La Torá oral y la Torá escrita

Así como Hashem Mismo no cambia, la Torá, Su testimonio eterno, no puede ser modificado…

La segunda parte de la Torá es la Torá Oral, llamada Torá she baal pé. Comprende las enseñanzas e interpretaciones comunicadas a Moshé en forma oral como suplemento y explicación de la Torá escrita. Sin embargo, a diferencia de la Torá she bijtav (Torá Escrita) que, por definición fue transmitida siempre en forma escrita, la Torá Oral se transmitió oralmente de generación en generación de forma continua hasta que fue finalmente transcripta por escrito. Este proceso de transferencia oral es conocido con el nombre de mesorá y su finalidad consistió en conceder a los judíos más tiempo para examinarla detalladamente junto a otros judíos, contando con la ayuda de un experto para explicarla en los términos correctos.
Fue sólo cuando la Torá Oral corrió el riesgo de terminar olvidada a causa de las condiciones adversas que debió soportar el pueblo judío, que Rabí lehuda Ha-Nasí comenzó a ordenarla por escrito. Resultado de sus esfuerzos fueron los seis tomos de la Mishná, completados cerca del año 3948 (188 de la Era Común). Sucesivos rabinos le añadieron comentarios y explicaciones que se conocen como la Guemará. Los dos textos en conjunto se conocen como el Talmud. Hay dos versiones del Talmud: el Talmud Bavli (Talmud Babilónico) compilado por Rav Ashi en Babilonia y el Talmud lerushalmi, compilado por Rabí lojanán en Eretz Israel. Aquellos que han ahondado en el estudio del Talmud saben que es un compendio único en su tipo de preceptos prácticos, discusiones filosóficas, argumentación lógica e historias llenas de contenido moral. No es de extrañar que el Talmud haya maravillado a sabios de todos los siglos y haya sido considerado como soporte principal de la vida judía.
El Talmud declara que Hashem selló Su pacto con Israel para salvaguardar la Torá Oral, ya que la Torá Escrita sin las interpretaciones provistas por la Torá Oral es a menudo ininteligible. Los preceptos están en su mayor parte expresados de manera general y es la tradición oral la que provee los detalles necesarios para la observancia correcta. Por ejemplo, la Torá Escrita expresa que los tefilín deben ser usados en el brazo y la frente. Sin embargo, no se hace mención alguna de su contenido o su aspecto. Es la Ley Oral la que da información sobre ellos y nos habla acerca de su significado. La tradición oral es la que nos permite llegar al verdadero significado de los preceptos Divinos. Entonces, observamos que la clave para entender la Torá reside en la tradición oral transmitida desde los tiempos de Moshé y encarnada en el Talmud y el Midrash.

La Torá es Eterna

Del mismo modo que Di-s es eterno, así también lo es la Torá. La creencia en la autoridad eterna de la Torá constituye el fundamento de nuestra fe. Así leemos en ella: “Las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre”.
Así como Hashem Mismo no cambia, así la Torá, Su testimonio eterno, no puede ser cambiado.
El pueblo judío conservó la Torá durante más de 3000 años porque ella alberga lo más recóndito y lo más elevado de la naturaleza humana. Sus principios pueden ocasionalmente parecer totalmente alejados de los valores en boga en la sociedad contemporánea, o simplemente irrelevantes en nuestra época. Sin embargo, mientras que los valores contemporáneos son de origen humano y efímeros, los de la Torá son Divinos y eternos.
Se cuenta que cuando el Rey Salomón, el gran genio de todos los tiempos, consideró que no le correspondía cumplir determinados preceptos, Di-s dijo:
“Miles iguales a Salomón morirán, pero no será cambiado ni un solo punto de la Torá”.

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario