¿Cuándo llegará el Mashíaj?

SEIS DÍAS — SEIS MIL AÑOS
Nuestros Sabios describen en detalle los tres períodos antes mencionados, y revelan el orden Divino en cada uno de esos seis milenios.
De acuerdo con Najmánides, estos seis mil años reflejan los seis días de la Creación. Inclusive compara los sucesos de cada día y su correspondiente milenio (comentario sobre Génesis 2:3, véase también Rabeinu Bejaié sobre este versículo).
Además,en la enseñanza jasídica los seis días de la Creación y los seis mil años de existencia del mundo repre­sentan los seis atributos Divinos básicos: jésed, guevurá, tiféret, nétzaj, hod y iesod, (Véase, por ejemplo, Maamaréi Admur HaZakén — Perashiot, pág. 419 y ss.).

En el primer día de la Creación, brilló jésed (bondad); por lo tanto, ese día fue creada la luz infinita. Del mismo modo, los primeros mil años de historia fueron asimismo un período de jésed. La Divinidad abundaba, las personas vivían largamente y “eran alimentados por la bondad del Santo, bendito sea”.
El segundo día guevurá (rigor) se tomó activa, y de ello resultó la separación entre las aguas inferiores y las aguas superiores. A su vez, los segundos mil años después de la Creación fueron una era de severo juicio, cuyos puntos máximos fueron el gran Diluvio y el episodio de la Torre de Babel.
El tercer día, del que la Tora dice dos veces: “y fue bueno” (ibíd. 1:10, 12), tiféret (belleza) se manifestó y comenzó la perfección del universo: apareció la tierra firme y la vegetación comenzó a crecer. En concordancia, durante el tercer milenio comenzó a revelarse el propósito de la Creación a través del Éxodo de Egipto, la aparición del Pueblo Elegido, y la entrega de la Tora.
El cuarto día Di-s colocó dos grandes luces en los cielos y en el cuarto milenio, los dos Templos iluminaron el mundo.
En el quinto día las aguas se plagaron de criaturas vivientes y las aves volaban sobre la tierra, aludiendo al reinado de las naciones gentiles en el quinto milenio.
El sexto día Di-s completó el mundo al crear al hombre. Así, también, en el sexto milenio, el hombre perfecto y completo, el Mashíaj, será “creado” y revelado. En las pala­bras de Najmánides; “¡Este es el hijo de David, creado a imagen de Di-s!”
Preparar el mundo para la redención es, por lo tanto, la tarea del sexto milenio, en cuyo transcurso el Rey Mashíaj se revelará.

LAS PISADAS DEL MASHÍAJ
La última y más significativa parte del sexto milenio se denomina ikvetá dimeshijá: “las pisadas del Mashíaj”. El término indica dos extremos: ikvetá, de la raíz ékev (talón), la más inferior y menos sensitiva parte del cuerpo; e ikvetá dimeshijá, cuando las excelsas pisadas del Mashíaj ya son evidentes (Sijot [5744] “5o”).
Este período involucra dos procesos contradictorios. Aunque comienza la preparación para la redención, es un momento por demás difícil, marcado por la degeneración moral y espiritual y por calamidades terribles.
El Zohar explica que la Shejiná (Presencia Divina) gra­dualmente “surgirá del polvo” en el sexto milenio. En­tonces, “En el sexto siglo se abrirán las puertas de la sabiduría en lo alto y las fuentes de la sabiduría abajo, y el universo será perfeccionado a fin de ingresar al séptimo milenio” (Zaharí, Vaierá, 117a).

SEÑALES

Por otra parte, el tiempo de ikvetá dimeshijá está marca­do por la decadencia moral, social, económica y guberna­mental, menos estudio de la Tora, más herejía, y tanta catástrofe y desesperación que algunos amoraim abrigaban la esperanza de no vivir para verla. Los Sabios describieron estas señales (véase antes, “Este Período del Mashiaj”, pág. 14) de modo que podamos reconocerlas como los dolores de parto del Mashíaj y no desesperemos. Y en efecto, cuan­do examinamos los acontecimientos mundiales, en particu­lar en las décadas recientes, no cabe duda de que todas estas señales se han concretado más plenamente que en cual­quier generación anterior. No hay duda de que ha llegado ikvetá dimeshijá.
De hecho, ikvetá dimeshijá está llegando a su fin. A juzgar por los acontecimientos que tienen lugar en el pueblo judío y en el mundo, el Lubavitcher Rebe destacó que la preparación para la Geulá es completa, y que todo lo que debemos hacer ahora es “recibir al justo Mashíaj concretamente, para que él pueda cumplir su misión: redimir a todo el pueblo judío del exilio”

