Las arenas de Abraham

Tomemos un paseo en la playa y sintamos la arena bajo nuestros pies…

Unámonos a una caravana en su curso a través del desierto, viajando a través de las dunas. Fustigados y arremolinados por el viento, avanzan insectos que han tenido éxito en picarnos, sucedidos por mil más. Incluso cuando está todo tranquilo, la arena entra en la ropa, se atasca en la piel; se siente que todo se diseca, y una sed infinita.

Hagamos un castillo de arena, esa fortaleza de nuestros sueños. Partículas sueltas, sin que haya una relación clara entre ellas, se mantienen unidas por aquello que las disuelve, y desune el eslabón molecular. Agua y arena. Demasiado poco agua – o nada en absoluto – y la fusión de granos no tiene conexión uno con otro. Demasiado poco agua – o nada en absoluto – y las arenas soplan lejos, cada grano solo e indiferente – una mancha perdida en la inmensidad, aunque rodeada y sostenida por la propia multitud innumerable de la arena.

Agua y arena. Demasiada agua – si puede haber demasiada agua – e incluso lo microscópico deja de existir. Un acto vacilante, agua y arena. La arena en el agua debe revolverse, para que no se establezca fuera, precipitado – en la inestabilidad individual. Pero la mezcla correcta hace que la arena quede suspendida.

Agua y arena. Permita ahora que haya más arena que agua, el agua penetrará, y saturará. Permítale infiltrarse y destilarse, mientras liga a los granos entre sí. Permita que el agua se adhiera a la arena. Entonces podremos construir ese castillo. Frágil, sí, incluso por el roce de un niño esos torreones pueden voltearse. Pero es un testamento no obstante al soportar. ¿Acaso un castillo de arena no es sino un manifiesto de visión? Allí, en esa torre está el vigía, el portal, el foso, y el sueño se torna real. Y sólo allí, mientras esté de pie, es real.

Es una paradoja. De la arena proviene el vidrio. El vidrio nos protege del mundo y nos permite participar de él.

Arenael símbolo de tiempo y eternidad. Un reloj está lleno de arena. Los granos se resbalan uno por uno, mientras marcan el paso de los segundos uno por uno. Cuando la arena corre, el tiempo corre. Pero entonces – una paradoja – nosotros volteamos el vidrio y nos obtenemos otra hora. Y así sucesivamente, hora tras hora, las arenas resbalan y retornan.

Cuando pensamos en inmensidad, donde las personas judías se encontraron con Di-s – pensamos en arena.

Arena – el polvo de la tierra lavado, limpio, purificado.

Haré que tu descendencia sea como el polvo de la tierra, de modo que si alguien pudiera contar (todos los granos de) polvo de la tierra, también tu descendencia podría ser contada”.

El agua es Torá. Y los judíos – son las arenas de Abraham.

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