El deporte favorito

Algunos consideran a la cacería un deporte. Otros no lo entienden así. ¿Cuál es la perspectiva judía?

Hay ningún versículo en los Diez Mandamientos que diga: “No debes practicar la cacería”
De hecho, no figura un versículo similar en ninguna parte de la Biblia. Así que, ¿Que es lo no judío acerca de la cacería? De los billones de personas que han leído la Biblia, la gran mayoría recordará mucho más sus historias que sus mandamientos. Y es bastante obvio que, en un libro en el que cada letra es calculada meticulosamente, las historias que la Biblia elige contar están allí escritas por una razón específica. Para los principiantes, están los mensajes que se nos transmiten a través de de la descripción de sus héroes. Incluso un niño pequeño puede aprender lecciones sobre la hospitalidad de Abraham, o lecciones sobre el liderazgo de Moshé.
Luego están las lecciones que aprendemos de la gente mala: qué no hacer y como quién no ser. Dos personajes innobles que aparecen al comienzo de la Biblia son Nimrod y Esav. El nombre “Nimrod” significa “rebelión”, refiriéndose al hecho que fue él quien llevó a su generación a construir la Torre de Babel como muestra de rebeldía hacia Di-s. Nimrod es también el rey que arrojó a Abraham al horno ardiente. También, se lo identifica en el Talmud con el nombre de Amrafel, el rey contra quien guerreó Abraham para poder salvar a su sobrino Lot.

Es bastante interesante el hecho, que haya dos personas en toda la Biblia que son descritas como “cazadores”.
Han adivinado de quienes se trata: Nimrod y Esav.
Nimrod es descrito en Génesis 10:9: “Él fue un poderoso cazador frente a Di-s; por ello está dicho: “Como Nimrod, un poderoso cazador frente a Di-s”. Esav es descrito en contraste a su hermano Iaakov en Génesis 25:27: “Y los jóvenes crecieron, y Esav era un hombre conocedor de la caza, un hombre de campo, mientras que Iaakov era un hombre inocente, morador en las tiendas”

¿Qué es lo que esto te dice sobre la actitud judía frente a la cacería?
Por supuesto, la ley judía permite faenar animales para comerlos, o para utilizar su cuero como ropa o para cualquier otra necesidad. Pero esto, no debe hacerse con una actitud cruel, como se ilustra en la siguiente historia
Talmúdica: Un becerro estaba siendo llevado al matarife, cuando se escapó y se escondió bajo las ropas de Rabí Iehudá el Príncipe (Rabí Iehudá Hanasí) llorando. “Ve”, le dijo Rabí (conocido con este nombre en el Talmud), “ya que para eso has sido creado”. Sobre esto, dijeron (en los Cielos), “Siendo que no ha tenido lástima, le acaecerá un sufrimiento” (Y subsecuentemente sufrió de dolores físicos durante trece años).

Y (el sufrimiento) se fue de la misma manera. ¿Cómo? Un día, la sirvienta de Rabí estaba barriendo la casa; (viendo) algunas comadrejas que estaban allí, comenzó a barrerlas. “Déjalas allí”, le dijo Rabí, “Está escrito (Salmos 145:9) criaturas”. Dijeron (en los Cielos): “Siendo que ha tenido compasión, seamos compasivos con él” (A partir de ese momento, sus dolores se disiparon) Más allá de eso, la ley Judía prohibe causar dolores innecesarios a los animales. Esto se aprende del mandato en Deuteronomio (22:4) “No verás al burro de tu hermano o a su buey caídos (bajo su peso) en el camino e ignorarlos”. Aquí, la Tora requiere de cada judío que ayude a levantar al animal sobrecargado lo más rápido posible, incluso si el animal le pertenece a una persona malvada. De manera similar, la faena Kasher es hecha de manera que cause al animal el menor dolor posible.
Si uno caza y deja a su presa retorciéndose de dolor, o mutilado por el resto de su vida, está transgrediendo claramente este código moral. Uno puede argumentar, no obstante, que la regla arriba menciona no se aplica en el caso en el que uno mata a un animal y rápidamente lo saca de su dolor. Hay otro valor judío en el que este deporte iría en contra: las leyes de conservación. Cada cosa en este mundo tiene un “alma”, una chispa Divina, o algo que lo anima hasta que alcanza la meta para la que fue creado. Si un ser humano tiene necesidad de otra creación, entonces el animal y al reino vegetal están contribuyendo a la misión del hombre en este mundo. Si uno caza para utilizar las pieles de los animales para usos beneficiosos para el ser humano, entonces dicho propósito es alcanzado. De manera similar, si el animales utilizado para investigaciones médicas, también puede estar justificado. Pero si uno mata animales como deporte, entonces está privando de manera cruel al animal de poder realizar su máximo potencial.

El Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria, se refirió a la crueldad de la cacería en su charla el 31 de Enero de 1972. Él contó la historia de su predecesor, el sexto Rebe de Jabad, Rabí losef Itzjak Schneersohn, en la cual él fue reprendido por su padre cuando sin pensarlo, arrancó una hoja de un árbol, ilustrando que esta idea se aplica a arruinar descuidadamente el reino vegetal también.
Esta aversión a la cacería es expresada en otra enseñanza del Talmud. El libro de Salmos, comienza con el versículo “Las alabanzas del hombre son que no siguió el consejo del malvado, y que no se paró en el camino de los pecadores, ni se sentó en compañía de los burladores”.
El Talmud establece que “ni se paró en camino de los pecadores” se refiere a uno que no ha participado de Kenigion”. RabíShlomo Itzjaki, el comentarista más conocido del Talmud (conocido como Rashi), explica que “Kenigion” se refiere a “la caza de animales, usando perros, y todo su intento es jugar y divertirse”.
De acuerdo a eso, es una regla en el Código de la Ley Judía que “está prohibido cazar con perros, porque esto constituye “la compañía de los burladores”. Ya sea porque se encuentra involucrada una prohibición, o porque va en contra de la moral y los valores enseñados en la Tora, la cacería no es un buen deporte para un niño judío o para una niña. Intenten mejor con fútbol o tenis.

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