Agua, agua, agua

Tres veces en el curso de la historia encontramos a la tierra sumergida en agua…

Originalmente, el mundo fue creado como “agua envuelta en agua”. Fue recién en el tercer día cuando Di-s ordenó: “Que las aguas se reúnan en un único lugar, y que aparezca la tierra seca”.El agua cubrió nuevamente la tierra en la época de Noaj. “El Diluvio fue sobre la tierra…, las aguas predominaron excesivamente sobre la tierra, y todas las altas montañas fueron sumergidas”.Finalmente, el profeta Isaías promete un mundo futuro cubierto de agua, si bien agua de una consistencia metafórica. Un mundo en el que “El lobo morará con el cordero, y el leopardo yacerá con el niño… Ellos no lastimarán ni destruirán en toda Mi montaña santa, pues la tierra se colmará del conocimiento de Di-s tal como las aguas cubren el mar”.

Una Versión Anterior

El primer “diluvio” fue obviamente una condición deseable y positiva, siendo el estado en el que Di-s eligió crear Su mundo’. Lo mismo se aplica al tercer “diluvio”, que es el declarado objetivo de la Creación.El segundo diluvio, en contraste, parece un suceso totalmente negativo.El hombre ha corrompido su conducta, ocasionando que Di-s Se “lamente” de Su creación. “Traeré una inundación sobre la tierra”, dijo a Noaj, el único hombre justo de la generación, “para destruir toda carne” y comenzar Mi mundo nuevamente contigo y tu familia.Pero éste es apenas el significado superficial de la narración del Diluvio de Noaj por parte de la Torá.

Nuestros Sabios nos cuentan que la Torá precedió a la creación del mundo en “dos mil años”. Esto significa que al tiempo que la Torá se relaciona directamente con la existencia física, rememorando sucesos históricos e instruyendo el comportamiento social e individual, existe también en un nivel de pre-creación, uno en el que describe las realidades espirituales que son los “ancestros” de nuestra existencia de post-creación.Obviamente, ésta no es una anterioridad en términos de tiempo, pues el tiempo físico mismo es un fenómeno creado; más bien, la Torá precede a la creación (y al tiempo mismo) en el sentido conceptual, corporizando los principios y conceptos que dan origen a las leyes y sucesos que dan forma a la existencia física.

De modo que cuando la Torá nos ordena que fabriquemos tefilín físicos con cuero físico y que los atemos sobre nuestros brazos físicos, también está describiendo un “tefillu” espiritual-conceptual, hecho de “cuero” espiritual-conceptual, que ha de ser amarrado sobre un “brazo” espiritual-conceptual.Y cuando nos cuenta acerca del Noaj histórico que construyó un Arca de madera que flotó sobre las aguas físicas del diluvio, también describe un “suceso” en la historia espiritualmente atemporal que se oculta detrás de la historia temporal que experimentamos.De hecho, todo lo que hacemos y experimentamos es una concreción del plano maestro espiritual de la realidad, bosquejado en la dimensión pre-creación de la Torá. En palabras de Rabí Menajem Azaná de Fano, un cabalista del siglo XVI: “La Torá esencialmente analiza la realidad supernal, y por su intermedio alude a nuestra realidad material”.

