La Sangre no se hace Agua

¿Cuánto tiempo puede permanecer un judío alejado de su esencia? ¿Qué necesita una chispa para volver a encenderse?…


En mi reciente viaje a Ucrania dónde mi familia fue a celebrar el cumpleaños Nº 80 de mi padre, encontré a Sasha, emisario del Lubavitcher Rebe y estudiante de mi padre. El trabajo de Sasha es visitar a los judíos en las puntas más remotas de Ucrania y reconectarlos con sus raíces. Él relató la siguiente historia: “Recibí recientemente una llamada telefónica extraña de una compañía minera que estaba excavando cerca de Anipoli, un pueblo pequeño en Ucrania occidental. Reclamaban haber descubierto lo que parecía ser una tumba masiva judía del Holocausto. Enseguida dejé todo lo que estaba haciendo y avisé a la Jevra Kadisha (Sociedad de Entierro judía) en Jerusalém que inmediatamente despachó una comisión de rabinos para confirmar esto y ayudar a organizar un entierro y monumento apropiados para estos mártires. Después de unas semanas, decidimos seguir con un Shabatón para los parientes, en honor a la memoria de las víctimas. Traje conmigo un grupo de muchachos de la Ieshivá de Kiev, comida kasher suficiente y una Arca portátil con una Torá. Resultó ser, de hecho, un Shabat muy conmovedor, incluso más allá de nuestros sueños“ Sasha explicó: “Entre las muchas personas que asistieron a este Shabatón, había un señor mayor que se negó a participar de cualquiera de los aspectos religiosos de nuestro programa. Durante los servicios de la tarde de Shabat, lo vi sentarse solo con su familia, en el otro lado del cuarto, sin una kipá. Lo llamé para darle a una aliá al la Torá (ser llamado a la Torá), y, como era de esperar, se negó. “Realmente no sé lo que me poseyó, pero tomé al hombre literalmente de su brazo y lo escolté a la bimá (lugar sobre el que se lee la Torá). Le pedí entonces su nombre hebreo. Él me dijo que no podía recordarlo, pero si ayudaba, su nombre ucraniano era Vasily. Lo llamé por ese nombre. Él dijo las bendiciones apropiadas con un poco de ayuda de mi parte. Así como empecé a hacer la oración de MiSheberaj (El que bendice) para él, noté que el hombre estaba llorando ingobernablemente. Le pregunté si algo estaba mal y él respondió con una voz ahogada que después de tantos años recordó su nombre hebreo de repente. Era Azriel, el nombre que su abuelo, el rabino del pueblo, le dio en su bris (circuncisión). “Usted sabe” dijo, “mi Zeide fue el primero en ser acribillado por esos Nazis asesinos. Lo recuerdo como hoy. Reunieron a nuestro pueblo entero en la plaza. Yo tenía entonces 12 años, antes de mi Bar Mitzvá. Tuve mucha suerte. Había bebido una botella de agua y me habían concedido permiso para dispensarme detrás de algunos árboles. Detrás de esos árboles, vi cómo ellos dispararon a todos. Nadie se salvó. Mi Zeide fue el primero, porque era el rabino. El resto de mi familia siguió. Después de que terminaron, quedé solo en este mundo, vagando a través de los bosques…” Después de la guerra, volví a mi ciudad natal pero desgraciadamente, sin comunidad judía, dejé mi herencia judía, estoy casado fuera de la fe y formé a una familia no-judía. Cuando oí hablar del descubrimiento de la tumba que más probablemente tiene a mi familia enterrada en ella, me envolvió un sentimiento increíble de anhelo a mi familia y mi pasado. Necesitaba hacer esa conexión una vez más. Estuve de acuerdo en asistir a su programa con los míos. El Shabat entero estuve luchando con mi pasado y mi identidad judía. ¿Quién soy? ¿Soy el judío de mi pasado o el ucraniano del presente? Entonces, cuando usted me llamó a la Torá y me pidió mi nombre judío, todo regresó a mí. Se abrieron las compuertas de mis recuerdos. Mi Zeide, mi nombre hebreo Azriel, y el Bar Mitzvá que preparé que pero nunca celebré, todos aparecieron delante de mi cara. Supe que pertenecía a mi pueblo” Sasha concluyó: “Dije entonces a ‘Azriel’ que debe considerar esta aliá como su Bar Mitzvá. “Ciertamente, su Zeide está muy orgulloso de usted hoy” le dije. Él me abrazó mientras lágrimas rodaban por sus mejillas. Pienso que eran lágrimas de inmensa alegría. “Ve” Sasha dijo “uno nunca debe menospreciar el alma de un judío, incluso uno que se ha marchado lejos durante muchos años. Necesitamos proporcionarle el fósforo. ¡La chispa ya está allí!” “A propósito,” le pregunté a Sasha cuando terminó su historia asombrosa. “¿Cuándo sucedió esta historia?” “Hace tres semanas“ “¿Estás seguro?” “Sí, claro. ¿Por qué pregunta?” Ahora era mi turno para llorar: “¡Mi primer nieto nació exactamente hace tres semanas y lo llamamos Biniomin Azriel!”

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