemos dos ojos para que podamos ver místicamente, integrar nuestra visión (del futuro) y percepción (del aquí y del ahora). Cuando los dos se convierten en uno (cuando la realidad interna se manifiesta), es que vivimos en el tiempo del Shabat, el tiempo de la visión perfecta.

Esta es la meta de la Creación, por supuesto, ver Divinidad. Y en la época del Mashíaj, todo el mundo lo experimentará, y estará lleno con la sabiduría de Di-s.

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