Guerra Santa

“Oh! ¡Di-s mio! Parece que ese hombre está rezando…” “¡Acaba de pronunciar la palabra Di-s, la escuché claramente!…


En los tiempos que corren, ver a una persona rezando es causa de alarma. Todos están a la expectativa de que se trate de un ataque terrorista, o por lo menos de un intento de suicidio.
La gente religiosa ha protestado largamente por este prejuicio y con justa razón. Quienes tienen el hábito de hablar con Di-s, no son para nada más violentos que el resto de la población.
Es interesante observar que en la tradición judía, la Plegaria es una actividad que posee claras connotaciones violentas. Nuestros Sabios nos señalan que la palabra Vaigash (“y él se acercó”) es empleada por la Torá para describir a una persona que se prepara para la batalla y también a quien se apresta a rezar. Es más, el uso de este vocablo implica una combinación de ambos: un acercamiento que incluye súplica y confrontación (como lo vemos en el caso del acercamiento de Iehudá a Iosef, en la Parshá).
Por supuesto que no estamos hablando de un tipo de violencia que es perpetrada con bombas y amenazas, sino de algo mucho más profundo, una violencia espiritual. La plegaria, en su forma real, es una confrontación entre el hombre y Di-s, y la confrontación entre nuestro profundo ser, que es imposible de manchar y que atesoramos en lo recóndito de nuestra alma y el “ser” en el que nos hemos convertido en el diario vivir. ¿Cuántas veces nos decimos durante el día: “¡Yo no soy así!”? Sentimos que poseemos un “yo” mejor, que no sucumbe ante las innumerables concesiones, grandes o pequeñas, que hacemos con las “realidades” del mundo. Pero… ¿dónde se encuentra este íntimo ser? ¿Cuándo podemos verlo?. ¿Está acaso fatalmente destinado a permanecer encerrado en alguna cavidad de nuestra alma, mudo y sin siquiera influir en nuestra rutina?
El momento de la Plegaria es, cuando abrimos esa puerta que encierra a nuestro “profundo ser” y lo liberamos, para que se confronte cara a cara con el “diario ser”, en el cuadrilátero de nuestro corazón.
La batalla que se lleva a cabo es siempre difícil, a veces indefinida, otras decepcionante. Pero mientras tenga lugar regularmente, sabremos que esa “chispa de Divinidad” que se encuentra en el núcleo de nuestra alma, está viva e intacta.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario