¿Qué hay de malo en la idolatría?

Con tal de que no hiera a nadie, ¿qué es tan terrible?…

RESPUESTA:
Hay muchas maneras de contestar esto, pero tomemos una perspectiva histórica. Los historiadores están de acuerdo con que nuestras normas de ética actual derivan de la ética judía. Sí, los griegos nos dieron las ciencias naturales, filosofía y arte; los romanos nos dejaron la estructura gubernamental y la ingeniería; de los Persas tenemos poesía y astronomía; de los chinos, papel, la impresión, la pólvora, acupuntura y más filosofía, y así sucesivamente. Pero el hecho histórico es que todas esas culturas (y todo lo no mencionado) sostuvieron e incluso glorificaron actitudes y conductas que hoy encontramos detestables universalmente. Hoy, el asesinar a uno de sus infantes no deseados, la práctica del abuso de menores, colocar seres humanos para que se maten por deporte, ignorar los derechos de aquellos que están por debajo nuestro en la escala social y negarse a reconocer alguna responsabilidad social por los pobres y enfermos, y no poder esperar para correr a guerrear contra la nación más próxima a la nuestra, nos convierte en bárbaros. Podríamos haber sido ciudadanos maravillosos de Atenas o Roma, pero hoy, ningún club nos inscribiría.
¿De dónde vinieron esos valores? Existe sólo una fuente a la que los historiadores pueden apuntar: la Torá. Y lo mismo por la educación universal y el ideal de paz mundial.

Esto le da a cualquier estudioso un sustancioso problema para resolver. La historia generalmente se ve como un bosque salvaje y diverso dónde una cosa crece de otra. Las semillas caen y brotan. Los árboles echan ramas y florecen, después caen y se constituyen en alimento para los hongos que salieron de su madera. Toda la vegetación y criaturas del bosque comparten el mismo aire, agua y tierra y ninguna criatura existe sola. Así también, una civilización se levanta del barro, echa ramas, y cae volviéndose suelo fértil conectada a la próxima. Las ideas se mueven en una metamorfosis perpetua atravesando los filtros de culturas variantes. Cualquier cosa es, era y eventualmente será en el futuro.
Todos, salvo los judíos. Completamente fuera de contexto, con una ética que hace que cada nación los llame locos y absurdos, siempre radicales, siempre fuera de alcance. Definitivamente no son parte de ese bosque. Y finalmente, su ética triunfa.
Debe existir alguna explicación. En primer lugar, ¿de dónde sacaron estas ideas raras? Decir que el Di-s Omnipotente los sacó de esclavitud y se las dictó, no es convincente. Es verdad, pero no alcanza. Porque los seres humanos sólo pueden oír lo que ya saben. Tuvo que haber allí algo de antes.
La clásica respuesta es que, había una vez un hombre llamado Abraham, de Ur Casdim- cuna original de la civilización. Él propuso esta norma a través de su propio genio de inconformista. Claro, ser ingenioso, valiente y disidente no era suficiente. Su tarea también exigía tenacidad y convicción para erigir una generación que continuara esta idea, que nade contra el viento y marea de la sociedad dominante. Y entonces, después de muchas generaciones, esta ética se ha transformado en la columna vertebral más poderosa de una sociedad sustentable.
Díganme, ¿cualquier estudioso racional cree realmente semejante planteo?
De hecho, la versión apoyada por el Talmud y que describió en detalle el Rambam (Maimonides) es más creíble:
La ética que Abraham presentó al mundo estuvo allí desde el principio. La humanidad sabía originalmente que cada persona fue creada a la imagen Divina. Esa vida era el propósito. Que el mundo era la obra de una entidad Superna que deseó que cuidemos de él y nos juzgaría de acuerdo a ello. Incluso en la época de Abraham, existieron individuos que predicaron esto a sus discípulos, como una tradición de Adám, a través de Metushelaj (Matusalem) y Noaj.
Pero estamos hablando de seres humanos. Precisamente debido a esa chispa Divina dentro de él, el humano es una criatura salvaje y loca que busca el enfoque más raro de la vida, listo y capaz de hacer algo. Así que la sociedad humana abandonó la norma original de Adám por “algo que los hiciera sentir bien”. La Ley se volvió nada más que en una manera en la que un rey pudiera gobernar a sus súbditos. La ética se convirtió en nada más que una costumbre que hacía sentir cómodas a un grupo de personas. La única medida de valor de una vida humana era el grado de poder que un humano poseía. Y el mundo se entendía como un lugar sin valor.
Abraham no tenía que empezar desde el principio con la humanidad. Él sólo tenía que rescatar esa ética original. Pero él también re-descubrió -y esto lo hizo solo- la base que hizo que esa ética fuera sustentable: El monoteísmo. Más específicamente: providencia monoteísta. Es decir: Cada adulto y niño deben saber hay un solo Creador de todas las cosas, que Se preocupa por lo que están haciendo con Su mundo.
¿Por qué el monoteísmo y providencia son tan esenciales? De nuevo, volvamos atrás a la historia, según las fuentes judías tradicionales:
Los predecesores de Abraham también habían conocido al único Di-s, el creador del cielo y la tierra. Pero entendían que Di-s era demasiado sublime y trascendente como para ocuparse de este mundo terrenal y sus criaturas. Entonces empezaron a quitar poco a poco de Su providencia, afirmando que a poderes menores, de Su designación, se les había concedido una porción de dominio. Fueron tan lejos como para construir templos dónde focalizaron sus mentes hacia la dinámica de estas fuerzas, logrando alturas espirituales y poderes místicos. Eventualmente, la sabiduría dio lugar al charlatanismo, cuando sacerdotes decían a las masas que una cierta estrella o dios o diosa les habían hablado, ordenándoles que los sirvieran de una u otra manera. Los gobernantes descubrieron que una buena mezcla de conocimiento confidencial y mitología podría ser un instrumento de poder muy conveniente sobre el populacho; pues controlando el flujo de conocimiento podían mantener a la gente a través del temor y la obediencia.

Aquí es donde Abraham disintió. Él vio a través del orden establecido con su jerarquía de conocimiento y fuerza, y llegó a la conclusión que era la fuente de todo mal. Y vio la raíz de ello:Mientras que Di-s estuviera “fuera de allí” y todo lo demás se viera como apoyado en un plano descendiente cada vez más lejos de Su dominio, este mal continuaría.

Dentro de semejante paradigma, la vida humana pierde su valor esencial. El individuo ya no cuenta. Lo único que importa es cuán alto se encuentra uno en la balanza. No sólo los derechos humanos, sino también el adelanto de tecnología se detiene -por la necesidad de la clase gobernante de que las masas sigan trabajando. Todo el progreso es para fortalecer más al poderoso. La salud pública, el bienestar y la educación son las irracionalidades. Así que Abraham desafió esa jerarquía. Le enseñó a cada persona a clamar el nombre del único Di-s creador de los cielos y la tierra, que juzga los actos de todos los hombres por igual, desde el rey más importante hasta el más humilde de los siervos. Volviendo a poner al Di-s original nuevamente en el mundo, Abraham recreó a la “persona” -un ser humano que tiene valor sólo por estar en el mundo.
Dentro del antiguo paradigma, la ética no tiene ningún sustento. Si no le gusta lo que un dios exige de usted, usted irá en busca de otro dios que lo haga sentir más a su gusto. O usted sirve a estos dioses, engañándolos o sobornándolos, como ellos mismos están habituados a actuar entre sí. Después de todo, ninguno de ellos es supremo, ninguno es todo poderoso. Por consiguiente, cualquier cosa puede justificarse. Así que Abraham quebró los ídolos. Como hay sólo un Di-s que dirige todas las cosas, ya la moralidad no es más un valor relativo. La ética no es determinada por el flujo de conveniencia social, sino por Sus normas.
Sin la base de Abraham a la ética, la sociedad no tiene estabilidad. Cualquier institución podría sacudirse.

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