¿Qué nos da el derecho de matar animales?

Una discusión con Tzvi Freeman

Estimado Rabino Freeman:

Nuestra Torá condona, y de hecho incentiva, matar a los animales y comer su carne. Incluso es un mandamiento sacrificar animales para Di-s.¿No iría en contra de nuestra fe?
Susan G

Tzvi Freeman: Debes entender la perspectiva de la vida de la Torá, y el propósito de la vida, y el lugar que toma cada creación de Di-s y cuál es su propósito…

Susan: No caracterizamos a los animales. Y muchas veces somos crueles con ellos. De los hombres, uno espera el bien y el mal. De Di-s yo esperé, en pasado, solo bien. Hasta que hace mucho tiempo, estudié sobre los sacrificios de los animales. ¿Di-s en verdad los quiere? ¿No le importa el temor inocente del animal, la faena y la sangre en Su altar?
Así que he estado muy distante de Di-s hace mucho tiempo. Al mismo tiempo, nunca he perdido mi nostalgia hacia Él. Mi anhelo hacia un Di-s que ama a cada uno de Sus criaturas, y que no quiere hacerlas sufrir. No hay momentos que valgan la pena el dolor o el temor, si pueden evitarse.

Tzvi Freeman: Volvamos hacia atrás un minuto: ¿Cómo es que has estado tan enamorada de Di-s, hasta que descubriste sobre los sacrificios en el Templo? ¿No sabías que los leones comen a las cebras, las chitas comen a los antílopes, los tigres comen lo primero que encuentran para matar? Y la mayoría de las veces, aquellos matados son los pobres jóvenes, o mayores y enfermos. ¿Así que quién creó esas criaturas y este orden natural? ¿Qué hace que los sacrificios en el Templo sean más crueles?
En verdad, la crueldad de la selva, es sólo a nuestros ojos. Para los animales no existe. Como le dijo la rana al Rey David (Midrash, Perek Shira): “Tengo una Miztvá mucho más grande que la tuya. Ya que hay un pájaro que vive en pantanos y con hambre. Y yo sacrifico mi vida para nutrirla”.
Para los animales, ser comidos es ser transformados, de un ser a otro en un ciclo infinito de metamorfosis. Las hojas se convierten en una paloma, la paloma en un puma, o en un ser humano, el puma o el ser humano vuelve al polvo y se nutre de los árboles que producen hojas. Y ese es su cumplimiento, la Mitzvá de la vida.
La Torá agrega otra dimensión, una dimensión sobrenatural al orden de la naturaleza: El pasto se transforma en vaca, la vaca en un ser humano, y el ser humano realiza actos Divinos y es insertado en el mundo de la Divinidad. Más aún, la vaca puede entrar directamente al mundo de la Divinidad, al ser consumida por el fuego del alta y luego nutrir a los ángeles arriba, de acuerdo a la Kabalá, al sacrificarse en el Templo. Y luego, estos seres angelicales, responden al volver a la vida y a la Divinidad a todas las vacas en este mundo.
Sin embargo, Susan, tu escándalo es apropiado. Y es parte de la paradoja de ser un judío: Amamos a Di-s y a la vez nos enojamos. Y eso es parte de lo que Él espera de nosotros.

Esto precisa de una historia para explicarse:
El Talmud Babilónico, Baba Metzia 85a: Rabí Iehudá Hanasí era un perfecto Tzadik, y aún así sufría de muchos dolores. ¿Cómo comenzó? A través de un acto que él realizó. Estaba caminando en el mercado cuando vio que llevaban a un becerro a ser faenado, y el becerro se escondió bajo su abrigo. Él le dijo al becerro: “Ve. Ya que para eso has sido creado”. Y ahí fue cuando comenzó su sufrimiento.
Y finalizó con otro acto. Su sirvienta estaba limpiando el piso y encontró un nido de comadrejas debajo de una tabla. Comenzó a barrerlo, y él la frenó. “Está escrito, dijo, que Su compasión está sobre toda Su obra”. Y ahí, su sufrimiento cesó.
Podemos no entenderlo, ya que el no entender nos permite tener compasión.
El Baal Shem Tov, en los años en el que era un místico oculto, solía ganarse la vida faenando pollos y res para las comunidades Judías antes de las Festividades. Cuando dejó esta ocupación, un nuevo matarife tomó su lugar. Un día, un ayudante gentil de uno de los campesinos judíos trajo un pollo a este nuevo matarife. Cuando el hombre comenzó a afilar su cuchillo, el gentil miró y comenzó a reirse: “¡Mojas tu cuchillo antes de afilarlo!”, exclamó, “¿Y luego cortas?”
“¿Y cómo si no?”, le preguntó el matarife.
“Isrolik (El Baal Shem Tov), solía llorar hasta que tenía suficientes lágrimas para mojar su cuchillo. Y luego lloraba mientras lo afilaba. ¡Solo así cortaba!”
La Torá nos ordena no causar sufrimiento innecesario a ninguna criatura. No deben hacerse distinciones, si el ser es una vaca, o un lagarto o una mosca. Rabí Shalom DovBer de Lubavitch una vez reprendió a su hijo por romper una hoja de un árbol, diciendo: “¿Qué te hice pensar que el “yo” de esta hoja es menos que tu propio “yo”?
Incluso cuando es necesario terminar con la vida de otro, hay reglas. Una persona con la mente vacía, enseñan los Sabios, no debería comer carne. También dicen que no debemos comer carne para saciar nuestra hambre, ya que el hambre se sacia con pan. Una persona que come carne sólo por placer y para llenar su estómago, degrada tanto al animal como a él mismo. Pero si come “con conciencia”, come para aprovechar las energías del animal para bien; entonces el comer eleva al animal a un nuevo reino, entonces se transforma en una nueva forma de conectarse con lo Divino y de elevar nuestro universo.

Y para lo ángeles y su parte en el trato: “Una vez que el Templo fue destruido”, el Talmud dice, “la mesa de cada hombre expía por él”: Tu mesa es un altar. Los ángeles están invitados. Come con humildad y con compasión y con conciencia. Haz tu parte en el ciclo Divino de la vida.

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