Esto es lo que pretendemos cuando expresamos que la Torá viene a nosotros “desde el cielo” (“Vosotros habéis visto cómo Yo os he hablado desde el cielo”; “Desde el cielo, El hizo oír Su voz” 7)La Torá se origina como una proclama íntegramente espiritual. La “entrega” de la Torá por parte de Di-s significa que El tradujo Sus concepciones supremas en un documento inteligible a, y aplicable por, nuestro ser físico.La diferencia entre las “versiones” de pre-creación y post-creación de la Torá radica no solamente en el hecho de que la primera es espiritual y la segunda física, sino también en la ausencia de cualquier cosa negativa en el elemento pre-creación de la Torá.La Torá, tal como nosotros la estudiamos y aplicamos, trata también el lado oscuro de la vida: incluye registros de la inmoralidad y crueldad del hombre y encuentra necesario enseñarnos cómo librar la guerra y cómo castigar a los criminales.Pero, como proclama el salmista, “ningún mal reside contigo”; Di-s, y todo lo que emana de El, es total y absolutamente bueno.Toda maldad y negatividad que podamos experimentar es resultado del auto-ocultamiento Divino, o tzimtzum, que Di-s produjo para crear un mundo, oscureciendo Su verdad que lo satura todo de modo que la realidad creada sea capaz de percibirse a sí misma como algo distinto, aparte, de su Creador. De hecho, el término hebreo para mundo, olam, significa literalmente “ocultamiento : es el auto-ocultamiento de Di-s que da origen a una realidad poblada de creaciones poseedoras de un ego e identidad.Sin la oscurecedora máscara de la Creación, todo se vería absolutamente sumergido dentro de la infinita y todo-saturante realidad de Di-s.Así, cada palabra de la Torá, habiendo precedido a la Creación, es una palabra de bondad y positivismo in adulterado.

Si hay alguna cosa negativa en el relato de la Torá, sea Adam comiendo del fruto del Arbol del Conocimiento, o de la esclavitud a la que el Faraón sometiera a los Hijos de Israel, ésta es exclusivamente producto de la traducción de estos sucesos’ en la realidad post – tzimtzum.La enseñanza jasídica ofrece la metáfora de un padre castigando a su hijo. Visto superficialmente, éste es un suceso doloroso y negativo; con todo, surge del amor del padre por su hijo; de hecho, “quien esconde su vara, odia a su hijo”, al carecer de interés por el desarrollo moral de su hijo.De no ser por el comportamiento negativo del niño, el amor del padre se expresaría sólo de maneras positivas; únicamente en razón de los equívocos del niño este amor ha asumido una forma que es percibida por aquél como negativa.Análogamente, el “ocultamiento” del estado físico puede traducir ciertas influencias Divinas sobre nuestra existencia en sucesos negativos según nuestra percepción.Superficialmente visto, el diluvio de Noaj es un suceso negativo. En esencia, es la continuación del “diluvio” que le precedió, el que constituyó el estado inicial de la Creación de Di-s  , y que es precursor del “diluvio” que le seguirá, la inmersión mesiánica del mundo en “el conocimiento de Di-s”.

La inmersión individual

El hombre, dicen nuestros Sabios, es un universo en miniatura. De modo que para comprender el significado espiritual de las tres inmersiones de la tierra debemos examinar primero el significado de la inmersión a nivel individual.Las inmersiones históricas de la tierra en agua tienen su contraparte en la inmersión del individuo en la míkvé, la piscina de agua naturalmente reunida que la Torá prescribe para quien se ha vuelto ritualmente impuro.De hecho, el maestro jasídico Rabí Shneur Zalman de Liadí ve el diluvio de Noaj como una mikvé cósmica en la que el mundo fue sumergido para purificarse de su corrupción, correspondiéndose los 40 días de lluvia que inundaron la tierra con los 40 seá 12 de las espiritualmente purificadoras aguas de la mikve .Aquí, también, se aplica la analogía de agua / conocimiento de Isaías. La inmersión física en las aguas de la mikvé refleja la inmersión personal espiritual del hombre o la mujer en las “aguas” de la conciencia Divina. Como lo describe Maimónides en la conclusión de su análisis de las leyes de mikve: “Está claro y es obvio que las leyes de la impureza y purificación rituales son decretos Divinos que la mente humana no puede concebir; estos caen bajo la categoría de jukím (estatutos suprarracionales)… pues la impureza ritual no es una mancha o suciedad física que pueda ser removida por el agua… “No obstante, hay un significado alegórico (en la inmersión): tal como uno, cuya intención del corazón es verse purificado, y al sumergirse en la mikvé se vuelve puro pese a que nada sobre su cuerpo ha cambiado, así también, aquél cuya intención del corazón es purificar su alma de las impurezas de ésta esto es, pensamientos perversos y características negativas- no bien resuelve en su corazón rechazar estas conductas y sumerge su alma en las aguas del conocimiento, es purificado”

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