CALCULANDO EL TIEMPO
La fecha de la redención permanece oculta. Porque Iaacov quiso revelarla, la Presencia Divina se apartó de él (Talmud, Pesajím 56a; explicado en Likutéi Sijot, vol. 20, pág, 228). Como lo afirma el Talmud: Expire el espíritu de los que calculan la llegada del Mashíaj” (Sanhedrín 97b; véase también Derej Eréis Raba, secc. 11). Y como dictam­ina Maimónides: “...no se debe tratar de determinar el tiempo de la llegada del Mashíaj” (Leyes de Reyes 12:2).
Algunos explican que si esta fecha nos fuera revelada, no la apresuraríamos mediante nuestro mérito, ni podríamos inspirarnos para prepararnos para el Mashíaj antes de ese tiempo. Así, la fecha de la gueulá no nos ha sido revelada de modo que cada día, cada hora, cada minuto, esperemos al Mashíaj, considerando su llegada no como un aconte­cimiento distante e inevitable, sino como algo que puede suceder en cualquier instante. En un nivel más profundo (Sefer HaSijot 5750, vol. II, pág. 398), retener esa fecha entrelaza galut con gueulá, porque aun mientras estamos en tiempos de galut podemos “vivir con la redención” —es decir, vivir ahora en el espíritu de la era de la redención— y estar preparados para su llegada concreta.

APRESURAR AL MASHÍAJ

¿Cuándo llegará la redención? El Talmud contesta: “Si son merecedores ‘Yo la apresuraré” [Isaías 60:22]; caso con­trario, ‘a su tiempo’ [ibíd.J" (Sanhedrín 98a). De modo que es evidente que existe una fecha final para la gueulá, cuando el Mashíaj llegará aunque la generación no sea merecedora. Pero podemos apresurar su llegada si nos lo merecemos.
En realidad, la redención pudo haber ocurrido muchos años atrás. Como dice Rav, para traer al Mashíaj el pueblo judío sólo precisa arrepentirse (Talmud, Sanhedrín 97b). Así, inclusive en la época de los amoraím podría haber venido el Mashíaj, de no ser por las numerosas transgre­siones de los judíos (ibíd.). Por lo tanto, dado el actual incre­mento del estudio y la observancia de la Tora - — y los grandes sacrificios hechos por las generaciones anteriores — es más fácil que nunca traer al Mashíaj.

DEPENDE DE NOSOTROS

La conciencia de que con creer y esperar pasivamente no basta es un aspecto fundamental; antes bien, todos y cada uno pueden apresurar [agüenla a través de Tora y mitzvot. Esta es una de las razones por las que Di-s no nos ha reve­lado el momento de la redención. No debemos considerar­lo un "libro cerrado", sino que, por el contrario, cada uno tic nosotros debe hacer todo lo posible para apresurar la lle­gada de la gueulá.
Entre las mitzvot conducentes a la redención son:
1.Caridad (véase Bavá Batrá 10a, explicado en Tania, . 37).
2.Arrepentimiento, como señala Maimónides "..,1a Tora ha prometido que Israel se arrepentirá al fin de [su] exilió será inmediatamente redimido” (Leyes de Teshuvá
3.Aguardar y orar por la redención, como Ialkut Shimoní sobre Eijá explica: “Hay una generación que aguarda Mi remo, y [esta gente] será inmediatamente redi­mida”.
4. Fortalecimiento de la fe, porque los judíos fueron re­dimidos de Egipto en virtud de su fe.
5. Armonía entre judíos.
6. Amor desinteresado entre los judíos, una rectificación del odio gratuito que causó el exilio.
7. Estudio místico (véase Raaiá Mehemná, “Naso”).
8. Estudio de mishnaiot {véase Vaityrá Raba 7:3).
9. Tener hijos, porque “el hijo de David sólo vendrá cuando todas las almas en el tesoro Celestial hayan sido entregadas” (Talmud, íevamot 62a).
Se debe cumplir estas mitzvot con la intención de traer la redención. Como se afirma en Séfer HaBnt (9:16), cada judío debe luchar para que nuestro Padre celestial gobierne el universo, y nuestras mitzvot deben ser con la única inten­ción de redimir a DÍ-s y a Su Sheiiná de galut.
Aunque los intentos de “forzar” la redención medíante el ofrecimiento de sacrificios o interesarse superficialmente por la Cabala práctica son peligrosos y contraproducentes, el estudio y la observancia de la Tora, el arrepentimiento y el pedido de gueulá son esenciales. Como dijo Rabí Shlomó de Karlín: “Cada judío debe asegurarse que tiene una parte en el Mashíaj” (Beií Aharón Karlín, “Koraj”).

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